xoves, 28 de xuño de 2018

O PP galego sorprende cunha iniciativa que axilice a demanda contra os Franco por Meirás e acabe coa "ofensa"

Todo o grupo 'popular', incluído o presidente Feijóo, asina a proposta que quere acabar cunha "ofensa" aos galegos.

E.P.
http://www.galiciaconfidencial.com/

Grupo Parlamentario Popular rexistrou unha iniciativa urxente na Cámara galega para reclamar que o Estado inicie as accións legais pertinentes co fin de poder incorporar ao patrimonio público o Pazo de Meirás, en posesión dos herdeiros de Francisco Franco.
Pazo de Meirás
Pazo de Meirás | Fonte: Europa Press
Así, os populares galegos fixeron súas as conclusións da comisión de expertos nomeada, a instancias do Parlamento, por parte da Consellería de Cultura e que foi presentado o pasado luns. O documento recolle como posibilidade que a Administración do Estado realice unha acción reivindicatoria, presentando unha demanda civil, na que argumente que se trata dun ben demanial, isto é, que pola forza do uso —institucional— se trata dun edificio público.
iniciativa rexistrouse de forma urxente co propósito de que se poida debater na próxima sesión plenaria, tendo en conta que o mes de xullo é hábil no Parlamento galego. Na proposta, ínstase á Xunta a "remitir urxentemente á Administración Xeral do Estado o informe elaborado pola comisión de expertos", de forma que se realicen as accións legais que recomenda o documento para que este ben pase ao dominio público.
A proposición non de lei está asinada polos 41 deputados do Grupo Popular, incluído o presidente da Xunta, Alberto Núñez Feijóo, e nela lémbrase que a comisión de expertos conclúe, por unanimidade, que "é posible defender o dereito a adquisición por usucapión da condición de ben de dominio público" das tamén coñecidas como Torres de Meirás.
No que se presentou un voto particular, por parte do Concello de Sada, é na parte referida á conclusión cuarta, na que se recolle que unha vez que haxa sentenza firme do Tribunal Supremo, a liquidación da posesión, é dicir, o paso de titularidade ao Estado, podería implicar unha indemnización por gastos —debidamente acreditados— de mantemento aos actuais posuidores.
OUTRA PROPOSTA
Os populares tamén lembran na súa iniciativa que o pleno aprobou o 26 de setembro de 2017 unha proposición non de lei na que se instaba á Xunta a "realizar un estudo xurídico en colaboración coas universidades galegas, para analizar os mecanismos que, respectando a legalidade vixente, permitisen incorporar ao patrimonio público a propiedade das Torres de Meirás". Sobre esta iniciativa creouse esta comisión de expertos.
O PP considera que o grupo creado foi "amplo, plural e cualificado en materias xurídicas e históricas". Estivo presidido polo profesor de Historia Contemporánea Xosé Manoel Núñez Seixas e contou con profesores do tres universidades galegas, os colexios de rexistradores da propiedade, a asesoría da Xunta e a Dirección Xeral de Patrimonio Cultural, a Deputación da Coruña e o Concello de Sada.
O Grupo Popular xustificaba na iniciativa de setembro que os traballos de investigación histórica "demostraron documentalmente" a "falsidade" da versión dada polas autoridades franquistasdurante a Guerra Civil e os posteriores 40 anos" de que o Pazo de Meirás fora unha "ofrenda-doazón" realizada de forma voluntaria polos galegos ao ditador.
O PPdeG tamén se facía eco da "preocupación social" polo uso que lle viñan dando ao pazo os herdeiros, inclusive "incumprir" as obrigas cun inmoble declarado Ben de interese cultural (BIC) en 2011, así como os "anuncios de que pretendían facer con esta propiedade un espazo para mostrar ao gran público a grandeza da figura de Francisco Franco".
Finalmente, os populares entenden que os feitos historicamente comprobados e as declaracións dos actuais posuidores do pazo, que o puxeron á venda, e dos membros da Fundación Francisco Franco "constitúen unha innecesaria ofensa ás vítimas da ditadura, aos seus familiares e ao conxunto da sociedade galega".
"Unha sociedade que, de forma moi maioritaria, considera que o vixente período democrático constitúe unha feliz e pactada superación dunha etapa da nosa historia que nunca máis se debería repetir: a guerra civil e a subseguinte longa e opresiva ditadura", recolle a iniciativa.

