xoves, 31 de outubro de 2019

A febre do wolfram (Tres fotografías de mulleres e homes traballando na mina de Valborraz)

Hugo Wast

A febre do wolfram.
Entre os anos 1940 e 1944 Galicia converteuse no escenario dunha guerra xorda entre a Alemaña nazi apoiada polo réxime franquista e os aliados por facerse co control dun mineral estratéxico para a industria de guerra alemá, o wolframio. Galicia posuía neses anos os únicos xacementos no mundo capaces de fornecer á Alemaña de Hitler. A produción pasou de 200 Tm. en 1939 ata preto de 4.000 Tm. en 1944 chegando a representar o 28% das exportacións anuais españolas.
A única posibilidade dos aliados de facerse coa produción de wolfram era pagar máis que os alemáns aos intermediarios. Esta medida provocou que os prezos se disparasen exponencialmente ano tras ano pasando de 8 pts./kg en 1939 ata 262 pts./kg en 1943.
Nunha Galicia asfixiada pola escaseza e as cartillas de racionamento, as montañas galegas enchéronse de mineiros, intermediarios, espías, contrabandistas, aventureiros, presos utilizados como traballadores forzados e os mesmos paisanos que se botaban ao monte para conseguir uns kg. daquel ouro negro.

Foto de Hugo Wast.
Mulleres traballando na mina de Valborraz, Casaio, Carballeda de Valdeorras, Ourense. [ca..1941..43]
Fotógrafo descoñecido. Fonte: Documental "La batalla desconocida" Agallas Films - Tve - Crtvg - Agadic - Xunta de Galicia

Mais coñecida pola "MIna dos alemáns" un dos principais xacementos de wolfram na Galicia dos anos 40.
Cantar popular na memoria das mulleres de Santa Comba :
Fun á mina de Varilongo
para gañar un patacón
agora xa teño diñeiro
para comprar un pantalón.

Foto de Hugo Wast.
Mulleres traballando na mina de Valborraz, Casaio, Carballeda de Valdeorras, Ourense. [ca..1941..43]
Fotógrafo descoñecido. Fonte: Documental "La batalla desconocida" Agallas Films - Tve - Crtvg - Agadic - Xunta de Galicia


As mulleres non traballaban dentro das galerías senón noutras tarefas como a carga de vagonetas, no lavadoiro do mineral ou retirando a escoria e tiñan un salario un puoco menor ao dos mineiros de baixa cualificación que podía alcanzar unhas 7 pts./día.
A venda no mercado negro dun só kg. de wolfram podía supoñer, máis de 200 pts. Os roubos de material ao longo de toda a linea de produción e transporte eran frecuentes a pesar da presenza de vixiantes e ás grandes multas que podían carrexar.

Foto de Hugo Wast.
Entrada a mina de Valborraz, Casaio, Carballeda de Valdeorras, Ourense. [ca..1941..43]
Fotógrafo descoñecido. Fonte: Documental "La batalla desconocida" Agallas Films - Tve - Crtvg - Agadic - Xunta de Galicia


A explosión dos prezos do wolfram fixo que dunhas poucas explotacións mineiras en Galicia a principios dos 40 se chégase a máis de 100 minas en 1943. Desde minas grandes, organizadas e con grandes medios técnicos xestionadas directamente por empresas do holding nazi Sofindus, como as de Casaio, Fontao ou San Finx ata unha gran masa de pequenas minas sen máis medios técnicos que os picos, pas e carretillas duns poucos mineiros.
En 1943 figuraban rexistrados oficialmente preto de 8.000 mineiros, a cifra dos ilegais estímase en máis do dobre desa cifra.

