martes, 18 de febreiro de 2014

¿Nos duele menos si los muertos son inmigrantes?

La muerte de 15 subsaharianos que intentaban entrar a España reabre el debate sobre la reacción de la sociedad frente a este tipo de sucesos

Migrantes, expertos y miembros de ONG creen que la xenofobia y la idea de la competencia entre los excluidos explican la ausencia de una reivindicación mayoritaria

Ponen como ejemplo las manifestaciones masivas por la sanidad pública que no llevaban entre sus lemas la atención médica a los extranjeros irregulares
Paz Vaello Olave

Cuerpos de un grupo de inmigrantes que se ahogaron al intentaba llegar a la orilla de Sicilia, Italia, el 30 de septiembre de 2013./ Fotografía: AP
Cuerpos de un grupo de inmigrantes que se ahogaron al intentar llegar a la orilla de Sicilia, días antes del naufragio de Lampedusa. / AP
El 5 de febrero murieron Ibrahim Keita, Armand Debordo Bakayoko, Oumar Ben Sanda, Ousman Kenzo, Yves Martin Bilong, Daouda Dakole... Y así hasta 15 hombres,según las últimas informaciones oficiales. La mayoría eran de Camerún y ninguno superaba los 26 años. Intentaban llegar a Ceuta a nado desde Tánger. La Guardia Civil y unas bolas de goma se lo impidieron. Mientras se aclaran las circunstancias, entre versiones que cambian y vídeos manipulados, queda el dolor.
Una semana después de la tragedia, cientos de personas se manifestaron en varias ciudades del país para protestar por la actuación de las fuerzas del orden y exigir que cesen las muertes en las fronteras. Allí estaban Djeumbe, senegalés de 28 años, y su compatriota Mustafa, de 27. Aunque ahora los dos tienen residencia legal, se conocieron en la Asociación de Sin Papeles de Madrid, que trabaja por la integración de la gente migrante. Tristes e indignados a partes iguales, coinciden en que, si los muertos hubieran sido españoles, la movilización habría sido mucho mayor.
"No solamente todos los subsaharianos, sino toda la población tendría que haber estado allí, porque a todos nos duele si se muere un familiar, y los muertos son familia de alguien, son humanos. Nadie se merece esto", se lamenta Djeumbe.
"Me duele que suceda esta matanza, que nadie diga nada y que muchos medios de comunicación lo escondan. Tenemos que darle visibilidad a esta tragedia. Un ser humano es un ser humano, da igual de dónde venga", reivindica Mustafa. Ambos se quejan de que ni los Gobiernos de los países de origen de los inmigrantes muertos ni el Gobierno español digan nada. "Ellos son los primeros que tendrían que lamentar esto", sentencia Djeumbe. Nadie responde ni llora por los muertos.

El discurso oficial: la 'guerra entre pobres'