martes, 26 de xuño de 2018

Carta de un vecino de La Manada

J.A. García
http://www.publico.es/

Nací en el 81, hijo de padre y madre mayores, ambos nacidos en plena guerra en el 37 y 38 respectivamente. Mi madre heredó un piso en un barrio extraño y peculiar de Sevilla. Para mí, ya a mis 37, el mejor de toda la ciudad. Nunca tuve claro si se llama Santa Teresa o Amate, pero sí que éramos como una pequeña aldea, por sus casitas bajas, sus calles peatonales, su peña comunista (que sigue actualmente, bajo la denominación de Cerro-Amate), su plaza de las moradas y, sobre todo, por una generación de niños nacidos entre el 75 y el 82, que hicimos de oro al kiosko de chuches del Manuel. Y que, por desgracia, no ha tenido relevo, en tanto que ya se ha quedado, salvo contadas excepciones, sólo en un barrio de parados de larga duración y de jubilados. Esos jubilados de ahora, que poblaron estos barrios de viviendas con el escudo de la Falange, son los trabajadores poco cualificados del boom económico de los 60.
Todavía en los 80, había cierta inercia de las costumbres franquistas. Por eso era habitual, hasta los finales de esa década, que los domingos todo el barrio estuviera en misa. Cuando llegaron los 90, la droga, con el boom de la heroína, se apoderó como una epidemia de toda la zona. Poblaron todo el barrio, sobre todo las zonas de ocio de los niños, por eso se frustró el recién inaugurado parque del Tamarguillo, ninguna de sus fuentes llegó a funcionar, y se ponían, los grifotas por decenas, en nuestra pista de futbito, mancillada actualmente, por dos canastas de baloncesto.
Vivía frente a uno de los colegios el San Fernando– con el índice de mayor fracaso escolar, casi seguro, de toda la ciudad, no sé si alguno iría a la universidad. No voy a hablar sobre mi familia y yo, pero éramos pobres, y tuve la fortuna, que una monja, Sor Herminia, obligó a mi madre a inscribirme en las Salesianas de Nervión, cuando apenas contaba con 5 años. Esto por un lado me hizo vivir una dualidad: la de un barrio de gente humilde, con amigos de mi edad que querían ser golfosa los que les faltaba maldad, aunque hiciéramos algún cursillo de auxiliar de gamberro en el recién inaugurado Centro Comercial de los arcos,  donde no pudimos competir con los canis de verdad. Nosotros éramos traviesos, íbamos al PRYCA a reventar las muestras gratuitas de patés o a gastar bromas telefónicas desde las cabinas de teléfono al primer número que se nos ocurría. Nunca nos acercamos al nivel de los vecinos del norte, los que robaban a punta de navaja, los de las canchas (quien es de la zona, lo entiende). Hoy muchos de ellos están muertos por las drogas o en la prisión Sevilla 2, aunque alguno se ha rehabilitado. Y mi otra dualidad, la de competir con compañeros y niños de clase media en un colegio salesiano, con alumnos y padres, muchos de ellos que querían ser pijos llegando a realizar puestas de largo horteras, porque en Sevilla se estila mucho el postureo. Se llegó a dar el caso, de ir con mi pandilla salesiana y que nos asaltaran para robarnos los mismos caniscon los que intentaba colarme de gratis en los cines del centro comercial.
Santa Teresa  o Amate es eso, un contraste entre un quiero y no puedo por ambas latitudes, la buena y la mala. En mi caso opté por competir con mis compañeros de clase, sin olvidar mi condición social y mi entorno. Me encanta y llevo en mi móvil canciones de Camela y de Bruce Springsteen. Santa Teresa está en mitad de una encrucijada geográfica local. Sitiada, al sur por el Cerro del Águila, el barrio con más solera de Sevilla, (no cuento con Triana, porque Triana no es de Sevilla), un verdadero pueblo dentro de la ciudad, partido en dos por Afán de Ribera, del que nosotros hemos querido ser su pedanía, por lo que la salida de la Virgen de los Dolores se convierte en el acontecimiento principal del año en ambos barrios. Al norte, por el barrio más deprimido y más pobre de España, Los pajaritos-Madre de Dios-Candelarias (los tres barrios).Es quizá donde la droga, el desempleo y la exclusión social son más palpables que en ningún otro lugar. Al oeste colinda con Ciudad Jardín y el Nervión clásico, el monocolor blanqui-rojo, el de Marqués de Pickman y la Gran Plaza.
Por desgracia, la crisis ha hecho estragos en Santa Teresa y nos estamos acercando más al norte que al Sur. Aún así, siguen siendo barrios con sus particularidades propias y con sus buenas gentes. Santa Teresa, tiene entre sus más insignes vecinos a una persona que nos ayudó muchísimo a mi familia, a alguien que fue torturado por el franquismo y que sirvió a los demás como un ejemplo de entereza y dignidad desde su peña comunista. Macoco o Paco El Comunista dio su nombre, precisamente, a la plaza que, día sí y día también, sale a todas horas manchada, sobre todo porque vive allí un indigno y un cobarde que refugiado en su manada violó y abusó sexualmente de una joven en los San Fermines.
Macoco recibió su homenaje en un barrio plagado de pensionistas, de bares baratos donde llaman “tapa” a un plato que se puede comer todos los días por tres euros o desayunar muy dignamente por 1,50. Eso sí, plagado de tragaperras, de personas que cada día caen en el pozo de la ludopatía. De gente mayor, heredera de una sociología franquista que ha transmitido a sus hijos. Algunos de los cuales nos hemos negado a aceptarla. Recuerdo cuando mi madre me quiso cambiar de colegio porque Sor Josefina nos obligó a chicos y a chicas a limpiar las aulas. Mi madre, mujer, se indignó porque “una fregona no era para un niño”. La realidad es que pensamos que la derecha ideológica está implantada en los de clase media alta, en los altos puestos militares o de la iglesia, y nos equivocamos. De ahí que cuando llegan las elecciones algunos se llevan las manos a la cabeza. ¿Hay tantos ricos? No. Por eso es mayor la victoria del franquismo, que ha hecho de la gente humilde, engendros machistas, heteropatriarcales e incluso racistas, y con mucha picaresca.  Invito a cualquier periodista a hacer cola en los cajeros de mi barrio, en las noches previas al ingreso de las pensiones, atestados de gente que quiere sacar el dinero antes que se les descuente los impuestos y las multas a primera hora de la mañana.
Pero la indignación para alguien que compartió una generación de niños maravillosos viene, precisamente, por tener entre nuestros convecinos a miembros de La Manada. Somos gente humilde o pobre que hacía sus vacaciones dominicales a la playa con Excursiones Gracita;   de un barrio plagado de tiendas de alimentos como la de mi Amparito de los Trigales, golpeada por el vandalismo (como cuando fue asaltada por los canis del norte ya graduados en delincuencia). También golpeados por la manipulación mediática o, quizá (contando con que no se hace con maldad) por la simplificación que se hace desde los medios de comunicación de que el barrio está con La Manada.
Aunque tengo trabajo desde hace muchos años (he pisado la universidad y económicamente no me van mal las cosas), no he dejado de frecuentar el barrio donde nací y me crié porque he adquirido conciencia de clase y me gusta disfrutar de los pequeños detalles. Por ello, al día siguiente de emitirse la sentencia de La Manada, a muy poquitos metros vamos, cruzando la calle estaba desayunando en la peña rociera que hace esquina con la calle donde vive el Prenda, en la plaza de las candelarias. Un señor mayor dijo que le parecía “mucha tela 9 años”, un señor de mediana edad y su hijo que escucharon el comentario, mientras cogían los cafés de la barra, salieron en tromba a contestar con palabras irreproducibles, propias de la indignación de un padre. Porque tampoco puedo reproducir lo que dijo este digno señor al señalar, lo que pasaría si lo ocurrido a la joven de los San Fermines, se lo hicieran a su hija. Ni tampoco puedo reproducir las palabras del resto de los clientes y clientas, mayoría jubilados, que estaban allí.
A mediodía, me tomé unas tapas de comida casera, en otro bar con solera del barrio (Los Barbos) y el tema  era el mismo, y la indignación era unánime. Todo con la propia idiosincrasia que oscila entre la falta de educación de un barrio con un alto fracaso escolar y escasa formación,  y la humildad de su gente. Porque en estos barrios, la gente habla a voces, gritando si hace falta para dar su opinión. Y que se enteren todos.
Señores de la prensa, no hace falta que cojan, como hacen cuando vienen del norte de Despeñaperros al sur, a quien menos dientes tenga, a quien tenga peor pinta, o parezca un yonqui  (como ocurre cuando vienen a reírse de nosotros en algunos reportajes). Simplemente, disfruten de nuestra cultura populosa en cualquiera de nuestros numerosos bares, para palpar la rabia, la impotencia y la indignación de un barrio, que a excepción de los familiares de La Manada, grita al unísono: “¡Yo si te creo!”.

La muerte de la pajita de plástico

La tendencia va en aumento: cada vez más hoteles, complejos hoteleros, safaris y cruceros están prohibiendo las pajitas de plástico. 

