mércores, 20 de xuño de 2018

DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO Las guerras en el noreste del Congo provocan un éxodo de decenas de miles de refugiados

Con campamentos desbordados, brotes de cólera, falta de agua y comida, Uganda, el país africano que más refugiados acoge, está saturada por las crisis humanitarias de la región. Las ONG alertan de que la situación puede empeorar en breve.


Refugiados en el puerto de Sebagoro. - MOHAMMAD GHANNAM (MSF)


PABLO L. OROSA
http://www.publico.es/

En apenas una semana de febrero más de 22.000 refugiados congoleños cruzaron la frontera hacia Uganda. “Hemos visto en las últimas semanas una media de 3.000 personas huyendo de Ituri cada día”, declaró entonces uno de los portavoces de ACNUR, Babar Baloch. Hoy a Sebagoro, la pequeña villa pesquera al otro lado del lago Albert, ya no llegan por miles, pero siguen haciéndolo por cientos. Los que lo hacen llegan hambrientos y martirizados por lo que dejan atrás. Pero no sueñan con volver: allí siempre hay guerra. La última de ellas, la de Ituri, al noreste de la República Demócrata del Congo (RDC), ha dejado más de 60.000 refugiados en lo que va de año.
"Cuando llegan no quieren hablar. Se les nota en la forma en la que te miran: han visto demasiado", denuncia ACNUR
En el embarcadero de Segaboro no hay espacio para las palabras. Hay un silencio que nace del mar y que sólo lo rompe el llanto de un recién nacido. “Cuando llegan no quieren hablar. Se les nota en la forma en la que te miran: han visto demasiado”. Si acaso, continúa Ahab, que está al frente del equipo de respuesta de ACNUR en la aldea, “preguntan por algún familiar que tienen en el pueblo”. Casi todos, como casi siempre, son mujeres y niños. Un 77,5%, según ACNUR. “Los hombres o han muerto o prefieren que crucen primero sus familias”, explica Ahab.
Emmanuel, agricultor de 42 cuyo testimonio fue recogido por Médicos Sin Fronteras (MSF), cruzó por primera vez el lago a principios de febrero junto con su mujer y sus ocho hijos. “No quería vivir con miedo. En mi aldea -a los alrededores de Bunia, capital de la provincia de Ituri- la gente hace tiempo que duerme al aire libre, en las huertas, porque es más seguro: ¡no pueden prenderle fuego tan rápidamente!”. Tras unos días en el campo de refugiados de Kyangwali, cuya población se ha duplicado desde el inicio de la crisis en diciembre hasta alcanzar las más de 68.000 personas, Emmanuel decidió volver a Congo para conseguir algo de dinero con el que paliar el hambre. “Volví el 8 marzo, pero cuando me estaba acercando a la aldea vi un gran fuego a lo lejos. Mi aldea está cerca del lago. Cuando nos bajamos del barco vimos muchos cadáveres en el suelo. Los supervivientes contaban que la aldea había sido atacada por gente armada con machetes”. Emmamuel decidió volver en aquel mismo momento. Sin nada. Su propia huerta había sido reducida a cenizas. Dos días después estaba de vuelta en Kyangwali.
Mujeres y niños suponen la mayor parte de los refugiados que llegan a Uganda. - MOHAMMAD GHANNAM (MSF)
Mujeres y niños suponen la mayor parte de los refugiados que llegan a Uganda. - MOHAMMAD GHANNAM (MSF)
Los relatos entre los recién llegados tienen siempre un sustrato común. Casas incendiadas, mujeres agredidas sexualmente, cuerpos sin vida en las cunetas. El pasado mes de abril, la ONU desveló el descubrimiento de cinco fosas comunes con los restos de al menos 260 personas, entre ellas 91 mujeres. “Mi mujer y mi hijo”, relata Augusto, un joven de 20 años que llegó hace dos mes a Uganda, “murieron cuando los lendu atacaron la aldea. A mí persiguieron hasta la escuela. Ya no pude volver a casa, tuve que huir con lo que tenía encima”: una vieja camiseta de fútbol y el dinero justo, algo más de 17.000 francos congoleños (algo menos de 10 euros), para cruzar el lago. Los transportistas, en su mayoría pescadores locales, “hacen mucho dinero con nosotros”.
"Nuestra aldea la atacaron porque está cerca de unas minas de oro", relata Augusto, un joven de 20 años que lleva dos meses en Uganda
Lo cierto es que la mayoría no alcanzan a comprender siquiera lo que los está matando. La de Ituri es un lucha tribal y un enfrentamiento por el control de los recursos, mas también una retahíla de afrentas históricas. Aunque las tensiones entre los agricultores lendu y las demás tribus de pastores del noreste del Congo, especialmente los hema, son anteriores a la llegada de los colonos europeos, fue el tiránico régimen belga el que exacerbó los enfrentamientos expulsando a los lendu de sus tierras, ricas en oro y otras piedras preciosas, y privilegiando la posición de los mandos hema.
A finales de los 90, cuando el país explotó en las bautizadas como guerras del Congo, la antigua provincia oriental se convirtió en un polvorín: entre 1996 y 2003 alrededor de 55.000 personas murieron en Ituri y más de medio millón tuvieron que abandonar sus casas. Las rencillas de aquellos días parecían atemperadas, pero el pasado diciembre, sin que estén demasiado claras las causas, la violencia volvió a estallar dejando más de 250 muertos y 300.000 desplazados internos, entre ellos 100.000 menores.
Sophie, refugiada congoleña de 25 años, antes de entrar al dispensario abierto por MSF en Mara Tatu. - PABLO L. OROSA