Parece inevitable plantearse por qué no se llenan las calles de gente exigiendo responsabilidades por la muerte de 15 personas en circunstancias, como mínimo, confusas. ¿Nos duele menos el dolor de 'los de fuera'? ¿Estamos tan centrados en nuestros propios problemas que los de los demás nos importan menos?
Ramón Muñagorri, abogado y secretario de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, cree que "es indudable que en estos momentos una de las coartadas del sistema es generar una especie de enfrentamiento entre los excluidos de aquí y de allí, argumentando que no podemos ayudar a África cuando tenemos pobreza aquí, diciéndonos que primero van los nuestros y después los otros".
"En Melilla hay una consigna no escrita en todos los niveles de la Administración y es la de la no tolerancia; y, si se puede hacer la vida más difícil al inmigrante, mejor, para que sepa que aquí no tiene sitio, que aquí no le va a ir bien", sostiene José Palazón, profesor y miembro de la ONG Prodein en la ciudad, que cuenta que esta idea recorre la ciudad: "Casi todo el mundo aquí vive de la Administración, y está muy mal visto manifestarse a favor de las personas inmigrantes. Prácticamente sólo se hacen manifestaciones en contra".
Palazón destaca la actitud racista de la policía: "Cuando vamos a llevar comida a los inmigrantes que han entrado, siempre nos dicen con tono despectivo: '¿Es para los negros?'. Y yo contesto: 'Es para los pobres; no me había fijado en si eran blancos o negros".
Débora Ávila es profesora de Antropología en la Universidad Complutense de Madrid y participa en Ferrocarril Clandestino, una "red de apoyo mutuo entre gente autóctona y gente migrante". Junto con Marta Malo iniciaron dentro del grupo un proceso de reflexión colectiva sobre las fronteras internas que nos separan dentro de las ciudades; "los mecanismos, aparte de las fronteras visibles, que están generando que gente que convive en un mismo barrio se encuentre dividida".
Sostienen que estas fronteras invisibles son en realidad la forma de gobierno del neoliberalismo. A diferencia de lo que propone el Estado de bienestar, basado en cierta idea de redistribución –"aunque nunca llegara a conseguirse"–, esta forma de gobierno –hegemónica desde mucho antes de que estallara la crisis– "se apoya en la diferencia como hecho natural para transformarla en desigualdad, que es lo que se piensa que activa al ser humano, lo motiva a ser emprendedor, a buscar soluciones individuales a sus problemas y a competir con los demás para mejorar".
"Si uno analiza cualquier política neoliberal –educativa, sanitaria y, por supuesto, de extranjería–, se da cuenta de que las distintas normativas van generando derechos diferentes para distintas categorías de personas", continúa Ávila. Desde esa perspectiva de gobierno, la idea de la redistribución, "que haya subsidios que compensen la desigualdad", resulta negativa, "porque adormece el espíritu y rompe el juego natural de la competencia. Por eso los recortes sociales tienen que ver con quitar estas ayudas".
En este contexto, la crisis es, según la antropóloga, un escenario ideal "para dar otra vuelta de tuerca a unas políticas que llevan pensadas mucho tiempo": si a la desigualdad se le suma "el discurso de la escasez", en palabras de Ávila, "obtienes una sociedad en la que las personas de un grupo quieren ser como las que están más arriba y ven a los de abajo como aquellos que les quieren quitar su puesto".
Una realidad que reconocen Djeumbe y Mustafa, y que el primero resume así: "Al principio me llevaba muy bien con la gente, pero al llegar la crisis muchos empezaron a culparnos de la situación y a mirarnos con otros ojos. Es doloroso e injusto".
Este tejido social fragmentado que describe la antropóloga, sustentado en el miedo al otro y en la rivalidad en lugar de en el apoyo, sería la razón de fondo para que los problemas de las personas inmigrantes resultaran lejanos a una gran parte de la población. A lo que, en el caso de las muertes de Ceuta, la profesora añade el poso colonial, "que en España está muy presente", por el cual "no es lo mismo que muera un negro a que muera un blanco".
Doudou, de Senegal, en la manifestación contra el Gobierno por las muertes en Ceuta.

La solidaridad a pie de calle
Para Palazón, esta guerra entre pobres, alimentada desde las autoridades y exacerbada en tiempos de crisis, es "lo que se oye", pero la mayoría de la gente en su vida cotidiana es muy solidaria. Y pone como ejemplo que en Melilla es habitual que alguien le deje las llaves de su casa o del coche a un inmigrante para que lo ayude en tareas domésticas a cambio de un dinero, "cosa que creo que en la península no se hace mucho", comenta con sorna.
Este miembro de Prodein menciona especialmente lo sucedido en 2005, cuando, como ahora, se vivieron situaciones muy violentas en la frontera: "Los inmigrantes que habían saltado la valla corrían por la ciudad sangrando y llorando, y todo el mundo empezó a meterlos en su casa y en sus coches" para protegerlos. "Es como si hubiera un nivel de tolerancia de la violencia hasta el cual la gente no reacciona, pero a partir del cual reacciona muy bien", concluye Palazón.
Muñagorri observa también esta dualidad entre la lógica oficial y la actitud de una gran parte de la sociedad. Se muestra optimista cuando recuerda que, según las encuestas, "los ciudadanos españoles siguen pensando que tiene que haber una cooperación con países que están en procesos de desarrollo". Y va más allá. Cree que esta crisis, "que está agudizando la desigualdad a nivel planetario pero también dentro de los países que antes se llamaban desarrollados", está teniendo como consecuencia un mayor grado de sensibilidad de la ciudadanía hacia problemas que identifica como comunes.
En la misma línea, la antropóloga apunta que "los movimientos sociales han sabido aplicar una relectura de la crisis y elaborar un discurso político que señala muy claramente al culpable: los bancos, la corrupción…". Esta identificación de un enemigo común permite que funcionen ciertas redes de solidaridad: "Como está claro que están desmontando la sanidad, ya no es el inmigrante el que ocupa mi turno y me obliga a esperar"."Antes la gente pensaba que los problemas estaban fuera, y que pequeñas ayudas eran suficientes para tranquilizar la conciencia. Ahora vemos que la voracidad de este sistema basado en la acumulación de riqueza y en la exclusión no tiene límites; expulsa a la gente de sus tierras allí y de sus casas aquí", argumenta Muñagorri, que ve en este proceso de asumir "que tenemos que enfrentar juntos problemas que suceden en muchos sitios pero que nos afectan a todos" el germen de "una conciencia ya no sólo asistencial, sino política" y de iniciativas solidarias como las mareas.