Lo que los grandes medios no están contando sobre EEUU



Vicenç Navarro

Si usted visita EEUU podrá ver la enorme atención que los principales medios de información de aquel país dedican al presidente Trump. En realidad, sus actividades centran las noticias políticas de la jornada, día tras día, desde el inicio de su mandato. Tal cobertura mediática tiende a ser negativa, criticándolo primordialmente por sus maneras, sus falsedades, sus groserías, sus salidas de tono muy poco presidenciales y un largo etcétera. Y lo mismo ocurre, por cierto, en los principales medios de información españoles, cuya cobertura de la situación política de aquel país es, con contadísimas excepciones, bastante deficiente. No soy yo alguien que valore positivamente la figura del presidente Trump. Todo lo contrario. Pero creo que es un gran error de tales medios de información que den tanta visibilidad y notoriedad a este personaje, pues contribuyen a crear la percepción de que el problema más importante que tiene EEUU es el comportamiento de Trump, olvidando que el mayor problema real de la vida política de aquel país es que un sector muy importante de la población le votó, y que muy probablemente le continuarán votando, no excluyéndose, por lo tanto, la posibilidad de que salga reelegido de nuevo en las próximas elecciones presidenciales.
Repito, pues, que por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU no es primordialmente Trump, sino que gran parte de la clase trabajadora blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora) le votó y es probable que continúe votándole. Ni que decir tiene que muchos otros grupos y clases sociales también le votaron. Pero el grupo más decisorio y que jugó un papel clave en su victoria (especialmente en los Estados industriales de aquel país que determinaron dicho triunfo) fueron barrios obreros blancos, algunos de los cuales, por cierto, habían votado al candidato Obama en las anteriores elecciones. Y lo que es más que preocupante es que este sector de la clase trabajadora blanca continúa siéndole muy leal. Según encuestas recientes, un 80% de los que le votaron le votarían de nuevo. No hay ningún otro candidato que tenga un nivel tan alto de lealtad de sus votantes como Trump. Este es el gran problema que existe en el país, del cual los medios no hablan. Y lo que es igualmente preocupante es que durante estos años de gobierno Trump, el Partido Demócrata (que es el otro partido del sistema bipartidista estadounidense) apenas ha prestado atención a por qué este personaje ganó las elecciones que el Partido Demócrata perdió. En realidad, este último partido, que ridiculiza constantemente la figura de Trump en lugar de analizar por qué la gente le votó, ignora deliberadamente que fueron precisamente las políticas públicas aplicadas por los gobiernos del Partido Demócrata las que causaron que se votara a Trump. De ahí que se centren tanto en el personaje y muy poco en la enorme responsabilidad que el Partido Demócrata ha tenido en su victoria.
Las causas de la victoria de Trump: las políticas neoliberales del establishment demócrata
Toda la evidencia muestra que han sido las políticas públicas neoliberales aplicadas por el establishment político del Partido Demócrata las que han antagonizado a la gran mayoría de la clase trabajadora, que se siente totalmente ignorada por dicho establishment. En realidad, este establishment actuaba bajo el erróneo supuesto de que ya no existía una clase trabajadora en el país. En su ideario y argumentario su base social era y continúa siendo la clase media, pues asumían que la clase trabajadora o bien había desaparecido o se había transformado en clase media (algo parecido le ocurre, por cierto, a la socialdemocracia europea, incluyendo a la española, el PSOE). De ahí que el Partido Demócrata no haya digerido todavía la victoria de Trump y no entienda lo que está pasando entre sus bases electorales, incluyendo la clase trabajadora, que ha ido abandonando este partido desde hace ya años, el cual solía llamarse el Partido del Pueblo (the People’s Party)  y que ahora podría definirse como el partido del capital financiero (the Wall Street Party), siendo la banca (Wall Street) una de sus fuentes más importantes de financiación, incluyendo las candidaturas del presidente Clinton, del presidente Obama y de la presidenciable Hillary Clinton.
Las características del Partido Demócrata: su promoción de la globalización neoliberal
El Partido Demócrata, desde la época del presidente Clinton –que, junto con Tony Blair (del Partido Laborista británico), y Gerhard Schröder (del Partido Socialdemócrata alemán), fundó la Tercera Vía–, fue el abanderado de la globalización de la industria y del movimiento de capitales que han contribuido a la desindustrialización de EEUU (el sector con mayores salarios donde estaba empleada la clase trabajadora blanca). Este apoyo a las políticas globalizadoras era parte de su ideología neoliberal promovida por el mundo de las grandes empresas estadounidenses (que en EEUU se conoce como The Corporate Class, es decir, la clase de propietarios y gestores de las grandes corporaciones industriales y de servicios del país). Tal ideología representaba no solo un abandono de las políticas públicas keynesianas, sino también de aquellas que intentaban redistribuir los recursos a favor del mundo del trabajo. Es importante señalar, sin embargo, que Clinton no se presentó como neoliberal cuando fue elegido en 1992. Todo lo contrario. Ganó aquellas elecciones con un programa que tenía muchos componentes progresistas procedentes de la campaña de las izquierdas dentro del Partido Demócrata, lideradas por Jesse Jackson, del cual fui asesor, que casi ganó las primarias de tal partido en 1988 frente al candidato del aparato del Partido, Dukakis, gobernador de Massachusetts.
El gran éxito de Jackson y su Rainbow Coalition (repito, la alianza de las izquierdas del Partido Demócrata) explica que Clinton, astutamente, hiciera suyas muchas de sus propuestas progresistas, tales como establecer un Programa Nacional de Sanidad, todavía inexistente en EEUU. Estas propuestas contribuyeron a su victoria, propuestas que, sin embargo, tan pronto ganó, abandonó. En realidad, no solo abandonó gran número de las propuestas de la Rainbow Coalition que había hecho suyas, sino que incluso aprobó algunas de las propuestas más favorables al mundo empresarial (The Corporate Class) que había promovido el presidente Bush padre, que le precedió. Entre ellas, la más importante fue el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México (NAFTA), que fue aprobado en el Congreso de EEUU en contra de la mayoría de demócratas y con el apoyo de los republicanos y los demócratas del sur de EEUU (el sector más conservador de tal partido). Esta medida creó un gran enfado y rechazo por parte de la clase trabajadora, que determinó su abstención en las elecciones al Congreso de 1994 (dos años después de la victoria de Clinton), lo que provocó que el Partido Republicano ganara la mayoría en dicha cámara, hablándose entonces de la “revolución republicana”, cuando en realidad el resultado de aquellas elecciones fue la derrota del Partido Demócrata liderado por Clinton, más que la victoria de los republicanos.
Las consecuencias del neoliberalismo de la Tercera Vía
Como consecuencia de tal “revolución republicana”, Clinton hizo suyas, de nuevo, las propuestas neoliberales promovidas por los republicanos. Como resultado de ello, los salarios y el poder adquisitivo de dicha clase trabajadora descendieron y han continuado descendiendo desde entonces (incluso durante el mandato del presidente Obama), de manera que el salario mínimo por hora en EEUU es de solo 7,25 dólares (estandarizados por unidades de poder de compra –UPP–), uno de los más bajos dentro del capitalismo desarrollado. El salario mínimo del promedio de los países de la UE-15 es de 9,2 dólares por hora (sin incluir Suecia, Dinamarca, Italia, Finlandia y Austria). El salario mínimo por hora en España es de 6,9 dólares estandarizados, uno de los más bajos de la UE-15.