Detrás de este enfrentamiento tribal se esconde en realidad un conglomerado de intereses. Por un lado, los del presidente Joseph Kabila a quien la inestabilidad en la región le sirve como excusa para imponer el estado de emergencia con el que aplazar la elecciones, previstas para diciembre de este año, después de haber sido pospuestas ya en dos ocasiones. Por otro, el de los grupos armados, señores de la guerra y comerciantes sin escrúpulos, muchos apoyados por Ruanda, Uganda y las multinacionales occidentales, para hacerse con el control de un territorio con importantes reservas de oro, petróleo, diamantes y coltán. “Nuestra aldea la atacaron porque está cerca de unas minas de oro”, sentencia Augusto.

La asistencia humanitaria, un lucrativo negocio

A través del puerto de Serabogo, han llegado a Uganda 61.000 refugiados congoleños desde diciembre. Una cifra que crece a diario y que añade más presión migratoria sobre un país que es ya el que más refugiados acoge de África y uno de los cinco que más en todo el mundo. En total, 1,3 millones de personas, procedentes principalmente de Sudán del Sur, Congo y Burundi. El pasado año, cuando la situación se desbordó por el flujo de exiliados por la guerra en Sudán del Sur, el gobierno de Uganda y las autoridades internacionales hicieron un llamamiento urgente a la comunidad internacional para recaudar más fondos con los que cubrir las necesidades básicas en los campos del norte. Este año, la situación es si cabe más complicada: “Necesitamos 504 millones de dólares para atender a la gente que huye de una de las crisis más complejas, desafiantes y olvidadas del mundo en la República Democrática del Congo”, declaraba ACNUR el pasado 23 de marzo.
"El agua que tenemos no nos llega para cocinar, asearnos y beber. Además está muy lejos, hay que recorrer más de kilómetro y medio para abastecernos"
Campos como el de Kyangwali, abierto en la década de los 60 para atender a refugiados ruandeses, están desbordados. “El mayor problema en este momento es el agua”,señala la responsable de proyectos de MSF, Anne-Cécile Niard. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 20 litros al día por persona sigue estando demasiado lejos: hay días en los que ni siquiera se alcanza la mitad. 
"El agua que tenemos no nos llega para cocinar, asearnos y beber. Además está muy lejos, hay que recorrer más de kilómetro y medio para abastecernos”, señala Sophie. Ella es una de las veteranas, llegó aquí hace casi tres lustros, huyendo de la segunda guerra del Congo. Ahora tiene 25 años y 3 hijos. “Recibimos cada uno tres kilos de maíz, tres de harina, tres de alubias y una botella de aceite. Pero eso no llega para todo el mes. Tenemos hambre!”, asegura mientras calma su voz moviendo las manos de un lado a otro.
La violencia en el noreste de Congo ha provocado la huida de más de 68.000 personas a Uganda. - MOHAMMAD GHANNAM (MSF)

La situación, alerta una trabajadora humanitaria que prefiere no revelar su identidad, va a empeorar en los próximos meses: ante la falta de espacio, los recién llegados están siendo asentados en las tierras que los refugiados más antiguos utilizaban hasta ahora para cultivar. “Se supone que los que llevan más tiempo deben alimentarse con su propia cosecha y no recibir ayuda humanitaria para su alimentación, pero si no tienen donde hacerlo…en unos meses podemos enfrentarnos a un problema”. “Por ahora”, concede Sophie, “no hay ningún problema. Ellos también tienen derecho a recibir ayuda”.
"Para mí, el problema aquí en Uganda es que no consigo trabajo. Sólo tengo lo que me da ACNUR"
En Uganda, a diferencia de otros muchos países, los refugiados tienen libertad de movimientos y derecho a trabajar en un país donde casi un 20% de la población sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza. Las autoridades ugandesas han encontrado en la asistencia humanitaria un lucrativo negocio: el pasado mes de febrero, el comisionado para los refugiados, Apollo Kazungu, fue suspendido tras revelarse su implicación en una estafa para inflar el número de recién llegados al país y recibir así más fondos. La ONU ha puesto en marcha ya un sistema de verificación biométrica para comprobar la autenticidad de las cifras. Otros oficiales ugandeses han sido acusados de exigir sobornos a los refugiados para incluirlos en los programas de ayuda, así como de participar en redes de prostitución y tráfico de mujeres.
“Para mí, el problema aquí en Uganda es que no consigo trabajo. Sólo tengo lo que me da ACNUR”, asegura Augusto. Allí, al otro lado del lago, iba a la escuela y tenía un pequeño negocio transportando leche. Con eso era suficiente para mantener a su mujer y su hijo. ¿Volver a Congo? “No, mientras haya guerra a Congo no puedo volver”. “Allí siempre hay guerra. Guerra. Guerra. Guerra”, interviene Sophie. La veintena de personas, casi todas mujeres, apenas dos hombres, sentadas en los bancos que dan acceso al dispensario abierto por MSF en Mara Tatu, vuelven la vista a la conversación. Hay silencio. También algunos gestos de aprobación. “Si Congo alguna vez es libre me gustaría volver, pero ahora no podemos hacerlo, es demasiado peligroso”, sentencia el otro varón presente.
Aunque ya está bajo control, el brote de cólera dejó 44 muertos y ha obligado al gobierno de Uganda a poner en marcha una campaña de vacunación. - MOHAMMAD GHANNAM (MSF)