Devorah Lev-Tov
https://www.nationalgeographic.es/


Las pajitas de plástico sobresalen de unos cócteles en un complejo hotelero en la isla de Nosy Mitsio, Madagascar. Cada vez más hoteles y los complejos hoteleros prohíben los plásticos de un solo uso, como estas pajitas.
FOTO POR TOMMASO BONAVENTURA, CONTRASTO/REDUX

Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo puedes reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete.
En 2015, un perturbador vídeo de una tortuga olivácea sufriendo por tener una pajita de plástico incrustada en la nariz se hizo viral y cambió la actitud de muchos espectadores hacia esta herramienta de plástico que para mucha gente es una comodidad.
Pero ¿cómo pueden las pajitas de plástico —un objeto diminuto que se usa brevemente antes de tirarla— causar tanto daño? Para empezar, suele encontrar fácilmente una forma de llegar al océano gracias a su naturaleza ligera. Una vez allí, no se biodegrada. En lugar de eso, se fragmenta lentamente en trocitos cada vez más pequeños conocidos como microplásticos, que los animales marinos suelen confundir con comida.
En segundo lugar, no puede reciclarse. «Por desgracia, la mayoría de pajitas de plástico son demasiado ligeras para pasar por los clasificadores de reciclaje mecánicos, por eso acaban en vertederos y cursos de agua y, finalmente, en nuestros océanos», explica Dune Ives, directora ejecutiva de Lonely Whale. La organización sin ánimo de lucro ha contribuido al éxito de la campaña de marketing Strawless in Seattle apoyando la iniciativa Strawless Ocean.
En Estados Unidos, cada día se tiran millones de pajitas de plástico. En Reino Unido, se estima que cada año se tiran al menos 4.400 millones. Los hoteles son unos de los culpables principales: el Hilton Waikoloa Village, que se convirtió en el primer complejo hotelero de la isla de Hawái en eliminar las pajitas de plástico a principios de año, usó más de 800.000 en 2017.
Está claro que las pajitas son solo una parte de la gigantesca cantidad de desechos que llega a nuestros océanos. «En los últimos 10 años, hemos producido más plástico que en todo el siglo pasado, y el 50 por ciento del plástico que empleamos es de un solo uso y se tira inmediatamente», afirma Tessa Hempson, directora de operaciones de Oceans Without Borders, una nueva fundación de la empresa de safaris de lujo &Beyond. «Cada año mueren un millón de aves marinas y 100.000 mamíferos marinos por el plástico en nuestros océanos. Se ha documentado al 44 por ciento de todas las especies de aves marinas, el 22 por ciento de las ballenas y los delfines, todas las tortugas marinas y una lista creciente de especies de peces con plástico alrededor de sus cuerpos».
Pero ahora, la pajita de plástico ha empezado a convertirse en una especie en peligro de extinción, y algunas ciudades de Estados Unidos (Seattle, Washington; Miami Beach y Fort Myers Beach, Florida; y Malibu, Davis, y San Luis Obispo, California) las prohíben, mientras que algunos países limitan el empleo de objetos de plástico de un solo uso, entre los que se incluyen las pajitas. Belice, Taiwán e Inglaterra son unos de los últimos países que han propuesto prohibiciones.
Pero una empresa no tiene que esperar a que el gobierno instituya una prohibición para implementar la suya propia. Soneva prohibió las pajitas en 2008 y Cayuga lleva usando pajitas de bambú desde 2010. Hoteles como estos han allanado el camino para la aparición de un movimiento y las industrias del turismo y la hostelería empiezan a sumarse.
Entre las marcas hoteleras que han iniciado prohibiciones de pajitas de plástico están Four Seasons, AccorHotels en Norteamérica y Centroamérica, Marriott International en Reino Unido, EDITION, Doyle Collection, Six Senses, Taj Hotels Palaces Resorts Safaris, Experimental Group y Anantara. Líneas de cruceros y turoperadores como Carnival, Hurtigruten, Peregrine Adventures y Coral Expeditions han reducido o eliminado el uso de pajitas de plástico en sus barcos. Y las empresas de safaris de lujo como &Beyond y Wilderness Safaris están trabajando para retirar las pajitas de plástico de sus alojamientos.
Aunque las acciones individuales tienen un impacto importante en el medio ambiente e influencia en la industria, una prohibición en una sola cadena hotelera no puede retirar millones de pajitas en un solo año. Ananatra y AVANI estiman que sus hoteles en Asia usaron 2,49 millones de pajitas en 2017, y AccorHotels estima que usó 4,2 millones de pajitas en Estados Unidos y Canadá el año pasado.
«Las pajitas de plástico son unas de las mayores culpables en términos de contaminación por plástico. Proponiendo alternativas y eliminando su uso en los alojamientos de &Beyond, cumplimos la parte que nos corresponde para evitar que el plástico llegue a los océanos», afirma Hempson.
Aunque no usar una pajita es lo mejor, algunas personas las prefieren o las necesitas, como las personas con discapacidades o dientes y encías sensibles. Si quieres usar una pajita, las de vidrio o metal reutilizables son perfectas. Actualmente, Final Straw, que dice ser la primera pajita plegable y reutilizable, está recaudando fondos en Kickstarter.
Las marcas de hostelería que han eliminado las pajitas de plástico han estudiado varias alternativas desechables. El papel es popular, y muchos establecimientos estadounidenses usan Aardvark para suministrar pajitas hechas en Estados Unidos y aprobadas por la FDA que tardan entre 30 y 60 días en descomponerse. Otra opción son las pajitas compostables hechas de PLA (ácido poliláctico), un bioplástico con base vegetal hecho de materiales como almidón de maíz en lugar de petróleo. Estas pajitas son compostables en las condiciones apropiadas, pero no se descomponen en el agua.
Una opción más creativa es la pasta cruda, que actualmente se usa en el Paradise Cove Beach Café en Malibú y se está probando en el Terranea Resort en Rancho Palos Verdes, California. En el Taj Exotica Resort & Spa, Andamans, se usan pajitas y cucharillas de bambú.
Y algunos establecimientos usan paja como pajitas, como cuando se empezaron a usar por primera vez. El Mandrake Hotel en Londres ofrece pajitas hechas de tallos de centeno que consiguen de la empresa alemana Bio-Strohhalme.
«La mayoría de personas no piensa en los efectos que tiene el simple acto de coger o aceptar una pajita de plástico en sus vidas y en las vidas de las generaciones futuras», afirma David Laris, director creativo y chef en el Cachet Hospitality Group, que no usa pajitas de plástico. «La industria de la hostelería tiene la obligación de empezar a reducir la cantidad de desechos plásticos que genera».
Devorah Lev-Tov es una escritora de gastronomía y viajes de Brooklyn