Es importante señalar que una evolución semejante a la del nuevo Partido Demócrata clintoniano ocurrió en Europa con la socialdemocracia, que fue perdiendo su base electoral (primordialmente, la clase trabajadora) al convertirse al neoliberalismo, dejando de ser socialdemócrata para pasar a ser socioliberal, adoptando políticas públicas neoliberales que favorecieron claramente a sus Corporate Classes. Esta fue la causa del crecimiento de la ultraderecha, un fenómeno que ha caracterizado a muchos países a los dos lados del Atlántico Norte.
Esta transformación de la socialdemocracia al socioliberalismo se debe a muchas causas, pero una de especial interés es el cambio en la financiación de tales partidos (dependiendo cada vez más de los fondos procedentes de la Corporate Class), así como el cambio en la composición de su personal y de sus dirigentes, todos ellos pertenecientes a las clases medias de educación superior (la clase media ilustrada), que carecen de cualquier conexión con la clase trabajadora, a la cual ignoran.
La supuesta “modernización” del Partido Demócrata. La sustitución de las políticas redistributivas por las políticas de igualdad de oportunidades
El distanciamiento del Partido Demócrata de la clase trabajadora y su creciente acercamiento a la clase corporativa (característica de la Tercera Vía) explica su compromiso con la globalización neoliberal y con la redefinición de las políticas redistributivas, favoreciendo a partir de entonces a las rentas del capital y a los grupos pudientes, a costa del descenso de las rentas del trabajo. Así lo muestran los datos sobre la distribución de las rentas en aquel país: las rentas del trabajo descendieron, pasando de representar un 65,3% en 1993 (cuando Clinton comienza su presidencia) de todas las rentas del país, a un 60,5% en 2018. La continuación de tales políticas ha causado un enorme crecimiento de las desigualdades, de manera tal que, según un reciente estudio de Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman, titulado The triumph of injustice, 400 familias pudientes acumulan más riqueza que el conjunto del 60% de renta inferior de todos los hogares. Y el 0,1% tiene más riqueza que el 80%. En realidad, un impuesto de un 2% sobre los ingresos a tales familias originaría suficientes ingresos para eliminar la pobreza en aquel país.
Esta transformación del Partido Demócrata ha ido acompañada de la desaparición de la categoría de clase social como variable para entender la realidad política y social del país. El enorme poder de la clase dominante (the Corporate Class en EEUU) explica la desaparición de la categoría de clase social en el análisis y discurso de un país (incluyendo los EEUU, donde el poder de la clase dominante es muy grande). En realidad, este fenómeno ocurre también en España, donde casi nadie habla de clases sociales. En su lugar, las categorías raza y género centran el tema de las desigualdades.
Este cambio en EEUU fue acompañado de otro: las políticas redistributivas pasaron a ser sustituidas por las políticas favorecedoras de la igualdad de oportunidades, con el objetivo de terminar con la discriminación racial y sexual (pero no por clase social). De esta manera el Partido Demócrata intentó y continúa presentándose como el partido de las oportunidades, garantizando que todo ciudadano estadounidense tenga la misma oportunidad de alcanzar la cúspide social. Su centro de acción es el área legislativa federal que sanciona y penaliza la discriminación por raza y género (repito, pero no por clase social), entre otros. Estas políticas han facilitado la movilidad vertical, sobre todo en el sentido de incorporar afroamericanos (y en menor medida, latinos) y mujeres en las instituciones públicas (y en menor grado, privadas) de EEUU. Su máxima expresión fue la elección de un afroamericano, el Sr. Obama, como presidente y la casi victoria de una mujer candidata a presidenta. Esta incorporación e integración  de las minorías y de las mujeres en las estructuras de poder político tuvo desde el principio un condicionante de clase social, pues en su gran mayoría, las personas integradas pertenecían a las clases medias profesionales, y solo muy raramente a las clases trabajadoras.
Crítica de Nancy Fraser y del concepto del neoliberalismo progresista
Se equivoca, sin embargo, Nancy Fraser al considerar el clintonismo como la alianza de los movimientos sociales –movimientos de los derechos civiles y feministas, entre otros- con el Partido Demócrata, definiendo tal alianza como el neoliberalismo progresista (ver su artículo “The end of progressive neoliberalism”, Dissent, 02.01.17). Su intento de convertirse en un partido feminista, por ejemplo, se da en respuesta a la radicalización de amplios sectores de tales movimientos que crearon una alarma entre el establishment político estadounidense y, muy en particular, en el Partido Demócrata, el cual respondió a tal amenaza mediante el intento (en parte exitoso) de coaptación e instrumentalización de sus dirigentes, incorporándolos a la estructura de poder, dentro de un contexto definido por la correlación de fuerzas bajo el dominio de la Corporate Class. Se intentaba con ello diluir así cualquier amenaza de inestabilidad para el orden existente.
La radicalización de los movimientos sociales y el intento del Partido Demócrata de contenerla. El movimiento feminista
Véase lo ocurrido con el mayor movimiento feminista existente en EEUU (NOW), que apoyó activamente a Hillary Clinton como candidata a la presidencia (que fue la máxima defensora de la globalización neoliberal en la administración Obama). La dirección de NOW insuflaba una visión neoliberal en sus programas que representaba solo a un sector de las mujeres y del movimiento defensor de los derechos de las mujeres: el sector formado por personas pertenecientes a la clase media profesional con educación superior (la citada clase media ilustrada). Tal clase social y tal feminismo neoliberal en EEUU eran y son profundamente antisocialistas: la candidata Hillary Clinton intentó destruir al candidato socialista Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata, que las encuestas mostraban que podría haber ganado las elecciones presidenciales. Esta hostilidad hacia las izquierdas incluyó también una fuerte oposición a las feministas contestatarias antiestablishment, que fueron marginadas y discriminadas. Las herederas de estos sectores de izquierdas, procedentes de las clases populares (como Alexandria Ocasio-Cortez, entre otras), representan el feminismo socialista, y se presentan sin tapujos como tales y como parte del movimiento socialista liderado por Bernie Sanders.
El movimiento de liberación de la población negra
Un tanto igual ocurrió con el movimiento de liberación negro que, en sus orígenes, vio asociada la liberación de la mayoría de la población negra con la liberación de la mayoría de la clase trabajadora, hasta tal punto que una semana antes de ser asesinado, Martin Luther King definió la “lucha de clases” como la realidad social que afectaba más la vida política, económica y social del país, esto es, como el punto esencial de la vida del país. De ahí que promoviera la alianza e incluso confluencia de todos los movimientos que defendían a las víctimas del sistema político, económico y cultural de EEUU, dominado por la Corporate Class y sus establishments políticos y mediáticos. Promovió así la convergencia del movimiento de derechos civiles con el movimiento obrero, relacionando así la liberación de ambos colectivos. La clase social era, para Martin Luther King, el elemento de transversalidad que facilitaba las alianzas, denunciando el racismo como el mecanismo e ideología que la Corporate Class utilizaba para dividir a la clase trabajadora del país.
Las políticas del Partido Demócrata, sin embargo, no apoyaron tal estrategia. Al contrario, desarrollaron estrategias y políticas que intentaban integrar dentro del sistema a cada grupo por separado. En el caso de la población negra, las políticas públicas de tipo asistencial, a fin de integrarla dentro de la estructura de poder (idea que alcanzó su máxima expresión con la elección del presidente Obama), mostraron las limitaciones de tal estrategia: el nivel de vida de la población negra no mejoró durante su mandato.