Ahora el enemigo es el hambre y el cólera. Endémico al otro lado de la frontera, el último brote importado por la propia avalancha de refugiados ha causado ya 44 muertos y más de 2.000 casos severos. “Con todas las medidas preventivas puestas en marcha, el número de casos ha ido disminuyendo”, afirmó recientemente la portavoz de ACNUR en Uganda, Aslam Khan. No obstante, el gobierno ugandés, apoyado por MSF y otras entidades internacionales, ha puesto en marcha una campaña de vacunación masiva con la que esperan inmunizar a más de 360.000 personas, entre ellos 70.000 refugiados. Después todavía quedará la malaria. Pero esa es otra guerra que les tocará vencer para seguir sobreviviendo.

Los otros focos del conflicto en Congo

Desde 2016, los enfrentamientos en Congo se ha repetido por todo el país. En agosto de ese año, Kamwina Nsapu, líder de un clan del pueblo luba, encabezó una rebelión antigubernamental contra la policía y las fuerzas de seguridad en Kasai. Aunque Nsapu fue asesinado, la milicia armada que lucha en su nombre mantiene hasta hoy su desafío al Ejecutivo de Kabila. Los enfrentamientos han causado ya más de 5.000 muertos y 1,5 millones de desplazados.
Al noreste, no demasiado lejos de Ituri, en las dos provincias Kivu donde se concentran algunos de los principales yacimientos de diamantes y minerales del país el conflicto nunca ha llegado a detenerse. Algunos de los actores, como las milicias Mai Mai, se desmarcaron del acuerdo de paz, mientras que la revancha por el genocidio tutsi en Ruanda sigue siendo el principal combustible del conflicto. Desde 1994, cuando miles de hutus se refugiaron al otro lado de la frontera acogidos por el dictador Mobutu Sésé Seko y crearon las fuerzas hutus del Forces démocratiques de libération du Rwanda (FDLR), los enfrentamientos con las milicias tutsis apoyadas por el gobierno de Paul Kagame, primero a través del National Congress for the Defence of the People (CNDP) y después con su excisión, la guerrilla M23, han sido constantes. Actualmente, tras las sanciones internacionales que obligaron a Ruanda a cortar la financiación directa con sus milicias tutsis, éstas se han dividido en más de 70 grupos armados que se financian con la extracción de minerales. Sólo en la provincia del norte hay más de un millón de personas desplazadas a causa del conflicto.

Cuando miles de canarios cruzaban el Atlántico en cayucos para llegar a Venezuela

Strambotic
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El 25 de mayo de 1949 en la portada del diario venezolano ‘Agencia comercial’ aparecía la fotografía de un barco apresado con 106 inmigrantes a bordo, incluyendo diez mujeres y una niña de cuatro años. Aquellos “famélicos y malolientes” inmigrantes venían de la depauperadas Islas Canarias de la posguerra española y buscaban las costas de la entonces próspera Venezuela, igual que habían hecho sus antepasados desde tres siglos antes.
El ‘Elvira’ sólo es uno de los “cientos de barcos fantasma”, muchos de ellos no mayores que los actuales cayucos que llegan a España desde África, que cruzaron el Atlántico durante la década de los 40 con hasta 12.000 canarios que buscaban una vida mejor en América, huyendo de la dictadura fascista impuesta por el general Franco tras la victoria de los golpistas en la guerra civil.