Sexo enconado en CTXT

La regla básica del juego del placer sexual es la reciprocidad del acuerdo y también del sentir, del cuanto más placer das, más placer tienes

ANA BELTRÁN / CRISTINA PEÑAMARÍN
http://ctxt.es/

<p>Esculturas talladas del Templo del Sol de Khajurahoin, India.</p>
Esculturas talladas del Templo del Sol de Khajurahoin, India.TRAPUZARRA

Se habla de sexo de forma insistente y enconada, observamos leyendo CTXT estas semanas. Ese gran interés por el tema parece indicar que necesitamos hablar de ello, lo que no sería de extrañar, ya que se habla poco y mal de sexo, comentamos, espoleadas por nuestra afición a la polémica y al tema. Y ¿por qué la agresividad de las formas que se emplean en esta cadena de artículos? Varios de ellos son contestación a otros anteriores y recurren a un modo de disputa brusco, a menudo ofensivo, con expresivos insultos (mojigata, machirulo…) hacia una adversaria, nos parece, en parte inventada. Se intercala entre las argumentaciones un tono agresivo que muestra una dificultad en esta cuestión, como si fuera imposible expresar o argumentar la propia posición y al tiempo aceptar otras diferentes. Nos preguntamos si quienes se expresan de modo tan tajante y ofensivo, como si creyeran saber bien qué es lo que hay que hacer en este terreno, tienen una visión tan clara, o si, como nos pasa hoy a la mayoría, sólo tienen claro lo que no quieren.
Las chispas saltan al mirar el sexo desde las relaciones sociales, de género, de poder, y de lo que estas implican. Se discute constantemente en los artículos, comentarios y tweets de CTXT sobre feminismo, ética y empatía. Pero ética y empatía se entienden como un deber de ceder el interés propio para tener en cuenta el del otro. En este debate áspero, plagado de cuestiones y planteamientos interesantes, dice Beatriz Gimeno: “Creo que toca, sí, comenzar a exigir a los hombres comportamientos éticos también en el terreno de la sexualidad, lo que en definitiva no es más que asumir y contemplar la plena humanidad de aquella(s) con quien(es) se folla”.
¿CÓMO SABES SI TE GUSTA EL BONDAGE, EL AZOTE, U OTROS JUEGOS SEXUALES? ¿POR QUÉ PUEDE TENTAR LA ENTREGA SEXUAL, PONERSE EN LAS MANOS DE OTRO/AS, TRASPASAR EL PODER DEL PROPIO PLACER AL OTRO?
Evidentemente, los comportamientos éticos son preferibles en todos los terrenos en que tienen lugar las relaciones interpersonales y sociales, con humanos y no humanos (¿o no hay comportamientos éticamente inadmisibles con animales, por ejemplo?) Así pues nos preguntamos de qué estamos hablando cuando unimos sexo y ética. Antes que nada habría que ponerse de acuerdo en algo  que consideramos básico en el sexo. El sexo es más, se disfruta más, cuando el o la cómplice disfruta más. De manera que captar el sentir del otro, lo que llamamos empatía, y procurar placer a la cómplice, está en el interés propio. De hecho descubres tu placer a través del placer del otro. El logro del placer sexual es el placer recíproco (y cuando no lo es, finge serlo para que se mantenga al menos la apariencia de reciprocidad que salva el mínimo del placer de uno de los partenaires).
Nos decidimos a usar la palabra cómplice, en lugar de partenaire, para señalar que el placer del sexo tiene algo de transgresión, de sobrepasar los límites de los comportamientos sociales, de las relaciones entre los cuerpos, de lo que sabíamos del propio cuerpo o género ¿No quedan los límites confundidos al entrar en el contacto cuerpo a cuerpo con alguien?
¿Cómo sabes si te gusta el bondage, el azote, u otros juegos sexuales? ¿Por qué puede tentar la entrega sexual, ponerse en las manos de otro/as, traspasar el poder del propio placer al otro? En realidad, no descubres lo que deseas hasta que lo encuentras (es algo a la vez pasivo, encontrar, y activo, pues suscita otras búsquedas). Así que se aprende el propio deseo a partir de la experiencia de encuentro con otro/as, sobre todo con quienes saben más. Y se aprende también de observar a otra/os, hoy día en el porno, por ejemplo, que puede enseñar algunas de las diferentes prácticas y posibilidades que caben en ese inmenso campo (desgraciadamente, el porno más difundido hoy entre adolescentes ofrece muy pobres ejemplos en los que inspirar buenos encuentros sexuales).
Todo el mundo evita hablar de perversiones sexuales. Entendemos, por ejemplo, que el sadomasoquismo es un juego sexual basado, como todos los demás, en un acuerdo entre cómplices. Es el propio juego, la libertad y la igualdad del juego, lo que queremos salvar, ese espacio donde los jugadores son iguales en el punto de partida, cuando establecen los límites de cada uno y las normas que respetarán. Salta la diferencia cuando lo comparamos con la tortura, que ha sido mencionada en alguno de los artículos de CTXT, para suscitar otra cuestión (¿Por qué tanta tortura a mujeres en ciertas series de éxito? ¿Quizá para suscitar un placer sado-maso asociado a la disparidad de poder, cuando alguien disfruta precisamente porque no tiene cómplice sino víctima, carente por completo de poder sobre la relación? Es importante preguntarse el por qué de estas reiteraciones y el cómo se ilustra nuestra imaginación sexual).
Pero volviendo a lo básico, la relación sexual es siempre una forma de juego. Y naturalmente no hay juego sin reglas del juego. Lo que hace especial el juego del sexo es que abre un espacio de descubrimiento y de autodescubrimiento donde es posible hallar inesperadas facetas de una misma. Esa capacidad creativa no implica ausencia de normas. Como todo espacio de encuentro y de juego, el sexo está hecho de normas y de reciprocidad –lo que vale para ti vale para mí (o hemos acordado cómo nos saltamos esta norma). Las reglas del juego pueden ser más o menos consabidas, estandarizadas, o nuevas, pero no hay juego con los límites ni posibilidad de transgresión donde no hay reglas. La regla básica del juego del placer sexual es la reciprocidad del acuerdo y también del sentir, del cuanto más placer das, más placer tienes (desde la que se puede jugar a la sumisión y a otras aventuras arriesgadas). Una ética que borra la diferencia entre egoísmo y altruismo, en la que piensan ciertas sabias y sabios (aceptar la interdependencia, que no puedo ser yo sin el mundo y los otros que forman parte de mí, es, para Judith Butler, el principio de la actitud ética que nos permitirá salir del individualismo posesivo). En el sexo se aprende a jugar y a mejorar en el juego cuando se aprende ese altruismo egoísta básico.
EL SEXO, SE HA HECHO EXTRAÑO, OCULTO. EXPULSADO DE LAS CONVERSACIONES COMUNES, EN LA URGENCIA DE LA EDAD ADOLESCENTE SE ENCUENTRA EN LAS VISITAS SECRETAS A LA RED, DONDE PROLIFERAN ENCUENTROS POCO RESPETUOSOS
Cada juego, claro está, tiene su vocabulario y su saber hacer que es preciso aprender para poder jugar. ¿Qué sabe un/a adolescente hoy de las posibilidades de placer, de relación y de (auto)descubrimiento del encuentro sexual? Como buenos posmodernos, hemos roto con todas las tradiciones heredadas pero no acertamos a poner otras en su lugar. Hay un agujero negro en el saber de la llamada sociedad del conocimiento, un lugar donde la gente precisa construir sentido pero no tiene a su alcance recursos de conocimiento suficientes. Y no es el único. Las relaciones familiares, materno filiales y otras, es otro notable agujero en la enciclopedia del conocimiento común en nuestra sociedad, que cada quien llena con alguna de las variadas versiones de pseudo ciencias, leyendas y fakes de todo tipo que hoy circulan.
El lenguaje del sexo es hoy extremadamente pobre y tosco, apenas es posible usar el vocabulario común, salvo en ámbitos muy íntimos, sin sentir vergüenza. La única alternativa a ese marcador brutal es el latín o el lenguaje científico. Nos falta un lenguaje intermedio, más ambiguo o poético, que pueda compartirse en una conversación social (ni íntima ni pública) sin vergüenza. Sólo la lengua infantil, con sus metáforas y diminutivos, logra algo de esto –si bien podemos hablar de la colita, no es tan fácil con el equivalente femenino–. Un lenguaje a la vez explícito, detallado y metafórico, como han desarrollado culturas como la india, la china o la japonesa, donde se difundieron durante siglos y fueron muy populares libros y láminas con imágenes –delicadas y explícitas– de muchas de las variadas posturas y prácticas que enriquecen el placer de los amantes. En nuestra tradición, La lozana andaluza, por ejemplo, ambientada en los bajos fondos de Roma de 1526 y en el habla mestiza de ese lugar, rica en hispanismos, italianismos, arabismos. En sus expresivos diálogos, las mujeres usan con gran libertad un lenguaje sabroso y creativo para guiar al cómplice, conseguir y expresar su placer.
No nos parece que tengamos que defender una ética particular del sexo, salvo porque tenemos que defender esa ética en todos los ámbitos. En el sexo lo que defenderíamos es más y mejor formación. Ya no suelen convivir en la misma habitación padres e hijos, ni tienen próximos a los animales apareándose, como durante siglos ha sido la forma de vida de la mayoría de los humanos. Eso, el sexo, se ha hecho extraño, oculto. Expulsado de las conversaciones comunes, en la urgencia de la edad adolescente eso se encuentra en las visitas secretas a la red, donde proliferan encuentros, más que poco respetuosos con la “humanidad” de la mujer, poco ilustrados sobre las posibilidades de placer y descubrimiento de sí y de alguien más, que contiene el encuentro sexual. Como esas posibilidades dependen de la reciprocidad, de la atención y disponibilidad mutua, podemos soñar con una formación sexual, un porno, una literatura, que ilustre los placeres de la reciprocidad y aporte ejemplos de una ética de los seres que se conciben como intrínsecamente relacionales y dependientes, lo que es central para el feminismo. 