Cuando el individualismo se impone

A pesar de estas iniciativas de solidaridad "que de alguna manera alumbran puntos de esperanza", enfatiza Ávila, la lógica individualista de la competencia está "muy dentro de nosotros". Lo que explicaría, por ejemplo, el hecho de que habiendo una gran movilización en defensa de la sanidad pública no sea una reivindicación principal la recuperación de la tarjeta sanitaria por parte de los más de 800.000 inmigrantes sin papeles que se han quedado sin atención médica.
"Yo no creo que la gente pase", opina el secretario de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, Ramón Muñagorri, sobre la falta de una reacción mayoritaria ante las muertes en Ceuta o la expulsión de los sin papeles de la asistencia sanitaria. "Para mí lo que hay es una sensación de impotencia, de que es muy difícil combatir un sistema tan depredador, más el hecho de que es complicado estar saliendo a la calle todos los días por cientos de causas que nos están llamando". Esto, reconoce, podría justificar "ciertas prioridades en la movilización".
Los movimientos de contrapoder y de defensa de derechos surgidos en los últimos años –propios de "una sociedad madura", como la define Muñagorri– estarían evitando en España el ascenso de la ultraderecha que están viviendo otros países europeos, a pesar de que esos grupos "de ideología ultra o fascista, amparados en estas políticas antiinmigración, están siempre ahí, muchos en el marco de partidos conservadores".
"Yo sí creo que el surgimiento del 15M y de las movilizaciones sociales en respuesta a la crisis ha amortiguado un aumento del racismo que temíamos en este contexto, como ha sucedido en Francia, Austria o Suiza", coincide Ávila, que, sin embargo, avisa: "El problema es que esta manera de gobernar cada vez nos empobrece más, y la competencia es mucho más exacerbada entre los grupos sociales que están más cerca. Hay quien dice que después de una crisis económica vienen 12 años de crisis social. Si efectivamente se prolonga mucho la crisis social, y no hay una respuesta política por parte de los movimientos sociales que cree un clima que pueda desactivar estos discursos, no es impensable un repunte de las posturas xenófobas". 
Antonio Freijo, director de la ONG Karibú, que trabaja en la atención y acogida de los inmigrantes subsaharianos, menciona a los 240 voluntarios que sostienen su asociación para defender "que hay un espíritu de comprensión de la realidad en la población", pero muestra una gran preocupación por cómo cala en ciertas personas esta retórica que enfrenta a los de dentro con los que vienen de fuera.
Un argumento que este sacerdote considera injusto, ya que "la mayor parte de la inmigración viene en la mejor edad para trabajar y aporta su esfuerzo y su talento al desarrollo de este país como cualquier ciudadano". Además, lo califica de irreal, porque decirle a un inmigrante africano que nosotros también somos pobres "es insultarlo a la cara".
Todos estos razonamientos, según Freijo, se basan en la ignorancia, puesto que "nosotros explotamos las riquezas de sus países, así que lo que puedan conseguir aquí no es ningún regalo". Y propician actitudes poco razonables, como dejar enfermar a una persona –que "en vez de un catarro tendrá más adelante una neumonía, mucho más cara de curar"– en lugar de "exigir una asistencia sanitaria universal e igualitaria".