Hacer esta observación no implica desmerecer la importancia del factor simbólico. Su importancia depende, sin embargo, del contexto en el que aparece. El bienestar y la calidad de vida de la mayoría de la clase trabajadora, de raza negra en Baltimore, no ha mejorado al cambiar de raza la alcaldía, años atrás blanca, y ahora negra. Las políticas neoliberales se han continuado aplicando incluso con una alcaldesa, mujer y afroamericana, que vetó el aumento del salario mínimo en una ciudad donde la mayoría de la población es precisamente afroamericana. Así pues, la integración de las minorías y de las mujeres en diferentes estratos del Estado realizada por el Partido Demócrata neoliberal ha servido primordialmente para promover mejor el neoliberalismo.
Trump como consecuencia del rechazo al neoliberalismo progresista
El mal llamado neoliberalismo progresista fue precisamente el que creó un enorme rechazo entre los grupos más perjudicados por la aplicación de sus políticas, principalmente los sectores de las clases populares en general y la clase trabajadora en particular: y esa fue la cantera de apoyo a Trump. Sanders podría haber canalizado este enfado y ello ocurrió durante la campaña, pues sus máximos apoyos vinieron de la clase trabajadora y de los jóvenes, como también está ocurriendo ahora. El ataque sobre él y su destrucción como candidato por parte del aparato del Partido Demócrata contribuyó al éxito de Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment. El votante más fiel a Trump es profundamente antiglobalización, y percibe al gobierno federal como el origen de sus problemas debido a su atención supuestamente exclusiva a las minorías y a las mujeres (de renta superior) a costa suya (sean hombres o mujeres), y a su excesiva tolerancia con la inmigración. Trump, que lejos de ser un inepto es enormemente astuto, alimenta esta percepción con un lenguaje muy accesible y muy popular, con grandes dosis de racismo y sexismo, y con un comportamiento antiestablishment que ayuda a ofuscar y ocultar sus políticas enormemente favorables al componente más reaccionario de la Corporate Class.
Su nacionalismo extremo, basado en un sentido de supremacismo racial (de la raza blanca), machista, profundamente antidemocrático, autoritario y caudillista, reúne las características del fascismo europeo, con una excepción. El fascismo europeo (que era también el instrumento de las clases dominantes para destruir el movimiento socialista y comunista) no era anti-Estado, pues competía con el movimiento obrero en la necesidad de cubrir las necesidades básicas de la clase obrera. En cambio, el trumpismo sí que es anti-Estado y anti políticas públicas sociales. Es un fascismo libertario más semejante a Vox que a Le Pen. Y representa una enorme amenaza para la democracia y el bienestar de las clases populares.
¿Cuál es la alternativa?
Una de las causas del enorme poder de la Corporate Class en EEUU es la atomización y autonomía de los movimientos de resistencia, hecho que ya está también ocurriendo en Europa. En EEUU, a diferencia de la Europa Occidental, no ha habido movimientos que favorecieran la transversalidad entre ellos. La Rainbow Coalition fue una excepción. Su objetivo era establecer una alianza de los movimientos sociales. Pero incluso tal alianza no tuvo una ideología que permitiera relacionar los distintos tipos de explotación para establecer un futuro y proyecto común. La ausencia de un proyecto socialista de masas que permita relacionar explotación de clase social, explotación racial y explotación de género, por ejemplo, ha debilitado cada uno de estos movimientos, que acaban compitiendo por el apoyo popular.
En la Europa Occidental, el socialismo tuvo una amplia base social que permitió avanzar en varias dimensiones de la liberación humana. No es por casualidad que los países donde la explotación de clase (y las desigualdades que genera), de género y de raza es menor sean los del norte de Europa, donde partidos pertenecientes a tal tradición política han gobernado durante la mayor parte del período transcurrido desde la II Guerra Mundial. No hay en esos países movimientos feministas muy fuertes. Sin embargo, las mujeres tienen muchos más derechos políticos, sociales y laborales que en EEUU, donde tales derechos están enormemente limitados. El contexto político es determinante, y este contexto en EEUU es muy desfavorable para la liberación de las distintas causas de la opresión, al no haber un proyecto común. Lo que es preocupante es que este modelo neoliberal se está extendiendo también en Europa. En realidad, en Europa, el crecimiento de la ultraderecha no ha alcanzado todavía las dimensiones de EEUU, donde el partido gobernante, el republicano, es ya un partido de ultraderecha con características fascistoides. Esto es nuevo en EEUU, y es muy preocupante. Trump es un síntoma, pero no la causa. Y el que no se vea así es el gran problema.
Los candidatos en el Partido Demócrata
La alternativa a este “neoliberalismo supuestamente progresista” (hoy representada por una mujer, líder del Partido Demócrata, Nancy Pelosi), ha sido Bernie Sanders, que se define sin tapujos como socialista, tomando como referencia las políticas públicas de carácter universal que empoderan a la ciudadanía en su totalidad. Es el equivalente al socialdemócrata nórdico escandinavo de hace veinte años. Y es enormemente popular entre los jóvenes y entre la clase trabajadora. Ni que decir tiene que es una de las personas más odiadas por el establishment político-mediático de EEUU, que utiliza todos los medios a su alcance para destruirlo. La otra candidata es Elizabeth Warren, un personaje curioso, pues aunque procede de una familia con escasos recursos, pasó a ser integrada rápidamente en las instituciones, convirtiéndose en profesora de Harvard. En esta etapa de rápido ascenso tuvo posturas neoliberales. Pero cambió y ha ido tomando posiciones más próximas a Sanders, aclarando sin embargo que no es socialista. En realidad, se define como feminista y “capitalista hasta la médula”. Es popular, sobre todo, entre las clases medias con educación superior.
El que mejor representa la herencia Clinton en su versión más conservadora es Joe Biden, el que fuera vicepresidente con Obama, que claramente representa el Partido Demócrata tradicional y que, en contraste con Trump, da una imagen de tipo presidencial, heredera de la administración Obama. Este partido ha estado intentando destruir a Trump basándose en el comportamiento poco presidencial del hoy presidente. El objetivo central de su programa anti-Trump ha sido mostrar las conexiones de este con el gobierno ruso durante su etapa de hombre de negocios en asuntos inmobiliarios, y más tarde como presidenciable, con la petición de ayuda a Putin en su pugna electoral con la Sra. Clinton. Tal tema, sin embargo, no tiene particular importancia para el ciudadano normal y corriente, el cual sabe que el gobierno ha intervenido intensamente en las elecciones de otros países y encuentra normal (aunque no deseable) que otros países intenten intervenir en las elecciones de su país.
Y ahora, gran parte de la atención se centra en las conexiones de Trump con personajes y países extranjeros para que le ayuden en su próxima campaña electoral, proveyéndole información útil. La utilización del Estado como si fuera de su propiedad para fines personales es algo típico de Trump. Y es denunciable. Pero a su votante no le provoca tanto rechazo, pues sabe de la corrupción del sistema político. En realidad, el atractivo de Trump es que su comportamiento está fuera de lo normal, pues hace explícitamente lo que otros hacen ocultamente. Se salta a la torera todo el protocolo y los requisitos éticos de su mandato. Su antiestablishment es muy atrayente. Romper con todas las normas. Y su crítica a los medios es popular, pues estos son altamente impopulares.
Lo que el Partido Demócrata debería hacer, además de autocrítica, es ver cómo las políticas que está imponiendo están dañando a la población que le vota antes: la clase trabajadora. Pero para que ello suceda hace falta autocrítica de este partido, algo que es difícil (casi imposible) que ocurra. Y ahí está el problema. El sistema bipartidista estadounidense es muy poco democrático y las instituciones están claramente sesgadas en contra de cualquier cambio, tal como, por cierto, también ocurre en España. Y mucho me temo que, sin cambios en el Partido Demócrata, pocos cambios ocurrirán en EEUU.