"Me ha dejado": hombres que huyen durante el cáncer



Es importante para estas mujeres entender que no son las únicas y que no están solas. Archivo / EFE


ANA BERNAL-TRIVIÑO
http://www.publico.es/

Se vive como un tema tabú, secreto, pero sale a la luz en la mayoría de sesiones de terapia. Solo allí se atreven a compartirlo con otras mujeres. Por eso, Mercedes Herrero, doctora de ginecología de Gine4, ha escuchado esta frase a sus pacientes de cáncer en más de una ocasión: "Me ha dejado". Y es ahí cuando esta doctora las libera, les hace entender que no son las únicas y que no están solas. "No sabemos si ocurre con otras especialidades pero sí es destacado que en este ámbito, de salud de la mujer. Es algo que vemos con frecuencia y, sobre todo, cuando la mujer es más joven. Parece como si el cáncer truncara un proyecto de vida y esos hombres no supieran asumir la adversidad".
Es un asunto que se queda en lo personal, en una cierta vergüenza de ser "abandonada" ante los ojos de la sociedad, y que muchas mujeres solo logran compartir con sus oncólogas o psicólogas. Herrero, a veces, sabe detectar a estos perfiles a tiempo. En otras ocasiones, reconoce que saben camuflarlo pero se pone en alerta cuando "ellos hablan de la enfermedad en primera persona, como si la padecieran". Para esta doctora, esta reacción es típica de hombres con un síndrome de Peter Pan, donde normalmente la mujer es el ancla del núcleo familiar, la que tira de la casa. "Y cuando ese pilar enferma y no puede rendir igual, se nota ese hueco y no saben reaccionar", argumenta.
En este tiempo, Herrero ha visto estas situaciones en varias etapas de la enfermedad. Desde que sus parejas reciben las quimioterapias, que es "cuando la persona pasa por mayor precariedad física y necesita apoyo", a otros que aprovechan incluso para reconocer que tienen una vida paralela. Otros esperan al final, a modo de "balance". "La sensación es que no son situaciones que se manifiestan por la enfermedad, sino que la enfermedad las hace visibles", comenta esta doctora. Esta reacción también la ha visto en otras situaciones similares como cuando un hijo tiene una enfermedad, o cuando deben afrontar un aborto, o tras los primeros meses después de un nacimiento.
"Ellos hablan de la enfermedad en primera persona, como si la padecieran"
Son personas egoístas, narcisistas e inmaduras que no empatizan con el problema. "Son casos como, por ejemplo, en los que para ellos lo grave no es que su pareja vomite tras la quimio, sino que no puedan salir de copas". Herrero ha escuchado este tipo de situaciones muchas veces. Es entonces cuando las pacientes pasan por depresión y culpa. "En esa fase suelen decir que les ha dolido más que la enfermedad porque te falla la persona en la que confiabas. La enfermedad puede ser muy dolorosa, pero no te inflige nadie el daño. El daño emocional de alguien sí, y es muy doloroso". Al final, lo que sí comprueba en todos los casos es que vuelven a vivir y que están mejor "que cuando estaban acompañadas".
También recuerda que hay pacientes cuyas parejas se mantienen en un discreto segundo plano. "No quiero que quede la idea de que tener cáncer lleva a que la pareja te abandone, porque no lo es. Muchos permanecen y van a una. Pero sí que es algo frecuente y es necesario que salgan a la luz estas situaciones para que las mujeres que lo padecen no se responsabilicen y se centren en superar su enfermedad". 