El final de la historia

Freijo fue misionero en Burundi hasta que lo expulsaron, en 1987, y demuestra conocer bien la realidad del continente africano cuando enumera los enfrentamientos tribales, hambrunas, genocidios o guerras que se han ido sucediendo allí y que han ido obligando a la población a huir a lo largo de las últimas décadas. También cuando define una característica propia de la inmigración africana: "Es muy individual. Las personas suelen venir solas para buscar una salida para ellas, pero sobre todo para sus familias, que se quedan en su país".
Es el caso de Djeumbe, que llegó a España en cayuco en 2006, con 21 años, para "buscar una vida digna". Ha trabajado repartiendo publicidad y en una agencia de figuración. Ahora no tiene empleo, así que no puede mandar dinero a los suyos tan a menudo como le gustaría. "No estoy muy contento, pero no me puedo quejar", asume con tono triste.
Mustafa, en cambio, disfrutaba de una vida algo más acomodada –"no nos faltaba para comer"– pero tenía un sueño: ser futbolista. Por eso, como muchos otros chavales africanos, con 19 años decidió dejar a su familia y su país y venirse a España cruzando el estrecho en patera. Ha trabajado como jardinero y, cuando ha podido, ha seguido formándose. Destina casi todo lo que gana a ayudar allí a sus tres hermanos en los estudios, en Senegal. Como su compatriota, ahora mismo está sin trabajo. "No suelo ser pesimista pero, tal como está todo, creo que tendré que irme", reconoce decepcionado.
Y cuenta que hasta en el Servicio Público de Empleo le dicen que si sale algo se lo darán antes a un español que a él, cosa que "no les pasa a los futbolistas famosos que vienen de fuera, que también son inmigrantes", remata con cierta rabia. 
Por lo que sabemos, Ibrahim, Armand, Oumar y el resto de los hombres que perdieron la vida intentando entrar en Ceuta venían también solos a buscar una vida mejor para ellos y para sus familias. Probablemente sus historias sean muy similares a la del Pichi, mote de un chaval que llegó a Melilla desde Malí. Cuenta Palazón que sus circunstancias eran especialmente dramáticas: una de sus hijas había muerto de una enfermedad común porque no tenían dinero para pagar a un médico. Mientras estaba de camino, supo que su otra hija también había fallecido. Quedaban esperándolo su mujer y un niño.
Palazón recuerda la determinación en la cara del Pichi, y que al charlar con él pensó: "A este chaval no lo para nadie". Se lo encontró años después en Níjar, Almería. Estaba trabajando en un invernadero y, aunque le contó que no ganaba mucho y que vivía mal, estaba contento porque podía mantener a su familia en Malí. A Ibrahim, Armand, Oumar… los pararon unas bolas de goma. Sus muertes merecen una explicación. Y nuestro dolor.

sábado, 15 de febreiro de 2014

Laicidad, o derecho a poder pensar

Coral Bravo

Laicismo, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, significa “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”, aunque la palabra “doctrina” sobra. En resumen, las personas y organizaciones laicistas no son contrarias a ninguna creencia religiosa, por surrealista que sea, sino que defienden simplemente la no injerencia de esas creencias en las instituciones del Estado. Porque el Estado está, desde un punto de vista democrático, obligado a mantener la neutralidad ideológica para velar por la convivencia pacífica, en el pluralismo, de todos los ciudadanos, sin excepción. Es de lógica de Perogrullo entender que sin laicismo es imposible que exista una verdadera democracia. Porque lo contrario al laicismo es el confesionalismo, es decir, el sometimiento del Estado a una determinada confesión religiosa (dogmática e irracional) que vela únicamente por los sectarios intereses propios, negando la diversidad e imponiendo el pensamiento único correspondiente. No hay más que recordar el franquismo, o la situación que se está viviendo en la España actual.


En España las palabras “laicidad” y “laicismo” han estado vetadas y difamadas, de manera inconcebible, aunque entendible, a lo largo de la historia. A excepción de los años de la II República, que se instauró como una democracia laica y defendió, mientras pudo, la independencia del Estado respecto de la religión, estos conceptos han sido siempre grandes desconocidos para los españoles. Incluso a día de hoy un importante sector de la población española desconoce si quiera el significado de ese término, y no llega a calibrar el importante componente político de las Iglesias. Se trata de desconocimiento, simplemente; desconocimiento alentado por las propias instituciones eclesiales, que nunca han permitido, y siguen sin querer permitir, el pluralismo ni la libertad de pensamiento y de creencias.

Es evidente que los sectores eclesiales llevan años en campaña difamatoria contra la laicidad. Manipulan el lenguaje para desprestigiar el término “laicismo” y a las personas u organizaciones que le defienden. Hablan de “laicismo positivo” para establecer una dicotomía inexistente, dando por hecho que existe un “laicismo negativo”; o hablan de una “ofensiva laicista”, cuando los laicistas no atacan a nadie, al contrario, se defienden del confesionalismo y de sus embestidas que atentan contra los derechos humanos fundamentales, por más que muchos ciudadanos vivan ajenos a ellas.