Vicenç Navarro

Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy, The Johns Hopkins University

Una exhumación como homenaje



Jaime Richart

Yo me pregunto a menudo cómo se las arreglarán las demás naciones europeas para ser felices. O, al menos, para vivir tranquilas. Me imagino a sus poblaciones interesadas masivamente en la lectura, en el arte, en el viaje, asistiendo a conferencias, drenando ríos, limpiando bosques, haciendo deporte, realizando actividades creativas y recreativas de toda clase… Y también, ¿cómo se las ingeniarán sus televisiones, sus radios, sus periódicos para salir adelante y al mismo tiempo entretener, el fin principal, de esos instrumentos al servicio de la sociedad, pues no creo que la información propiamente dicha sea un atractivo especial para las masas; si acaso la información internacional?
Cuando, no me lo pregunto, lo sé, esos países europeos caminan por la Historia contemporánea acompasadamente, con el sosiego al que se supone aspira toda sociedad humana como conquista de su ciudadanía y, filosóficamente, como logro del “ser”; cuando la racionalidad colectiva y el logos individual van por otros senderos que conducen a mejorar la educación, a aminorar las desigualdades sociales, a instituir la eutanasia activa, a remediar de algún modo los estragos del cambio climático, a esforzarse en corregirlos drenando océanos, ríos, montes y lagunas, España da muestras ostensibles de encontrarse todavía en la fase casi tribal de desarrollo que da sentido al mundo desde una perspectiva exclusivamente de alcance inmediato. Y así España, en este sentido tribal, malgasta una proporción altísima de energía y de dinero en una forma sórdida de hacer política, encarcela a políticos por sus ideas poniendo en marcha la justicia turbulencias de indignación mientras otras veces esas mismas policías y jueces y fiscales implacables toleran a apologistas de la dictadura lo que otros países cortarían de raíz. En España, a los familiares del dictador que lo paralizó moralmente durante casi medio siglo, se les ha permitido enriquecerse hasta la náusea y engallarse ante la propia sociedad que le sufrió. Como si los crímenes de su familiar ya hubiesen sido castigados: lo hecho en otros países en casos similares.
Por ello también me pregunto ¿cómo es posible que en un país que se dice democrático, donde siguen en las cunetas más de cien mil fusilados por las consignas del dictador una vez terminada la guerra civil, que todavía no han recibido sepultura por la pasividad maliciosa de los gobiernos, el dictador haya sido trasladado de sepultura 44 años después con la dignidad de un auténtico homenaje post mortem?
Pues ahí lo tenéis. Si España es diferente, nunca lo es por originalidad, por fantasía, por inteligencia, por bizarría, por prudencia o por otras virtudes colectivas. España es diferente, por extravagancia. Y porque los que, unas veces a las claras de la fuerza bruta y otras por las malas artes de los mal nacidos, se apoderan de la sociedad española y no permiten jamás que la riqueza neuronal y atributos de los más aptos, de los más capaces, de los más competentes florezcan, predominen y la gobiernen.

domingo, 27 de outubro de 2019

Beber agua de grifo es mucho más barato y no causa contaminación por plástico

Operadores públicos de suministro y organizaciones de consumidores y ecologistas batallan por reducir el alto consumo de agua embotellada para disminuir su impacto ambiental y el gasto de los hogares españoles

Grifo de agua./ UNSPLASH

SANTIAGO F. REVIEJO

España es el tercer país de la Unión Europea en el que se consume más agua embotellada, pese a que su precio puede llegar a ser 500 veces más caro que el del agua que sale del grifo de cualquier casa, de cualquier bar o restaurante. Operadores públicos de abastecimiento, organizaciones de consumidores y ecologistas han llevado a cabo diferentes campañas para incentivar el consumo del agua del grifo por dos motivos esenciales: se ahorra dinero y se contribuye a reducir la contaminación causada por el plástico de las botellas. Sin embargo, la legislación en nuestro país apenas ampara estas iniciativas, porque no hay ninguna norma estatal y sólo tres comunidades autónomas han regulado la dispensación obligatoria de agua corriente en jarras en establecimientos de hostelería.  
Cada año se venden en España más de 6.100 millones de litros de agua envasada, una producción que se sitúa como la cuarta más alta de la UE y por la que las empresas del sector facturan cerca de mil millones de euros, según los datos que ofrece la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasada (ANEABE). La organización patronal que representa y agrupa a todo el sector asegura que da trabajo directo a 4.500 personas e indirecto a decenas de miles en todo el país. De acuerdo con sus últimas cifras, el consumo per cápita nacional es de 132 litros al año, más del 97% de aguas minerales naturales, cerca de un 2% de manantiales y el resto de potables preparadas.  
Esos datos revelan la importancia económica de este sector y los intereses en juego para seguir ganándose la confianza de los consumidores españoles, los más propensos de la UE, tras Italia y Alemania, a comprar agua embotellada. Pero, ¿por qué? La Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (AEOPAS) sostiene que el agua de grifo, que tradicionalmente no tenía competencia en los hogares de este país, ha ido siendo desplazada por las botellas comercializadas por empresas que han creado "marca a través de logotipos atractivos, con estilos y colores determinados para transmitir confianza y con lemas que prometen salud, bienestar y felicidad".
La marca, por un lado, y la mala prensa, por otro. En contra de la idea más o menos extendida acerca del mal sabor o el exceso de cal, dependiendo de los municipios y la fuente de suministro, los operadores públicos aseguran que el agua de grifo puede tener tanta calidad como la que se vende embotellada y que eso se garantiza, además, a través del "control sanitario" que se realiza permanentemente en toda la red de abastecimiento.
Y luego está el precio. De media, un litro de agua del grifo no cuesta ni siquiera un céntimo de euro, concretamente sale a 0,002, un coste que resulta 70 veces inferior que la botella de litro más barata que se pueda comprar en un supermercado y hasta 500 veces menor que lo que se suele pagar, como mínimo, en un establecimiento de hostelería. 
'Progrifo', la campaña que quiere fomentar el agua de grifo y mejorar su imagen
Para luchar contra esa estigmatización, AEOPAS ha desarrollado la campaña Progrifo en varias provincias españolas, con la que pretende generar una imagen de calidad de ese agua, difundir sus cualidades y favorecer el acceso a ella en vías, parques y establecimientos públicos. "Uno de los ejes centrales de la campaña consiste en vestir de gala el agua que es de todos", explica el gerente de la asociación, Luis Babiano. Para ello, han convocado concursos de diseño con el fin de crear una marca y un logotipo del agua de grifo de cada población que pueda ser reconocida por el consumidor en una botella o jarra con un diseño específico, una experiencia que ya se ha desarrollado con notable éxito en capitales europeas como París o Milán. "En algunos casos, como en la ciudad de Cádiz, también ha servido para diseñar una importante red de fuentes públicas que contribuyen, a través de criterios arquitectónicos y geográficos, a crear una ciudad más abierta y saludable", añade Babiano. 

Niegan el agua de grifo en bares

Las organizaciones de consumidores también se han sumado a esta batalla. La OCU lanzó una campaña con el lema "pide una jarra de agua", en la que señalaba que el agua, como "bien básico e indispensable para la vida, debe estar a disposición de los consumidores", y solicitaba por ello adhesiones para conseguir una ley nacional que obligue a establecimientos de hostelería y restauración a ofrecer agua del grifo gratis. Y los datos parecen avalar su campaña: una encuesta realizada por esta organización en marzo del pasado año con cerca de 1.300 personas de 25 a 74 años reveló que al 14% de quienes pidieron agua del grifo en un establecimiento se la negaron, la mayoría de los casos en restaurantes (52%) y en bares y cafeterías (34%).  
Sólo en Castilla y León, Baleares y Navarra está regulado el derecho a que se sirva agua de grifo sin cobrar
Sin embargo, las reivindicaciones de las organizaciones de consumidores han caído, de momento, en saco roto. FACUA también se congratulaba en octubre de 2018 de la proposición no de ley presentada por el grupo de Unidas Podemos en el Congreso, en la que se incluía su petición de aprobar una normativa para garantizar que en todos los establecimientos de hostelería se ofrezca siempre la posibilidad de un recipiente con agua de grifo de forma gratuita, además de hacer campañas de sensibilización para mejorar la percepción de la ciudadanía sobre la calidad de esa agua, apta para el consumo, según diferentes estudios, en el 99,5% del país. Aquella proposición, como tantos otros asuntos, sigue esperando a que se forme al fin gobierno y se reanude de una vez la tarea legislativa. 
A falta de una ley o decreto de rango estatal, en España sólo hay actualmente una normativa sobre este tema en tres comunidades autónomas, Castilla y León, Baleares y Navarra, donde está regulado el derecho a que se sirva agua de grifo sin cobrar en un establecimiento público. Andalucía también lo había reconocido en un proyecto de ley para la promoción de una vida saludable, pero no llegó a ser aprobado por el adelanto de las elecciones autonómicas y el tema ya no ha sido retomado por el nuevo ejecutivo de PP y Ciudadanos. 