"El amor y el cariño no es solo decirlo"

La historia de Chica (no quiere decir su identidad) empezó en 2013. Un año más tarde la operaron, y durante aquellos días recuerda la presencia de su familia: su marido y dos hijos. Le habían detectado un cáncer en la mama izquierda, un triple negativo. Junto con la extirpación, vino la quimioterapia y la radioterapia. "Fue duro y agresivo. Me pusieron un port-a-catch porque las venas se deterioraron mucho”, comenta. Aún le queda la neuropatía en pies y manos y aún asiste a las revisiones con el pellizco en el estómago, por si brota la enfermedad.
Recuerda que cuando comunicó en casa la noticia se produjo mucha conmoción y, al poco tiempo, veía que la llegada del cáncer le venía grande a su marido. "Lo recuerdo como una persona saturada por las circunstancias, como si él fuese el doliente mayor", reflexiona Chica. ¿Cómo reaccionar? "Pues me dió por intentar suplir, quería salvar la situación e intentaba no sobrecargarlo. Si él venía a quimio conmigo, cuando yo llegaba a casa me ponía a hacer las tareas. Yo veía que él se tenía que quitar presión".
Recuerda, conforme avanzaba en su tratamiento, que a veces tardaba tres horas en las tareas del hogar, pero "las hacía, e intentaba no pedir mucho, no molestar mucho, porque yo veía mucha tensión, angustia, e intentaba arreglarlo de esa manera". Chica, enferma, intentaba hacerle a él la vida más fácil, a pesar de los dolores. Le pregunto por qué asumía las tareas con aquel sobresfuerzo y ella responde que "lo sentía como mi responsabilidad", a pesar de no serlo.
"Me seguía culpando, pero son hombres incapaces de esa dedicación y presión diaria"
Por entonces, ella observaba aquel comportamiento, que se sumaba a otros distanciamientos anteriores, en otras circunstancias adversas. "Está visto que debe ser que no soporta las situaciones límites". Y, entre medias, confiesa que incluso dejó de pensar en su enfermedad. "Yo sufría los síntomas pero quería salvar la situación de mi casa ante todo". A pesar de aquel interés, la convivencia se desgastaba. Recuerda cuando, en las conversaciones con los hijos, escuchaba las reflexiones de él donde la desvaloraba o la marginaba a un segundo lugar. "También me dijo que me había cambiado el carácter la enfermedad, y yo solo sé que desde entonces decidí no aguantar tonterías".
Todas aquellas frases las acumuló durante muchos días sin compartir lo que ocurría con nadie. Recuerda que no sentía un rechazo expreso por su marido, pero sí una total indiferencia que la traducía como tal. Y así, poco a poco, la situación llega hasta que se finaliza el tratamiento y él le dice que se quiere ir de casa. "Le pedí que aguantara un par de meses, a que la niña acabara la carrera, y que después se podría marchar". Reconoce que "en un principio sentí una liberación y me volqué en mis hijos, mi trabajo, mis amigos, mi gente, mi familia... Era lo que realmente me reconfortaba. Y luego empecé a notar su falta. Él, a veces, le dijo a mi hija de venir, pero yo tengo mi concepto de vida y no es igual a la suya".
Recuerda cuando, con el tiempo, le trasladó la noticia a su oncóloga y esta le respondió que no era la primera a la que le pasaba. "Aún así me seguía culpando, en parte, pero también me explicaron que sucede con los hijos enfermos. Que son hombres incapaces de esa dedicación y presión diaria. Para hacerse cargo de un problema que se prolonga... hay que echarle mucha fuerza y ellos no son corredores de fondo. Se ve que algunos pueden estar para algo inmediato, pero si es crónico no saben convivir con eso".
Chica vuelve a pensar sobre ella y sobre él. "A veces notaba que quería ser el protagonista cuando yo era la enferma. Por ejemplo, le molestaba cuando compañeras y compañeros del trabajo me llamaban a diario para preguntar cómo estaba. Aquello le saturaba. Decía... 'otra vez te llaman, qué pesao!' Intentaba reflejar la sensación de que él era más sufridor porque llevaba mi carga encima".
Han pasado años y ahora dice que la enfermedad le ayudó a reafirmar su personalidad y a pensar más en ella. "Al principio das muchas cosas, pero luego ves que no hay que dar tanto a los demás. El amor y el cariño no es solo decirlo. Se demuestra con hechos, constancia y apoyo". 

"Él prefería huir, taparse los ojos y no ver nada"