La última embestida verbal la ha emitido el portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, quien ha despotricado contra la Organización de las Naciones Unidas por su informe sobre la pederastia amparada por la Iglesia. En esas declaraciones, el secretario general de los obispos españoles ha manifestado que las críticas de la ONU forman parte de “una inquisición laica” con unos “dogmas ideológicos” que pretenden extender por el mundo. Y se quedó tan fresco; como si no supiéramos que la Inquisición fue una terrorífica institución de la Iglesia católica que se dedicó, durante muchos siglos, a matar a quienes no profesaban sus creencias o a quienes, como los científicos o los librepensadores, les molestaban; y como si no supiéramos que dogma significa “verdad revelada e indemostrable, ajena a la razón”, justamente lo que sostiene ideológicamente no sólo a la religión católica, sino a todas las religiones, inhibiendo de manera sistemática la libertad y el pensamiento racional y libre. La pederastia encubierta es, en cambio, un hecho probado y demostrado, sufrido por muchos miles de personas, no sólo en España, sino en todos los países donde el catolicismo está implantado.


En las antípodas de tanta sinrazón, se acaba de celebrar en Paris, el pasado sábado día 8 de febrero, un encuentro nacional entre políticos y politólogos franceses que, convocado por CLR (Comité Laïcité Republique), ha pretendido ser un espacio de discusión sobre la importancia de la laicidad en todos los ámbitos de la sociedad francesa: en la educación, en la política y en todos los aspectos que promueven el afianzamiento de la democracia del país. Y es que Francia es el referente de país laico. Tienen una ley, la llamada Ley de 1905, que garantiza la separación de Iglesias y Estado. En Francia se habla de laicismo, se defiende a capa y espada, es el gran baluarte de la República, y se sabe necesario para el progreso, la educación y la evolución democrática y ética de la sociedad. En España, como vemos, estamos a años luz.

Dice el filósofo y profesor inglés Anthony Grayling, en su libro The god argument (El argumento de dios): “Los apologistas de la religión se quejan de que los ateos y secularistas son agresivos en sus críticas. Yo siempre les digo: cuando ustedes tenían el poder ustedes no debatían con nosotros, sino que nos quemaban en las hogueras. Ahora lo que nosotros hacemos es presentarles algunos argumentos y algunas preguntas difíciles de responder, y ustedes se quejan”. Porque, en definitiva, como expresa uno de los lemas del CLR, “la laïcité n’est pas une opinion, c’est la liberté d’en avoir une”. La laicidad no es una opinión, sino la libertad para poder tenerla.

Coral Bravo es Doctora en Filología

Quino

Eutanasia: En asuntos de moral cívica nadie puede imponer sus creencias

Fernando Soler Grande
Médico y secretario, 
Asociación Derecho a Morir Dignamente (ADMD)

El debate sobre la despenalización de la eutanasia se ha desarrollado desde antiguo con escasos cambios argumentales en ambos sentidos. Ni siquiera el argumento estrella en su contra: la famosa "pendiente resbaladiza" ha perdido presencia tras evidenciarse que, en doce años de eutanasia en Europa y diecisiete de asistencia médica al suicidio en Oregón, no se han producido ninguno de los desastres a que, supuestamente, estaban abocadas las sociedades permisivas. Aunque los datos demuestran que quienes piden la eutanasia no son ancianos abandonados o presionados por un entorno hostil sino, muy mayoritariamente, personas lúcidas con acceso a cuidados paliativos, se sigue apelando al miedo para impedir la legalización de la eutanasia.
Este argumento de "la pendiente" tiene el claro objetivo de evitar la verdadera cuestión a dilucidar: si la decisión de poner fin a la propia vida es admisible en una sociedad no teocrática. Responder, es tomar posición sobre la propiedad de la vida. Si somos dueños de nuestra vida, parece deducible que como mínimo en aquellas situaciones en que a juicio de quien lo padece existe un sufrimiento que hace la vida no deseable, una sociedad democrática y plural está obligada a minimizar dicho sufrimiento desde el máximo respeto a la dignidad del interesado, que se concreta en su autonomía, su libertad para decidir el modo en que quiere vivir su final. Pretender que la única opción moralmente aceptable son los cuidados paliativos es no entender la autonomía de las personas; cuando no, un servicio a intereses inconfesados.