La época de los “barcos fantasma” se inicia en 1948, a raíz de las serias dificultades que impuso la España franquista a la migración, “con trámites penosos y costosísimos”. Los llamados “barcos fantasma” eran veleros de la flota pesquera que llenaban sus bodegas con cientos de campesinos canarios que vivían próximos a la subsistencia. Según relata el periodista Tomás Bárbulo en un reportaje en ‘El País’,
“La historia [del ‘Elvira’] comenzó el Sábado de Gloria de 1949. Un centenar de personas se deslizaron por el muelle de Las Palmas y embarcaron en varias falúas. La mayoría eran campesinos de Gran Canaria que ganaban 20 pesetas por trabajar de sol a sol y que habían tenido que vender sus cabras para pagar las 4.000 pesetas del billete, una pequeña fortuna para la época”.
“El “Nuevo Teide”, con 300 pasajeros, o el “Telémaco” con 171, fueron algunos de los barcos que realizaron de forma clandestina viajes entre Canarias y Venezuela. El “Telémaco”, que zarpó en agosto de 1950 de La Gomera, tenía una eslora de 20 metros, poco más de lo que mide un cayuco”, según relataba el diario El Día de Canarias.
Inmigrantes canarios en Venezuela, años 40. Foto: El Tambor.
La peligrosa singladura del velero ‘Elvira’ guarda no pocos paralelismos con la llegada de los 629 inmigrantes del ‘Aquarius’ a puerto español, después de haber sido repudiado por el gobierno xenófobo de Italia. Los africanos del ‘Aquarius’ gozarán de “45 días de paz” antes de que el gobierno español decida qué hacer con ellos. Tras una peligrosísima travesía, los canarios del ‘Elvira’ alcanzaron las costas de Venezuela, donde fueron considerados “inmigrantes voluntarios” por el gobierno, pudieron regularizar su situación y echar raíces en la entonces floreciente Caracas de los años 50.
Con información de El DíaEl PaísDiario Público Gobierno de Canarias. Más información y fotos en El Tambor.