Para Ángeles todo empezó con un diagnóstico en febrero de 2014. Fue un duro golpe porque tenía una bebé recién nacida, con solo seis meses. Cuando llegó a casa se derrumbó porque "no sabía qué iba a pasar". Pero comenta que cambió su actitud una vez empezó el tratamiento. Tener a su hija le sirvió de impulso para esforzarse cada día y para disfrutar aún más con ella.
Explica todo esto ya separada, después de dos años. Su pareja tenía una hija de un matrimonio anterior y se sumaba ahora la pequeña que tuvieron entre los dos. Con la calma y perspectiva que aporta el paso del tiempo, Ángeles reconoce que ya había antecedentes. "Era de irse con otras mujeres. Yo, a veces, le encontraba cosas sospechosas en la casa, le preguntaba por ellas y no me respondía", comenta. Pero en muchas ocasiones, y con la bebé recién nacida, Ángeles seguía con la relación.
De hecho, durante el cáncer, aunque le faltaba mucho apoyo, pensaba que contaba con él. "Pero ahora me he dado cuenta que no. Ahora encuentro explicaciones a situaciones que, por entonces, eran extrañas pero tenía que centrarme en luchar con la enfermedad y no desgastarme. Me sentía sola. Por ejemplo, ahora sé que durante una quimio, que se ausentó, aprovechó para comprar un anillo. Tuve la suerte de que la familia de él me ayudó mucho porque la mía está en Galicia. Yo vivo en Madrid y necesitaba apoyo"
Ángeles y su bebé, superviviente de cáncer abandonada por su pareja.
Entre varias situaciones recuerda que, al regresar de los ciclos de quimioterapia, necesitaba unos días de cama y que él cuidase de la pequeña y de la casa, pero "en esos días, qué casualidad, él siempre me decía que le tocaba estar con su otra hija. Yo tenía que seguir también con las tareas de la casa porque ayudaba muy poco. Un día, por eso, fui en busca de la vecina y estuvimos las dos llorando juntas toda la tarde. Con la enfermedad me sentí aún más sola que antes. No sentía que se preocupara por mi. Él prefería huir, taparse los ojos y no ver nada".
Confiesa incluso sentirse mal en lo más privado. Que pensaba que el hecho de que ella tuviera sofocos por el tratamiento hormonal lo alejara a él. Que el hecho de que el propio tratamiento también bajara la líbido ante las relaciones sexuales, provocase lo mismo. "En esos momentos incluso pensaba que si estaba con otra, lo podía entender. Mi cabeza pensaba así porque yo era como si tuviese un angelito que me hablara y me calmara. Pero luego me venía un diablillo que me ponía en alerta, que me decía que reaccionar así, por su parte, sería de una persona egoísta mientras yo estaba enferma. También me preocupaba el aspecto físico porque yo engordé por las hormonas y pensaba que mi nuevo aspecto también provocaría su rechazo. Le decía muchas veces que no se obsesionara con estar fuerte e ir tanto al gimnasio, que me mirase porque yo estaba más gorda y calva… pero él se limitaba a su dieta y deporte. Recuerdo una noche que me dio por llorar, que solían ser pocas… pero me entró miedo en la cama porque tenía nuevas analíticas. Y en lugar de escucharme o darme un abrazo, me dijo: 'déjate de tonterías y duérmete'".
Cuando ella estaba con fiebre o dolor, él casi nunca le decía nada o no le hacía la cena
Tras esta frase, Ángeles se mantiene en silencio e insiste en que acompañarla a las quimios no era todo, porque con la enfermedad se necesita un apoyo emocional que ella no tenía. También recuerda cómo tras recoger las analíticas un día, "me entraron unas ganas tremendas de vivir y dije que me iría de viaje con él a Roma. Su respuesta fue: 'a Roma... yo ya he estado allí'". No para de contar situaciones como cuando ella estaba con fiebre o dolor, pero casi nunca le decía nada o no le hacía la cena. Afirma que ella casi siempre lo tenía que pedir, que de "él salía poco". Y comenta otro recuerdo más como cuando le respondía a ella, en las discusiones, que él también existía y que sufría.
Tras superar la enfermedad, hubo una gota que colmó el vaso, por la que no tuvo explicaciones y no le pidió perdón. Ella permaneció seis meses más en casa con él. "Ahora veo que esos seis meses me arrastré, como se dice, pero un día, con la bebé, tuve fuerzas para decirle que esto no nos lo merecíamos". Fue el punto final de la relación. Luego vino una etapa de psicólogos para superar mentalmente la enfermedad y el cambio de su vida, todo de golpe y sin apenas pausa. Con el tiempo, saber que otras pacientes habían pasado por lo mismo le tranquilizó.
Dice que si hubiese sido él el enfermo, ella habría estado en todo momento. Ha intentado construir su vida, aunque hace una pausa cuando habla de afrontar otra relación. "El tratamiento me ha provocado muchos cambios", dice, como si tuviera miedo a sentirse rechazada. También está molesta porque cuando se incorporó a la Policía, se acogió a una nota donde se indicaba que los pacientes de cáncer podrían solicitar la incorporación de forma paulatina y cobrando el 100% del sueldo. No recibió respuesta. Estando sola y con las consecuencias de la enfermedad "hago turno de mañana, de tarde y noche, y no me han adaptado el puesto de trabajo". Ahora retoma su vida, intentando dejar atrás aquel pasado, pero quiere decir para terminar que "asumir que tienes cáncer es un reto. Asumir que la persona que está a tu lado, en realidad, no está... es un segundo golpe".

Cada vez tenemos menos niños, pero tiene arreglo: el futuro está en la inmigración

La diferencia entre nacimientos y muertes deja un balance de -31.245 personas en 2017, con récord de fallecimientos incluido

Algunos demógrafos ven un problema, ya que amenazaría el pago de las pensiones y el cuidado de los mayores. Otros disienten: "La idea, mezcla de religión y nacionalismo, es que las poblaciones tienen que crecer, pero no hay ninguna razón objetiva"

Apuestan por organizar los flujos migratorios, que son los importantes en el balance demográfico, en lugar de impulsar la natalidad, que no se arregla de golpe porque depende a su vez del número de mujeres en edad reproductiva de una generación

Daniel Sánchez Caballero
https://www.eldiario.es/

Es un problema serio o uno ficticio creado por el discurso imperante, según a quién le preguntes. Pero la realidad es la que es: la natalidad está por los suelos en España. El pasado año nacieron menos de 400.000 niños en el país, cifra que no se daba desde los 90 y que, unida al número de fallecimientos récord deja un saldo vegetativo (la diferencia entre nacimientos y muertes) récord.
Las causas de esta situación son conocidas (aunque no por ello atacadas correctamente): la precariedad laboral, la imposibilidad de conciliar y la falta de servicios sociales adecuados (guarderías) provocan que la gente se lo piense a la hora de tener un hijo.
Las consecuencias son variadas y también públicas. Muchos estudiosos alertan: ¿Quién va a pagar las pensiones en unos años? ¿Quién se va a ocupar de los mayores? ¿Qué va a pasar con las escuelas, muchas de las cuales ya 'compiten' por los niños cuando llega el periodo de matriculación bajo la amenaza de cierre de líneas?
Pero todas estas asunciones parten desde un punto de vista común y normalmente aceptado por la sociedad: que no nazcan niños es malo. Y no todos están de acuerdo. "La pregunta es, ¿necesitamos que las poblaciones sigan creciendo?", dispara Unai Martín, profesor de Demografía en la Universidad del País Vasco. "La idea, mezcla de religión y nacionalismo, es que las poblaciones tienen que crecer cuanto más mejor, y lo contrario es malo. Pero no hay ninguna razón objetiva para pensar así", argumenta. "Pero es que ni siquiera pensando así; la diferencia en población la determina la migración", no los nacimientos, añade.