Porque sólo desde una concepción religiosa que considere la vida como don divino que no nos pertenece, cabe afirmar que sea irrenunciable aun percibiéndose como un mal. En todo caso, siendo esta concepción legítima, no puede pretender imponerse al conjunto de la sociedad. Sencillamente porque en asuntos de moral cívica nadie está legitimado para imponer sus creencias como si de doctrina se tratase. Uno es libre de no sentirse propietario de su vida pero no de negarles esa propiedad a los demás, convirtiendo el derecho a vivir en la obligación de vivir en cualquier circunstancia.
Quien dude sobre la conveniencia de despenalizar la eutanasia, sólo tiene que analizar qué organizaciones se oponen a ella. Se encontrará con la jerarquía católica, especialmente sus grupos más fundamentalistas que parecen dispuestos a monopolizar tanto los cuidados paliativos como la ética médica oficial y aquellos sectores médicos que siguen considerando su propia ética superior a la del paciente a quien deberían servir. Médicos que se creen obligados a la defensa de la vida en abstracto y no al servicio del ser humano enfermo desde el respeto a su autonomía y dignidad. Quienes han tenido ocasión de tratar con esa clase de médicos, saben de qué hablo.
Precisamente porque las ciudadanas y ciudadanos somos conscientes de la dominación en que pretenden mantenernos esos poderes fácticos, todas las encuestas realizadas en España muestran que, independientemente de su opción política o religión, la población está muy mayoritariamente a favor de su derecho a decidir cómo vive su final.

El tiro al negro

David Torres
El ministro del Interior, Fernández Díaz, compareció en el Congreso para explicar la actuación de la Guardia Civil en la masacre de Ceuta y, a medida que hablaba, su comparecencia se iba transformando palabra por palabra en un especial de Barrio Sésamo. Por momentos al ministro le empezó a brotar de la calva una pelusa azul y al final ya era el mismísimo Coco quien estaba aleccionando a los niños sobre los términos “cerca” y “lejos”, “fuera” y “dentro”, “blanco” y “negro”, “tierra” y “mar” y otros excitantes conceptos fronterizos.
Fernández Díaz, experto en milagros divinos e intercesiones marianas, es el único erudito capaz de explicar cómo once personas se van ahogando solas mientras un montón de guardias civiles armados de buena voluntad intentan ayudarlos a base de pelotazos de goma. Ciertamente, hace falta un milagro de los gordos para aceptar esta tesis que va contra todas las leyes de la física, de la puntería y de la lógica. Pero no olvidemos que el ministro del Interior (además de tener línea directa con la Virgen y de fichar a Santa Teresa de Jesús para que nos eche una mano con esto de la crisis) alumbró la conexión entre el aborto y ETA, y sugirió que los dinosaurios se extinguieron por culpa del matrimonio homosexual. Para que luego digan que la ciencia ha emigrado de España. Este hombre merece por lo menos dos premios Nobel, uno por correo y otro aéreo.

Sólo el descubridor del Orgullo Triceratops podía aventurar que nuestra muy heroica Guardia Civil disparase una barrera de pelotas de goma para fijar la línea fronteriza en el mar; le faltó decir que eran de goma para facilitar la natación, ya que no tenían a mano flotadores con forma de patito. El ministro corrigió así la primera versión de la Guardia Civil, que decía que ellos no dispararon pelotas de goma. Ahora resulta que sí las dispararon pero apuntando lejos, para que se marcharan, un poco al estilo de Lola Flores: “¡Si me quéreis, irsen! ¡Marcharsen!” En la tercera versión, que seguramente oíremos en breve, puede que algún guardia civil estuviera apuntando, pero poco y mal, y en las sucesivas, fijo que más de un inmigrante metió la nuca en la línea de tiro sólo por joder. Que no tomaban puntería no es muy difícil de creer: al fin y al cabo no tiraban al blanco sino al negro.
Ya lanzado de lleno a las entrañas del derecho internacional, Fernández Díaz inventó ayer el concepto de la “frontera elástica o retráctil”, aunque para haber convencido a la oposición tal vez habría necesitado hacer una demostración con una tripa y una faja. Al final, para el ministro quedó perfectamente claro que la Guardia Civil actuó de manera idónea y proporcional, aunque no acabo de explicar cómo, si lo hicieron tan bien, hubo supervivientes. Los muertos abortaron a una edad indeterminada entre los veinte y los treinta años de edad. El mar es ETA. Algunas pelotas de goma se casaron por el rito homosexual. Santa Teresa estaba fuera de cobertura. La Virgen hizo un milagro pero a la inversa. A falta de gitanos, la Guardia Civil escribió con sangre y en negrita unos cuantos versos más del Romancero Subsahariano.
Inmigrante herido por el impacto de pelotas de goma en la playa de Ceuta cuando intentaba entrar a nado, según denuncia la Coordinadora de Barrios a través de esta imagen