La España que deja Rajoy

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Tras más de seis años de gobierno del PP, ha sido una sentencia judicial el detonante de la expulsión de M. Rajoy como presidente del gobierno. No ha sorprendido. Lo extraño es que haya durado tanto. En cualquier país de nuestro entorno la imagen de un Presidente cobrando miles de euros en negro, según la apariencia que transmiten los datos del tesorero de su partido, hubiera supuesto su dimisión inmediata. Y estos datos son solo un pequeño detalle al lado de los numerosos procedimientos judiciales que involucran a muchos altos cargos de su partido, una marea de corrupción que ha inundado su gestión en las Administraciones Públicas a todos los niveles: Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Administración Central, hasta el punto de ser considerado este partido, en algunas resoluciones de órganos de la justicia, como una organización que utiliza la política para su actividad delictiva.
En su discurso de despedida ante la dirección del PP, M. Rajoy exhibió los logros económicos de su gestión. Por supuesto, no mencionó la herencia dramática, con consecuencias también económicas, de la corrupción. ¿Cómo se puede convencer a los contribuyentes de la necesidad de cumplir sus obligaciones fiscales? ¿Qué imagen se transmite al exterior? ¿Cómo afecta a la eficiencia del gasto público? ¿Al propio volumen de recursos potencialmente destinables a atender necesidades sociales? ¿Cuantos más profesores, centros de salud, atención a la dependencia se hubieran podido financiar en ausencia de corrupción? ¿Y la tolerancia hacia el gran fraude fiscal… y la caída de recaudación del Impuesto de sociedades a pesar de los altos beneficios de las grandes empresas? En fin, reducción de los recursos públicos para el enriquecimiento de unos pocos, por métodos ilegales… o por la aplicación de normas que han favorecido la concentración del poder económico.
Y más allá de su negativa influencia sobre la economía, la corrupción ha sido un factor que ha impactado en el desapego de los ciudadanos hacia la política, que ha extendido la convicción de que los políticos solo buscan su propio beneficio. La corrupción ha puesto en cuestión los más profundos principios de la democracia.
En el mencionado discurso, M. Rajoy se refirió a la evolución durante estos seis años de las variables económicas, el PIB y el empleo. Es cierto que tras los primeros años de su gestión, en que la llamada política de austeridad y reformas -como la laboral- contribuyeron a la profundización y prolongación de la crisis, en los dos últimos años el PIB ha mostrado tasas de crecimiento positivas impulsadas por la confluencia de factores externos, como el descenso del precio de los productos energéticos, la devaluación del euro y, sobre todo, la política monetaria practicada en estos años por el Banco Central Europeo, que ha permitido financiar la deuda exterior y la inversión y el consumo a bajos tipos de interés. Al respecto, no está de más recordar que a finales de 2011 la deuda pública se situaba en torno al 70% del PIB y hoy alcanza el 100%.
Pero si consideramos la evolución del PIB desde la óptica del bienestar de los ciudadanos, que debe ser el criterio principal, la satisfacción de M. Rajoy es aún menos entendible. En estos seis años los salarios reales han caído 4,6 puntos; la brecha salarial de género está en el 36%; la pobreza energética, en que vivían 1,1 millones de españoles, afecta hoy a 1,8 millones; el gasto en educación se ha reducido de 47.100 millones a 44.900 y el gasto en sanidad de 69.200 a 67.600. El PP heredó, al llegar al gobierno, un fondo de pensiones de la Seguridad Social que alcanzaba los 70.000 millones de euros y lo deja ahora prácticamente agotado. El índice de pobreza y exclusión social ha crecido del 23,5% de la población al 27,8%, con la particularidad de que afecta, debido a la reforma laboral, cada vez a más personas con trabajo. Una reforma que, al romper los equilibrios de la negociación colectiva, al permitir formas de contratación abusivas y al abaratar el despido, ha hecho recaer el coste de la crisis en las franjas de población más desfavorecidas.
En contraste, los beneficios empresariales y las percepciones de los ejecutivos de las grandes empresas han crecido de forma desmesurada. Durante este periodo los índices de desigualdad han aumentado insoportablemente. Podríamos decir que no es la economía lo que ha mejorado sino solo la situación de los que detentan el poder económico.
Es cierto, como exhibía M.Rajoy en su discurso, que desde 2011 ha descendido el número de parados, pero también es cierto que la mitad de la reducción se debe a la caída de la población activa. Esta caída se acentúa en el caso de los jóvenes: una de cada cuatro personas menores de 35 años ha abandonado la población activa en estos seis años. Por otra parte, la mitad del empleo creado es a tiempo parcial y la temporalidad no ha dejado de aumentar, mientras que el paro de muy larga duración (más de dos años) permanece estancado y sube su peso sobre el total.
Este modelo de relaciones laborales y el propio PIB contienen aspectos muy preocupantes a medio plazo. El crecimiento en estos últimos años se ha dirigido hacia sectores de baja productividad, hacia el empleo precario. La reforma laboral permite contratar por horas, en jornadas discontinuas, sin que exista ningún incentivo a la formación. Es un empleo expuesto a los vaivenes de la economía mundial, sobre la que se ciernen graves incertidumbres, que puede sufrir con intensidad las consecuencias de una nueva crisis. Y mientras… nula capacidad para abordar cambios en los fundamentos del modelo productivo que sigue anclado en el turismo y en la construcción.
España ha sido un lastre para el avance del proyecto europeo para la necesaria transición energética. En este ámbito, además, la imagen exterior de España se ha deteriorado, entre otras cosas, por inestabilidad regulatoria y falta de seguridad jurídica de las inversiones, ignorando, inexplicablemente, la gran aportación industrial con toda su capacidad de arrastre en términos de empleo de calidad, de I+D+i, de tejido industrial y empresarial, de competitividad… que la transición ecológica de la economía puede aportar al modelo productivo de nuestra economía.
No hay motivos para jactarse de una buena gestión económica. Y hay, además, que mencionar un tema político que también tiene consecuencias sobre la economía, el conflicto catalán: la herencia que deja el PP no puede ser más negativa. Este partido, cuando estaba en la oposición, impugnó ante el Tribunal Constitucional el Estatuto de Autonomía que había sido aprobado en referéndum por más del 70% de los catalanes. La impugnación pretendía deteriorar al gobierno socialista, que lo había negociado, pero la sentencia del Tribunal Constitucional, que modificó el texto, fue interpretada por una parte considerable de la población de esta Comunidad como una agresión. El rechazo al nuevo texto dio alas a la alternativa defendida por los partidos que abogaban por la independencia. Ya en el poder, el gobierno del Partido Popular se mostró incapaz de contrarrestar la extensión del independentismo. Es más, propició esta tendencia –recuérdese al infausto ministro Wert proclamando provocativamente en sede parlamentaria la necesidad de españolizar a los niños catalanes- porque el conflicto le permitía esconder algunos de sus problemas y le resultaba electoralmente rentable en el resto del Estado, bandera a la que se ha apuntado Ciudadanos con peligroso entusiasmo. Hoy es un factor de inestabilidad que forma parte de la herencia económica que deja el expresidente M. Rajoy.
Los destrozos del PP conforman el escenario sobre el que debe actuar el nuevo Gobierno: desigualdad, precariedad laboral, fragilidad del crecimiento, conflictos territoriales, desbarajuste sin fin en el sector energético… Las amplias demandas sociales que el cambio hace aflorar y las dificultades para articular una mayoría en el Congreso y la imposibilidad de hacerlo en el Senado, auguran una gestión llena de dificultades.
Cuenta el Gobierno, sin embargo, con la inteligencia y la valentía que ha demostrado en la moción de censura y en la configuración del Consejo de Ministros. Y cuenta, fundamentalmente, con el caudal de ilusión que ha despertado en un amplio sector de la ciudadanía, que deberá administrar y preservar, al mismo tiempo, con delicadeza y firmeza… porque es un patrimonio compartido por muchos y plurales anhelos.
Economistas Frente a la Crisis se va a mantener fiel a su lema “el pensamiento económico al servicio de los ciudadanos”, aportando críticas y soluciones, como lo ha venido haciendo hasta ahora. Pero alberga la esperanza de que el cambio político actual implique, sobre todo, el inicio de un cambio hacia la consolidación del estado del bienestar y los primeros pasos en la dirección de un progreso justo y seguro.
Economistas Frente a la Crisis