Muy pocas botellas recicladas

Tanto las normativas autonómicas aprobadas como las campañas de operadores públicos de abastecimiento y consumidores tienen entre sus objetivos principales la reducción de la contaminación causada por el plástico de las botellas de agua envasada. Greenpeace calcula que cada día se venden en España 51 millones de botellas de plástico, de las cuales unos 10 millones son de agua, y de todas ellas tan sólo se reciclan 20 millones; el resto se convierte en residuos contaminantes que van a parar a vertederos, ríos, mares… 
En España se venden 51 millones de botellas de plástico al día, de las cuales solo se reciclan 20 millones
"El panorama es desolador", dice sin ambages Julio Barea, de Greenpeace España, que achaca el alto consumo de agua embotellada en España a "modas" y "brutales campañas de marketing" que disparan la venta de envases de plástico. "No hay en la tierra un producto natural que tenga tal variabilidad de precio, desde cero céntimos hasta 75 euros el litro", comenta Barea, quien subraya que la calidad del agua del grifo en nuestro país está garantizada y más controlada incluso que la de la que se compra embotellada. 
Las consecuencias de tan alto consumo de agua embotellada son, a juicio de esta organización ecologista, muy claras y contundentes: aumento de las emisiones de CO2 debido al trabajo que se realiza en las fábricas envasadoras y al transporte del producto, y una alta incidencia de contaminación por plásticos a causa de la escasez de reciclaje de los envases tras su consumo. 
Pero los efectos de los plásticos de un solo uso, como las botellas de agua, no se quedan sólo dentro de nuestras fronteras. Las corrientes marinas los extienden y llegan hasta el Ártico y la Antártida, causando estragos en las especies que habitan los mares. Según los datos que maneja Greenpeace, a causa de una mala gestión de los residuos o de su abandono, hasta 12 millones de toneladas de plásticos de todo el mundo acaban cada año en los mares y océanos, formando entre el 60 y el 80% de la basura marina, en su mayoría en forma de microplásticos. 
Mientras en España apenas se mueve nada, la UE ya ha tomado cartas en el asunto y el pasado mes de marzo el Parlamento europeo aprobó desarrollar una nueva normativa para convencer a la ciudadanía de que beba agua del grifo, entre otras razones, para reducir el impacto ambiental que suponen las millones de botellas de plástico de agua envasada que se consumen en los países comunitarios. Este cambio de consumo generaría además, según Bruselas, un ahorro de 600 millones de euros al año a los bolsillos de la ciudadanía europea.

Que arrojen a Franco al río Manzanares

No hubieran sacado a Franco de Cuelgamuros 44 años después sin la presión insistente de miles de voces que desde abajo lo exigen. Son un elemento más en la maquinaria de dignificación de las víctimas, quizás una pequeña y prescindible

Hoy España es mejor. Pero no es digna. No todavía, no aún. Franco descansa en Mingorrubio y es visto como una solución aceptable considerando de dónde llegó volando

Antonio Maestre
Hoy, España es un país más digno, decente y democrático que antes de la exhumación de Francisco Franco. Eso es un haber que hay que ponerle a Pedro Sánchez y al PSOE si solo nos centramos en el hecho fundamental e histórico de la salida del genocida de Cuelgamuros. Ineludible e incontestable. Reconocerlo es necesario. Sin embargo, la forma en la que el proceso se ha llevado a cabo es una muestra más de la carestía democrática que aún sufrimos. El PSOE haría bien en escuchar y apartar su soberbia. En aceptar que actuó mal en algo que nos concierne a todos los que llevamos años derramando lágrimas sobre fosas desperdigadas por la geografía nacional. Escuchen a alguien alguna vez.
La exhumación de Franco ha provocado una algarabía y alborozo exacerbado en los ambientes socialistas. Forma parte de la psicología del militante de Ferraz considerarse los únicos valedores del avance progresista de nuestra democracia. Un adanismo exasperante que piensa que antes de ellos todo era un páramo democrático y que la labor previa de denuncia, lucha en las calles, trabajo memorialístico silencioso, investigación y lágrimas es algo de lo que apropiarse para considerarse los únicos valedores de la dignidad. No hubieran sacado a Franco de Cuelgamuros 44 años después sin la presión insistente de miles de voces que desde abajo lo exigen. Son un elemento más en la maquinaria de dignificación de las víctimas, quizás una pequeña y prescindible.
Si la prudencia, el respeto y la atención a las víctimas hubiera sido el objetivo fundamental de la acción del Gobierno, al menos habrían atendido a las protestas y lamentos que se sucedieron tras el acto de exhumación. Pero se prefirió considerarlo una campaña de rabia por no aceptar el protagonismo del PSOE en la decisión. Un reconocimiento involuntario de que ellos tenían que acaparar un protagonismo que no les correspondía. El único debería haber sido el de las miles de víctimas enterradas sin nombre en el panteón y de sus familiares que aún no han podido darles digna sepultura.
Son muchos los socialistas que han afirmado que gracias a la gestión de Pedro Sánchez por fin irán a Cuelgamuros, ahora que no está el sátrapa enterrado. Les sorprenderá encontrarse un lugar de exaltación fascista, aún lo es. Pero los que sí hemos visitado en multitud de ocasiones Cuelgamuros para ser conscientes de la barbaridad que es su presencia en nuestra democracia, con Franco dentro pero también sin él, tenemos como referente las palabras de otro eminente socialista. De aquel que tendría que marcar el camino de los que ahora pertenecen al PSOE. Una de esas personas que formó parte del partido y tendría que ser referente. Max Aub también era socialista, ingresó en el partido en 1928 y tuvo que huir exiliado tras el final de la Guerra Civil.
Aub es uno de los grandes olvidados de la literatura española. Solo pudo volver a España en 1969 en una vuelta agria que le afectó de manera dramática hasta convertirlo en un magnífico libro de reprimenda nacional llamado La gallina ciega. Cuando Max Aub llegó a España, les pidió a sus acompañantes visitar el Valle de los Caídos, algo que no comprendieron sus amigos, que reaccionaron con quejas por su extraña petición. Aub explicó: "No quiero ir en homenaje de para quien se levantó, sino en el de los que lo levantaron. De los miles de prisioneros de guerra, de los miles y miles de republicanos españoles, de los soldados del ejército republicano que erigieron aquello, trabajadores forzados… lo menos que puedo hacer es plantarme frente a ello". A esos orgullosos militantes no les vendría mal leer a Aub. No se es más digno por ir ahora cuando el genocida ya no está.