La muerte llama a las puertas de Europa

Marina Albiol Guzmán
Diputada de Esquerra Unida del País Valencià

Las entrañas de la Europa actual han quedado al descubierto en los rostros terribles de los inmigrantes que han perdido la vida por haberse atrevido a intentar vivir, por soñar con un trabajo mal pagado en una sociedad que les da la espalda y no duda en llevarles a la muerte. Toda el agua del mar no podrá lavar la sangre de las manos de aquellos gobiernos que apoyan las leyes represivas de la Unión Europea contra la inmigración.
Vivimos en un mundo cada vez más injusto, donde las desigualdades norte-sur son cada vez más grandes. Donde la mitad de la riqueza mundial está en manos del 1% de la población. Un mundo donde miles de niños mueren cada día por causas evitables, por hambre, por enfermedades curables, por guerras.
Por tanto no podemos ignorar que, generalmente, las personas migrantes lo hacen forzadas por la imposibilidad de sobrevivir en sus sociedades de origen. Huyen de las guerras, del hambre y de la miseria, de las enfermedades, de la explotación de las multinacionales que apoyan los gobiernos occidentales.
No sólo les negamos el derecho a migrar, sino que no hemos contribuido a qué pudieran ejercer su derecho a no migrar.
Hay una cuota de responsabilidad atribuible a los países a que se acogen. En los países de Europa y de América del Norte tenemos una responsabilidad. El norte tenemos una responsabilidad con el sur. Años de colonialismo y de explotación, que todavía continúa, con la venta de armas a países en conflicto, con las empresas expoliando sus recursos, y nuestras democracias apoyando a sus dictadores.
Pero aquí, en Europa, lo que hacemos es impedirles la entrada, encerrarlos, expulsarlos. Europa se dedica a construir muros cada vez más altos para preservar su bienestar. Muros físicos, fronteras, alambradas con cuchillas, como símbolo máximo de la crueldad humana. Y muros políticos, que han hecho que en los últimos quince años, miles de personas se hayan dejado la vida en el mar. Europa se ha convertido en una gran fortaleza.
Ahogados por la insolidaridad, desde Lampedusa hasta Ceuta, todos son muertos de las políticas de la Unión Europea.
La política de la Unión Europea sobre migración es una política represiva, una política de “mercado libre” en estado puro. Por una parte se atrae mano de obra barata cuando es necesaria para los intereses del capitalismo europeo, pero al tiempo sólo se quiere a los inmigrantes como fuerza de trabajo, como mercancía en el más puro y cruel sentido capitalista, pero sin reconocerles ningún derecho, ni siquiera el derecho a la vida.

Europa se blinda contra la inmigración, como si de una plaga se tratara.
Y a los que consiguen llegar, les espera la prisión, los Centros de Internamiento para Extranjeros, prisiones para personas que no han cometido ningún delito, encarcelados para no tener papeles. Los CIEs son centros que atentan contra la dignidad y las libertades fundamentales de los que intentan conseguir una vida mejor.
Las vallas, los CIEs, las leyes de extranjería represivas, las cuchillas, las balas de goma y los botes de humo en Ceuta, son todo parte de esa Europa fortaleza que se blinda contra las víctimas del capitalismo.
Los pueblos de Europa, la clase obrera, debemos poner fin a esto, derribar los muros de los centros de internamiento y arrancar esas vallas de la vergüenza que siegan vidas. Recordando siempre, que “el trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra”.

venres, 14 de febreiro de 2014

Volve ó Congreso o aborto de lei (conciencia ou disciplina)

Outra vez o aborto, case que todo o PP rexeitou por voto secreto a proposta do PSOE pedindo a retirada da reforma do aborto, Prietas las filas, todos como un Gallardón, incluídas as mulleres. Esas mulleres do PP (incluídas as votantes) que non son mulleres, son señoras, incluindo a ideoloxía non nos enganemos.

"No voten como diputadas del PP lo que no votarían como mujeres"        
(E. Valenciano PSOE)