Niños como perros

Resultado de imaxes para niños en jaulas Donald Tramp

David Torres
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Lo que le pierde a Trump son las formas. Deportar inmigrantes ilegales por millares está muy feo, por eso lo mejor que se puede pedir en estos casos es discreción y formalidad, como hacía Obama, que deportó más gente que cualquier otro presidente norteamericano en las últimas tres décadas, e incluso que todos los demás juntos, pero parecía que nunca hubiera roto un plato. Obama deportaba medio millón de inmigrantes y ni rompía a sudar el tío. Es más, a veces, con su pinta de cantor de jazz, parecía que el deportado era él, no se sabía si desde Hawai o desde Estocolmo, donde tendría que ir a revender el premio Nobel de la Paz que le dieron y devolver el importe íntegro del premio, ya que está sin usar. Trump, en cambio, se pone a vocear y a hacer el gilipollas, y claro, llama la atención.
Esta semana han salido a la luz ciertos detalles de la política migratoria de Estados Unidos, en concreto, las jaulas de aislamiento donde encierran a los niños separados de sus padres en la instalación “Úrsula” de Texas, un lugar infame al que por algo llaman “la Perrera” y que recuerda a los presos hacinados en el Granero de la comisaría de Farmington, en la teleserie The Shield. Las fotos han cabreado mucho al tipo que le escribía los discursos a Obama, Jon Favreau; al redactor jefe de The New York Times Magazine, Jake Silverstein; a la reportera de la CNN, Hadas Gold; y a un montón de gente importante e informada, de manera que las imágenes están dando la vuelta al mundo para que hasta el último ser humano con una pizca de sensibilidad se dé cuenta de la clase de canalla que es Trump.
Lo malo es que, entre las fotos actuales, se han colado algunas de 2014, cuando gobernaba Obama, y resulta que las jaulas, las penosas condiciones de reclusión e incluso los niños detenidos son bastante parecidos a los que hay ahora esperando en la zona del control de aduanas de la frontera mexicana. Unos cuantos curiosos, bastante impertinentes, han preguntado a Gold, a Silverstein y a Favreau por qué no se echaron las manos a la cabeza entonces, cuando los niños arrancados de sus padres los arrancaba Obama y no Trump, y no han obtenido más contestación que un carraspeo, un silbido y un vaya, qué calor hace.
No obstante, la respuesta está muy clara. El problema no son los niños hacinados como pollos, ni los emigrantes ilegales, ni las leyes inhumanas, ni las jaulas para perros: el problema es Trump. Si Donald Trump no tuviese ese bronceado de aperol ni ese pelo de cástor y además supiese bailar, se le perdonaría cualquier cosa, como se le perdonan a Obama sus muchos y sanguinarios pecados. Un golpe de estado en Honduras, una Libia desmembrada, un Guantánamo en funciones o un Yemen hecho mierda. Pero es que Trump va y le dice al presidente japonés, en plena cumbre del G7 en Canadá, que le va a enviar 25 millones de mexicanos por mensajería, para desequilibrar el mercado de mariachis, y claro, así no se hacen las cosas. Tú puedes meter a dos mil o tres mil niños en jaulas y devolverlos a su país a patadas, pero sin vacilar y haciendo como que te quita el sueño por las noches. Yes, we can.
Las formas lo son todo. Recuerdo una noche en que intentaba entrar a una discoteca y el portero, que bien podía ser islandés, me dijo que con esos calcetines blancos no podía dejarme pasar. Yo le señalé al tipo que caminaba ya hacia la barra, con su flequillo airoso, su jersey cruzado sobre el pecho, sus mocasines de cuero y sus calcetines blancos destellando bajo unos pantalones pesqueros. “Pero usted no es él” replicó el portero con una lógica irrefutable y no poco kafkiana. Me sentí un poco negro, como Trump al lado de Obama. En una de las fotos publicadas esta semana se especifica que los niños llorando tras los barrotes son hondureños. Estaría bien preguntarles a Obama y a Hillary Clinton por qué.
El presidente de EE.UU., Donald Trump (izq.), junto al rey de España, Felipe VI, y sus respectivas esposas en la Casa Blanca, 19 de junio de 2018.

luns, 18 de xuño de 2018

¿Por qué es una mala idea matar las arañas que te encuentras por casa?

“No mates a la siguiente araña que veas en tu casa”. Así de contundente se ha mostrado el investigador y entomólogo Matt Bertone.