La foto fija

Pero primero la foto fija de la situación. El panorama que devuelven los datos publicados por el INE no es demasiado alentador. En 2017 fallecieron 423.643 personas en España, la mayor cifra desde 1941, cuando arrancó la serie histórica. Este dato supone un 2,3% más de muertes que el año anterior y lleva a que, unido a la caída de los nacimientos (391.930 en total, un 4,5% menos que en 2016) el saldo vegetativo del año pasado, la diferencia entre nacimientos y fallecimientos, fuera negativo con -31.245.
Más datos. Las mujeres tienen 1,3 hijos de media y dan a su luz a su primer hijo con 32,1 años. Ambas cifran evolucionan en el sentido contrario al que sería deseable si es que de tener más hijos se trata, aunque la tasa de fecundidad (los hijos por mujer) está bastante estabilizada: en diez años ha caído medio hijo por mujer. La edad media de las madres primerizas se mueve más rápido: ha subido un año en lo que llevamos de década.
La fotografía fija "expresa cómo es la estructura poblacional de los países desarrollados hoy en día, una caída de la natalidad y una mortalidad muy larga", explica Celia Fernández-Carro, sociológa y demógrafa e investigadora y docente en la UNED.
Las razones para este descenso de la natalidad están claras para los demógrafos: "Ha caído bastante el número de madres en edad fecunda", resume Pedro Requés, catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Cantabria. Las mujeres tienen menos hijos de media, sí. Los tienen más tarde, sí (lo que influye directamente en cuántos hijos tienen). Pero la clave es que hay menos mujeres en edad de tener hijos. (entre 15 y 49 años). En 2010 eran 11,55 millones, el pasado año 10,57 (un 8,5% menos).
Esa es la razón medible. Luego están las más etéreas. Por ejemplo, la dificultad de tener hijos en este contexto social y económico. Como explica June Fernández en este artículo, "es paradójico: tener hijos es un mandato social que, al mismo tiempo, resulta cada vez más difícil de cumplir". "El desajuste entre madurez vital y biológica tiene un componente cultural importante. Incluso cuando las condiciones económicas acompañan, la mayoría de personas no nos sentimospreparadas para tener hijos hasta bien entrada la treintena", añade.
Otro hecho a tener en cuenta es que la natalidad es cícicla, "como una ola del mar", explica Requés. "La ola que rompe en la playa es consecuencia de una que hubo en alta mar tiempo atrás. Los nacimientos caen ahora por la crisis de natalidad de los 80 pese a que se mantiene la fecundidad", elabora. No hace falta ser ningún genio para adivinar que la baja natalidad actual tendrá su reflejo en el futuro, cuando las (pocas) mujeres nacidas hoy en día empiecen a tener hijos.
Por el otro extremo, la alta cifra de fallecidos se explica desde un aumento de la longevidad, que provoca que la pirámide poblacional española sea muy ancha en su cúspide. Causa-efecto: más personas mayores, más fallecimientos.

Precariedad y conciliación

Las soluciones se conocen, al menos sobre el papel. Resumiendo el concepto de manera simplista en siete palabras: "Hace falta una verdadera política familiar integral". Dicho de una manera algo más elaborada: menos precariedad laboral, más planes de conciliación familiar, más ayudas económicas.
"La mejor política demográfica que se puede hacer son las políticas que incidan en el mercado laboral", opina Requés. "Trabajar en el fin de la precariedad laboral, en el apoyo a las familias jóvenes, en la conciliación. Otra clave es la igualdad de género", añade, "porque hablamos de fertilidad como si fuera solo una cosa de mujeres, pero es cosa de hombres también". En esto, siempre pensando que hay que tener más hijos, están de acuerdo todos los demógrafos consultados.
No es que no se vengan haciendo planes, pero están resultando "claramente insuficientes para revertir la preocupantes situación demográfica", como constataba el Círculo de Empresarios en un documento reciente sobre la cuestión. Los empresarios proponían medidas concretas: mejorar las infraestructuras y servicios para el cuidado del niño en el ciclo 0-3, adaptar el calendario y los horarios escolares a los laborales y favorecer una mayor incorporación de la mujer al mercado laboral mediante un nuevo esquema de permisos parentales compartidos, teletrabajo y flexibilidad.
Permisos obligatorios es la clave para muchos.  Nada de estampas como ministraso futbolistas renunciando a sus días libres por maternidad o paternidad. Son los modelos nórdicos, que tanto gustan por estas latitudes. Islandia tiene 13 semanas obligatorias para padres y madres, en Suecia o Noruega se le asignan días o semanas al padre que no se pueden transferir a la madre si no los cogiera.
¿Y los estímulos directos a la natalidad? Requés cree que "tienen un cierto peligro: que sean inconstantes. Acaba generando un problema mayor", sostiene. Y sobre ellos planea la eterna duda: ¿universales o progresivos? El Círculo de Empresarios, sin embargo, sí se muestra partidario: aboga por transferencias directas a familias, el referido gasto público en servicios (guarderías, etc.) y exenciones y deducciones fiscales.
Y luego está el factor inmigración. Para muchos, ese es el aspecto que hay que tener en cuenta cuando se habla de la evolución de la población de un país, más que el saldo vegetativo, que tiene poco impacto. "Lo que ha determinado que España creciera en épocas anteriores y lo determinará en el futuro es la migración", apunta Unai Martín.
La estadística también dice que las mujeres inmigrantes tienen más hijos (1,7 de media frente a 1,25 las españolas) y más jóvenes, aunque, como matizan varios expertos, "cuanto más tiempo pasan en un país, más se asimilan con las nativas". O sea, la tendencia es que vayan teniendo menos hijos y, también, cada vez más mayores.

Contra el pensamiento único

Pero no todos creen que una baja natalidad sea una mala noticia per se. "Creo que la idea de que tengamos que ser más es cuestionable", lanza Fernández-Carro. "Los hechos demográficos son objetivos, pero la interpretación de su impacto y gravedad son ideológicos. Existe un discurso dominante de crecimiento, muy ligado a la economía capitalista, que plantea como única solución al descenso de la natalidad fomentar los crecimientos. Sin embargo, podrían existir otras opciones, como la regulación de flujos migratorios, que no se tienen en cuenta", reflexiona.
Martín coincide con esta visión y sitúa el problema está en otro lugar: "En que esta sociedad, que es antinatalista, pone muchos obstáculos que provocan que las personas no tengan los hijos que quieren tener, y eso genera un problema de derechos reproductivos".
Contra esta forma de pensar de que más no es necesariamente mejor, el argumento típico. ¿Quién va a pagar las pensiones? Martín tiene respuesta para esto. "Si en los 90, cuando hubo una baja natalidad, hubieran nacido más niños ahora lo que tendríamos es más paro juvenil. En una sociedad con una tasa tan alta de paro entre los jóvenes [ un 37% en menores de 25 años el pasado enero] pensar que el problema de las pensiones está en los nacimientos es desviar", afirma. "Las pensiones las pagan los que trabajan y en España hay un problema de paro juvenil", subraya.
¿Vamos a colapsar en algún momento? Requés se considera optimista. Él, de hecho, prefiere hablar de "otoño demográfico" frente al "invierno demográfico" que utilizan muchos de sus colegas. Y explica por qué. "Tenemos una cintura potente", afirma en referencia a la pirámide poblacional. "La llamada generación soporte, entre los 30 y 50 años, está en un momento álgido, aunque es cierto que está empezando a caer", concede.
Y concluye: "Las tendencias demográficas son muy lentas y la población reacciona de alguna forma. ¿Quién iba a prever hace unos años que hubiera tantos inmigrantes? ¿Quién puede hacer previsiones con la variable migración, tan imprevisible?", se pregunta.