Estos días hemos tenido la sensación de que muchos de los que pretenden callar a los que consideran que se han hecho muchas cosas mal acaban de llegar a la militancia memorialística. Porque es una militancia. El comportamiento de los que no han aceptado la crítica a los errores de la exhumación muestra la pervivencia mística del franquismo sociológico en España. De verdad no lo entienden, no conciben que lo que allí pasó supuso un error. Porque incluso cuando se hace un acto de reparación, se ve normal que el dictador saliera en hombros de sus familiares, con un escudo de un Ducado ignominioso que llevaba la más alta honra militar desde la Guerra de Independencia, concedida por Franco a sí mismo. No ven mal que la corona llevara cinco crespones con la bandera de todos los españoles representando las cinco puntas de Falange. Ni que acabaran el acto con Vivas a Franco en el único lugar de España donde no está permitido realizar actos de exaltación al franquismo según el artículo 16.2 de la Ley de Memoria Histórica. Una legalidad democrática que el mismo Gobierno se empeña en denostar al no actuar contra la familia aun siendo conscientes de la ilegalidad manifiesta producida ante la notaria mayor del reino. Esperemos al menos que la notaria mayor del reino también haga que se cumpla la sentencia firme que la familia Lapeña lleva años esperando que se ejecute con la negación impune del prior de la Abadía.
Son afrentas que las víctimas disculpan porque han perdido tantas veces que en su magnanimidad jamás incidirán en los errores, porque celebraban su primera victoria. Hacen bien en disfrutarla. Sus quejas son solo notas al pie de una victoria histórica. Que es suya, de nadie más. El protagonismo mediático para quien quiera patrimonializarlo. Algunos seguiremos perdiendo nuestros días libres en silencio compartiendo emoción junto a Marco, Emilio y tantos otros que llevan años dejándose las uñas en la tierra seca de los márgenes de cementerios improvisados.
Hoy España es mejor. Pero no es digna. No todavía, no aún. Franco descansa en Mingorrubio y es visto como una solución aceptable considerando de dónde llegó volando. Hemos mejorado, pero estamos lejos de habernos dotado de una cultura de memoria democrática digna también en lo que respecta a honras funerarias. El próximo 20 de noviembre El Pardo volverá a ser un lugar de peregrinación fascista. La solución digna, la justa, la reparadora es la que lleva años proponiendo el Centro Simon Wiesenthal: eliminar sus tumbas, quemar los restos y arrojarlos al río sin indicar el lugar. Limpio y democrático.
Los restos de Adolf Hitler fueron quemados y en aquel lugar ahora hay un parking y un columpio para los niños. Los de Hermann Göring fueron arrojados al río Isar desde un puente de Münich. La tumba de Reynhard Heydrich es una piedra sin nombre casi imposible de encontrar en el cementerio de Invalidenfriehof (Berlin). Las cenizas de Adolf Eichmann fueron arrojadas a aguas internacionales por una nave de la armada israelí que salió del puerto de Jaffa. El cadáver incinerado de Joseph Goebbels fue arrojado al río Bideritz desde Schweinebrücke. Pulcritud germana.
Sáquenlo de Mingorrubio y arrojen a Franco al río Manzanares. A un lugar indeterminado, que sirvan sus cenizas para renaturalizar el cauce. Lo mismo que hay que hacer con el Valle de los Caídos tal y como pide Nicolás Sánchez Albornoz: que sea la naturaleza la que lo resignifique pudriendo la cruz hasta hacerla caer en pedazos y que sus restos sean la memoria viva de la muerte de sus responsables.

Estas son as zonas peor conectadas de Galicia por transporte

Mapas resultantes dun estudo realizado por investigadores adscritos á Escola Politécnica Federal de Zúric, o Instituto de Tecnoloxía de Massachusetts e o Departamento de Xeografía da Universidade de Santiago mostran desequilibrios que afectan particularmente a áreas interiores da provincia de Lugo, do sueste de Ourense e da costa norte e noroeste da Coruña.

Alberto Quian

Investigadores veñen de presentar os resultados dun estudo no que mediron o grao de cohesión territorial en Galicia en función da accesibilidade real aos núcleos de poboación mediante transporte público e privado. Para visualizalos, elaboraron mapas que mostran desequilibrios que afectan particularmente a áreas interiores da provincia de Lugo, do sueste de Ourense e da costa norte e noroeste da Coruña, onde o nivel de accesibilidade é menor que no resto do territorio galego.



Tren Celta (esquerda), que conecta Galicia con Portugal, e tren de cercanías de Renfe, na estación de Guixar en Vigo | Fonte: © Miguel Núñez.
"As comunicacións do Eixo Atlántico e do eixo que une Santiago con Ourense (e Madrid) presentan niveis de accesibilidade moi superiores"

O equipo de traballo de investigación estivo formado por Lukas Ambuhl e Mónica  Menéndez (ambos os dous da Escola Politécnica Federal de Zúric, Suíza), Alex  Pentland (MIT Media Lab, do Instituto de Tecnoloxía de Massachusetts, Estados Unidos), Rubén Lois (Departamento de Xeografía da Universidade de Santiago) e José Balsa Barreiro, investigador principal, adscrito en distintos períodos a todos e cada un dos centros de investigación anteriores.
Para a realización do estudo aplicaron “un enfoque de traballo moi transversal que inclúe a cartografía, a xeografía, a enxeñería do transporte e a ciencia social computacional”, detalla Balsa Barreiro en conversa para este xornal.
"A Costa da Morte, A Mariña lucense e certas zonas do leste mostran niveis de accesibilidade pobres"