Chámense Villalobos, Fátima, Cospedal ou outra calquera estas coherentes señoras da súa casa, o "descanso do guerreiro", a nai que suple á orixinal, a que atende a súa familia para có home da casa decida qué facer en cada momento, obedientes perriños faldreiros..., boas nais e esposas de educación relixiosa e ideas tan claras que nin sequera necesitan pensar, se non fora así non pertencerían a un partido como o PP. Son esas señoras que logo acompañaran ás fillas embarazadas a Londres a facer unhas compriñas en Harrod's aproveitando... Ah! logo saúdanse na misa de doce onde o sacerdote arenga "Excomulgadas todas las mujeres que practiquen un aborto, todos los que participaron de él y todos los que lo consintieron", e en relación a unha violación "una mujer que es víctima de la violencia, no debe practicar más violencia abortando. Se le debe ayudar a superar el trauma pero nunca hacer más violencia" son esas moldeadas da costilla dun varón, que non denuncian á Igrexa por abusos ós nenos, claro, iso non é un delito, porque o neno xa naceu… Señoras Botellas, Aguirres, Cospedalas, Sorallitas, Anitas Mato... señoronas de mantilla, peineta, rosario, confesión de primeiros venres e avultada conta corrente. Señoras da rúa Serrano ou rúas céntricas de cada pobo…

Dama dama de alta cuna                                           
De baja cama, señora de su señor,
Amante de un vividor.
(…)
Envuelta en seda e pieles,
Devoradora de esquelas, partos y demás dolores
Emisora de rumores, asidua en los sepelios
De muy negros lutos ellos.
El sábado arte y ensayo, y el domingo en los caballos
En los palcos del real, los tés de caridad
Jugando a remediar, es una...
(…)
Puntual cumplidora del tercer mandamiento
Algún desliz en el sexto,
Pero buena madre y esposa de educación religiosa
Y muchas veces se ha dicho
Que si no fuera por el riesgo
Sería el niño en el bautizo,
La novia en la boda,
Y el muerto en el entierro,
Con tal de dejar su sello. (*)

as ideas gardanse para o chocolate con pastas, as tendas caras, perruquerías salas de masaxe, ximnasio ou tertulias da tele, de feito, no PP levan opinando o mesmo dende tempos dos Reis Católicos, ou pode que antes…

"En el PP hay diferencia de ideas pero siempre opinamos lo mismo"
(Martínez Pujalte PP)


As/os que deciden sobre os problemas dos demais non teñen problemas… non necesitan da sanidade pública porque teñen a privada, non necesitan transporte público porque teñen coche, non necesitan ensinanza pública porque van á privada, non necesitan banca pública porque son accionistas da privada e non necesitan dereito ó aborto porque en caso de necesidade vanse de compras a París ou Londres a calmar a 'depre' que din provoca a unha muller abortar.
Gallardón considera cás mulleres que abortan fano por presións sociais e non por vontade propia, co que parece có Ministro considera ás mulleres incapaces de cavilar, ó manifestar que unha muller que non é nai é un ser incompleto e frustrado.

Unha lei restritiva que fai ás mulleres presas das decisións dun ministro beato, supeditado ás imposicións da Conferencia Episcopal, unha lei supeditada o beirado máis á ultradereita dun partido que acolle no seu colo as ideoloxías máis reaccionarias, integristas, machistas de todo o electorado, razón pola cal neste triste país gobernado por este partido que se di de centro e ideoloxía sumamente retrógrada, non existen partidos de ultradereita. Ós máis reaccionarios chégalles có Goberno de Rajoy, lexisle, como demostra coa lei de 'Protección da vida do concibido e dereitos da embarazada', como o máis ultra de Europa.

O Congreso foi un exemplo de asentimento feminino, unánime e silencioso, que impón a secular submisión, unha triste recua de úteros prisioneiros de ser consecuentes coas ideas de beleza dos machos alfa a necesidade de depilarse o pubes, e pasar por quirófano para extirparse tetas… Ovarios en mans da curia e un neoliberalismo inhumano que quere unha masa traballadora sometida á penuria para así poder explotala mellor, a dignidade en mans do BOE, o drama de ser muller no PP é retrotraerse ó século XIX. Un Pleno do Congreso dos Deputados que aínda hoxe cheira a voto de testosterona... nesta España da beatería, da sección feminina e da falanxe no roubo de dereitos das mulleres en regresión casposa. Non entendo a predisposición que teñen a ser sometidas polo macho.


Celia Villalobos que di unha cousa pero vota a contraria, reflexa moi ben o drama de ser muller no PP, a loucura de seguir adiante cun aborto de lei que retrata ás femias como inferiores pretendendo manter en equilibrio a dignidade por razón de xénero. 

A ver se nos decatamos, unha lei que defenda o aborto sen restricións non significaría a desprotección do "TEU" feto ou fillo porque ti tes a liberdade de telo, non, non van poñer unha brigada abortiva de policía que te obrigue abortar…, en cambio o que fai a lei Gallardón é eliminar a seguridade xurídica de quen non pensa coma ti e opta polo seu dereito a abortar.



(*) Anacos de 'Dama Dama' de Cecilia