Teguayco Pinto
http://www.lasexta.com/

Según este especialista, estos artrópodos son una parte importante de la naturaleza y, especialmente, del ecosistema de interior de nuestros hogares, publica en una reciente columna en The Conversation.
La afirmación de Bertone no es gratuita, ya que se basa en el análisis del interior de 50 viviendas, una investigación que ha desarrollado junto a algunos de sus colegas de la Universidad del Norte de Carolina (EEUU) y que ha sido publicada en la revista PeerJ.
Al hacer esta revisión de la pequeña fauna del interior de las casas, Bertone y sus compañeros descubrieron que había arañas en todas y cada una de las viviendas. Los investigadores recolectaron e identificaron más de 10.000 especímenes de artrópodos, entre los que destacaban las moscas (un 23%) y las arañas (un 19%).
Bertone defiende que las arañas pueden llegar a sernos útiles, ya que son depredadores que nos pueden ayudar a eliminar algunas plagas de nuestras viviendas. “Matar a una araña no solo le cuesta la vida a ella, también estás eliminando a un depredador del ecosistema de tu casa”, afirma este investigador.
Distribución de los distintos tipos de artrópodos encontrados en una vivienda | Matthew A. Bertone
Un habitante desconocido
Sin embargo, lo que realmente intriga a Bertone es cómo influyen las arañas y otros artrópodos en nuestras vidas, ya que aunque han estado viviendo y evolucionando junto al ser humano durante toda nuestra historia, “sabemos muy poco sobre los bichos con los que compartimos nuestros hogares”.
Según estudios anteriores, se han encontrado huellas de artrópodos domésticos en restos arqueológicos de casas que datan del 1353 antes de Cristo y, a pesar de nuestros esfuerzos por mantener nuestras casas libres de plagas, las viviendas de hoy en día albergan muchos de los mismos bichos que había en la antigüedad.
Como es lógico, la investigación sobre las comunidades de artrópodos en interiores se ha centrado casi exclusivamente en plagas, con especial interés en aquellas que pueden propagar enfermedades (como mosquitos, chinches o pulgas) o los que pueden generar problemas económicos como las termitas.
Sin embargo, “se sabe muy poco sobres resto de especies de artrópodos que viven con humanos, ya que muchas de ellas pasan inadvertidas”, aseguran los investigadores. “Se desconoce si la interacción con los seres humanos es beneficiosa, neutral o negativa”.
Para tratar de averiguar algo más sobre esta interacción, los investigadores examinaron la fauna interior de una vivienda común y en las 50 casas analizadas descubrieron “una gran diversidad, con un rango de estimación conservador de 32-211 morfoespecies y 24-128 familias distintas de artrópodos por casa”.
Los investigadores destacan que las plagas son mucho menos frecuentes que las especies benignas, ya que gran parte de la diversidad de artrópodos identificados no consistía en especies a las que les guste vivir en entornos humanos, sino que simplemente son bichos que viven en los alrededores y terminan entrando en casa.
“Estos hallazgos presentan una nueva comprensión de la diversidad, prevalencia y distribución de los artrópodos en nuestra vida cotidiana”, aseguran los investigadores, que consideran su estudio como un punto de partida para ahondar en los grandes y desconocidos ecosistemas que hay ocultos en nuestras casas.
Pero mientras se avanza en el conocimiento de estos ecosistemas, Bertone pide que la próxima vez que veamos a una araña pensemos en “vivir y dejar vivir”, al fin y al cabo “está bien tener arañas en tu casa” y recuerda que “aunque no las veas, están ahí”.
http://www.lasexta.com/tecnologia-tecnoxplora/ciencia/ecologia/que-mala-idea-matar-aranas-que-encuentras-casa_201805295b0e21d70cf25fd1e993a539.html

La Xunta se niega a devolver su plaza a uno de los médicos purgados por Feijóo con una oposición amañada

El Sergas lleva ocho meses sin ejecutar el fallo del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia que anuló por “desvío de poder” el concurso mediante el que nombró a un galeno afín al PP.


Manifestación en Santiago de Compostela en defensa de la sanidad pública. EFE


JUAN OLIVER
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La Xunta lleva casi ocho meses negándose a ejecutar la sentencia firme del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) que anuló una oposición amañada que arrebató su plaza a uno de los médicos del Servicio Galego de Saúde (Sergas) purgados por el Gobierno del PP. Se trata de Víctor Pedreira, ex jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Pontevedra (CHOP), quien fue destituido de su puesto pocos días después de que Alberto Núñez Feijóo llegara al poder en el año 2009.
Pedreira, quien ocupaba la plaza desde los años 80, trabajó como subdirector xeral de Saúde Mental del Sergas con el gobierno bipartito del PSOE y el BNG que presidía el socialista Emilio Pérez Touriño. El mismo día en que presentó su cese voluntario en ese cargo tras la victoria electoral del PP en el 2009, el nueve gerente de su hospital -el último exconselleiro de Sanidade de Fraga, José Manuel González Álvarez- le anunció que también dejaba de ser jefe de Psiquiatría del centro, sin explicarle o motivar la decisión con argumento alguno. Lo mismo sucedió con otra media docena de jefes de Servicio del Sergas que fueron eliminados de sus puestos en las semanas y meses posteriores a que Feijóo tomara posesión de la Presidencia de la Xunta y que no avalaban sus políticas de recortes y privatizaciones.
En el caso de Pedreira, el Sergas convocó una oposición para cubrir ese puesto que no se celebró hasta tres años después. La ganó un médico afín a González Álvarez, el doctor Isauro Gómez Tato, con menos experiencia y méritos que él. Pedreira recurrió, primero ante el propio Sergas, que denegó su amparo, y luego ante los tribunales, que en diciembre del año 2016 le dieron la razón.
En una contundente sentencia, la jueza del juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Pontevedra anuló la oposición, tras considerar probado que la Xunta había modificado los baremos de evaluación para minusvalorar su currículo y nombrado a un tribunal cuyos miembros estaban elegidos ad hoc para que se consumara el pucherazo y que Gómez Tato pudiera ganar la plaza.
La magistrada del caso concluyo que el proceso vulneró "los principios de igualdad, mérito y capacidad"
En el juicio, los testigos alegaron que la prueba de la oposición en la que ambos candidatos defendieron públicamente sus proyectos fue una farsa. Que varios miembros del tribunal se limitaron a desacreditar a Pedreira y a alabar a Gómez Tato sin que sus argumentos se justificaran en la documentación presentada, y que uno de ellos incluso le dijo públicamente al segundo que consideraba su perfil "idóneo" para el puesto.
La jueza no lo consideró así. A su juicio, el comportamiento de la comisión de evaluación "primó a un candidato en detrimento de otro" y todo el proceso vulneró "los principios de igualdad, mérito y capacidad" que deben regir el acceso a los puestos de la función pública. "Puede apreciarse una desviación de poder incompatible con la imparcialidad y objetividad que han de presumirse" en cualquier oposición, concluía la magistrada, que ordenó al Sergas que anulara el proceso, que nombrara una nueva comisión evaluadora y que estableciera criterios de baremación objetivos e imparciales.
La Xunta recurrió la sentencia. Pero el TSXG volvió a darle la razón a Pedreira. Los tres jueces de la sección primera de lo Contecioso-Adminsitrativo validaron todo lo expuesto por la magistrada de primera instancia y entendieron que la oposición había sido amañada. "La total actuación de la comisión de evaluación dibuja un escenario de propensión en favor del candidato doctor Gómez Tato", concluyeron.
La sentencia se hizo pública en octubre del año pasado. Pero Gómez Tato sigue siendo jefe de Psiquiatría del CHOP sin que la Xunta haya acatado la decisión de la justicia. Ni lo ha cesado, ni ha restituido en su puesto a Pedreira –a quien, durante el proceso, el Sergas obligó a jubilarse-, ni ha nombrado un nuevo tribunal evaluador. Tampoco ha puesto fecha a la celebración de una nueva oposición.
La sentencia se hizo pública en octubre pero la Xunta no ha cesado a Gómez Tato ni restuido a Pedreira
En diciembre del año pasado, Víctor Pedreira comunicó en una entrevista personal al nuevo gerente del CHOP, José Ramón Gómez Fernández, su intención de reincorporarse al servicio, después de que varios tribunales consideraran nulas las jubilaciones forzosas a los 65 años, y de que la administración sanitaria gallega empezara a conceder prórrogas a los médicos que, como en su caso, aún no han cumplido los setenta.
En abril pasado, en respuesta a una pregunta parlamentaria del PSOE, la Xunta contestó que no puede cumplir la orden de los jueces porque Pedreira está jubilado, y que por tanto ya no forma parte del cuerpo de personal estatuario de la Xunta, requisito exigido en las bases de la convocatoria del concurso. La defensa del médico, que acaba de presentar en el juzgado un incidente de ejecución de sentencia –el aviso al juez de que su fallo no ha sido acatado- alega que el Sergas actúa de mala fe, porque lo que dicen las bases de la convocatoria es que el aspirante a la plaza debe ser funcionario en la fecha límite para presentar su candidatura. Pedreira lo era en el 2012, y si no lo es ahora es precisamente porque le obligaron a jubilarse.
Desde que Feijóo es presidente de la Xunta, más de una docena de sentencias de tribunales de primera instancia, del TSXG y del Tribunal Supremo han anulado los ceses de médicos incómodos para el Sergas, los nombramientos de facultativos afines al PP o los expedientes abiertos contra galenos que pusieron en duda sus políticas sanitarias o que denunciaron irregularidades en los hospitales públicos.
Este diario ha tratado sin éxito de obtener la versión del Sergas, pero ni la gerencia ni el departamento de comunicación han respondido a sus preguntas.