Con toda a información recompilada e analizada crearon un mapa distorsionado no que as distancias entre puntos expresan os tempos de viaxe e non as distancias reais entre estes. Os resultados, explica Balsa Barreiro, evidencian a existencia de “diferenzas moi sensibles por horas”, poidéndose “estimar uns patróns moi claros”, a saber: “As comunicacións do Eixo Atlántico e do eixo que une Santiago con Ourense (e Madrid) presentan niveis de accesibilidade moi superiores en calquera escenario. No outro extremo, certas áreas como A Costa da Morte, A Mariña lucense e certas zonas do leste mostran niveis de accesibilidade pobres en case todos os escenarios”.
“Se os tempos de viaxe correspondesen a distancias, o mapa sería moi similar ao que estamos afeitos a ver. Porén, os resultados son moi diferentes. Por que pasa isto? Pois porque algunhas áreas teñen evidentemente niveis de accesibilidade moi superiores a outras (e viceversa)”, engade o investigador.
Na súa opinión, este estudo deixa “algunhas conclusións lóxicas e outras que son máis rechamantes”. Particularmente, chámalle moito a atención a “inaccesibilidade en boa parte da Costa da Morte para certos escenarios, e iso a pesar de estar xeograficamente moi próxima ao Eixo Atlántico”.
Máis detalladamente, no estudo téntase explicar por que a zona costeira do noroeste é pouco accesible, malia a súa proximidade a algunhas das cidades máis poboadas (A Coruña, Santiago de Compostela e Ferrol). Segundo os autores da investigación, “isto débese a que as súas conexións de transporte público teñen frecuencias moi baixas”.
Por outro lado, observaron que nas áreas norte e leste de Galicia “a maioría dos nodos non están directamente conectados entre si e os tempos de transferencia entre os diferentes nodos de transporte poden variar substancialmente”.
"As autoridades gobernamentais priorizaron as conexións radiais con Madrid”, algo que se fai especialmente visible na “área estirada representada polo eixo Santiago-Ourense"

Así, mediante os mapas xerados, identificaron os tempos de transferencia máis altos e as peores conexións no leste de Galicia, o cal “se pode explicar por un horario subóptimo, unha subministración limitada de servizos de transporte e atrasos no tempo causados ​​por opcións de intermodalidade limitadas, impulsadas por unha conectividade deficiente entre diferentes sistemas de transporte”.
En canto ás áreas cos niveis máis altos de accesibilidade, estas “coinciden cos dous eixos dinámicos principais que dan forma a Galicia”: un, “o interno”, o coñecido como Corredor Atlántico, e o outro, o “externo”, identificado como a “conexión radial española”, a cal vincula Galicia con Madrid.
A maioría dos mapas xerados neste estudo mostran como “as autoridades gobernamentais priorizaron as conexións radiais con Madrid”, algo que se fai notablemente visible na “área estirada representada polo eixo Santiago-Ourense, especialmente cando se compara con outros situados nas áreas occidental, central e norte”, nos que “a infraestrutura ferroviaria aínda non existe ou está obsoleta, como por exemplo o ferrocarril de vía estreita, chamado FEVE, que corre ao longo do Corredor Norte”.
Tamén se observou que a topografía do territorio galego “non ten xa unha influencia decisiva nos tempos de viaxe, agás no caso do leste da provincia de Lugo”.
METODOLOXÍA
A metodoloxía de traballo foi “relativamente simple”. A accesibilidade entre unha serie  de nodos mediuse para medios de transporte privado (coche) e público (tren/autobús). E consideráronse tres escenarios posibles: un primeiro escenario que é o transporte en coche privado e dous escenarios relacionados co transporte público, aplicando os tempos de espera no caso de que haxa transbordos e non considerando estes tempos de espera; así, no primeiro escenario relacionado co transporte público medíronse os tempos reais e no segundo, os tempos efectivos de viaxe. Ademais, estes tempos calculáronse para tres horarios distintos: 8 da mañá, 4 da tarde e 12 da noite.
"A relación entre a accesibilidade territorial e o desenvolvemento económico dentro dunha rexión non é un asunto trivial”

Para establecer a rede de nodos entre os cales se mediron os tempos de viaxe seleccionáronse puntos que engloban todo o territorio galego e que se corresponde coas capitais comarcais. O “problema”, engade Balsa Barreiro, é que “son moi diferentes en poboación e en niveis de accesibilidade”.
Así que nesa rede de nodos consideráronse once con menos de 2.500 habitantes e comparáronse con nodos que están cen veces máis poboados. “Sen dúbida, isto pode explicar algunhas diferenzas existentes entre os niveis de servizo, tanto desde unha perspectiva cuantitativa como cualitativa”, xustifican os autores do traballo.
A metodoloxía aplicada permitiu crear mapas distorsionados que “mostran como a relación entre a accesibilidade territorial e o desenvolvemento económico dentro dunha rexión non é un asunto trivial”, explícase no estudo.
Preséntase, así, “dunha forma clara, o grao de cohesión e accesibilidade física real que ten un territorio”, aporta Balsa Barreiro, quen cre que “os resultados das políticas territoriais en termos de infraestruturas deberían presentarse desta forma, considerando redes máis complexas”.
“Esta representación é a forma máis eficiente de avaliar as potencialidades e o éxito real de certas políticas e estratexias de actuación relativas a infraestruturas de transporte e mobilidade. O mapa ideal debe tender ao real e se existen deformacións é porque hai desequilibrios de accesibilidade”, argúe o investigador.
SINGULARIDADES DO CASO GALEGO
O caso galego é particularmente interesante por “toda a transformación que houbo nas últimas décadas do modelo tradicional de poboamento e a súa distribución espacial”, o cal “permite entender o que vemos nos mapas”, expón Balsa Barreiro.
Máis amplamente, fala dunha “realidade externa” e doutra “interna” que afectan a estes desequilibrios. A realidade externa é, segundo Balsa Barreiro, “o sistema económico global”, que leva a crear “unha estrutura socioeconómica moi centrada no sector servizos e na que o sector primario ten un peso cada vez máis reducido”. A iso, prosegue, “únese a realidade europea e toda a reconversión que esta supuxo”. E, “como consecuencia, os mozos vanse ás cidades ou, na súa falta, aos referentes urbanos máis próximos”.
"Reconverter un modelo tradicional equilibrado a un desequilibrado, no que as cidades do Eixo Atlántico concentran a maior parte da poboación, levou a problemas territoriais"

En relación con isto, considera que “existe algo de hipermodernidade” fomentada desde “series, películas e medios” que “tenden a presentar as cidades como os centros do mundo”, como algo “cool”, mentres que “a vida que nos presentan do campo é idílica, pero sempre desde unha perspectiva urbana”.
“O campo é como un parque urbano ao que o urbanita vai pasar un tempo de descanso. Todo isto vese a nivel individual, pero tamén colectivo. A política expuxo unha proposta de concentración artificial da poboación creando cidades a pequena escala en contornas puramente rurais”, argumenta.
Unido a isto, sinala que “as cidades, aínda que fosen creadas como nodos nos que a diversidade xera riqueza e novas oportunidades, teñen unha capacidade limitada de absorción de persoas”, de xeito que “no momento no que as cidades exceden este limiar, empeza o precariado, a pobreza e a violencia (entre outros), xerándose certas dinámicas que algúns autores chamaron deseconomías urbanas”.
E todo isto aconteceu “dentro dun contexto no que non importa nada a realidade local”, a cal “era moi importante”, subliña.  
“Maior accesibilidade implica tempos de viaxe máis reducidos e unha maior conectividade entre nodos, a cal favorece a diversidade e xera máis oportunidades e riqueza”

No caso de Galicia, sendo un territorio eminentemente rural, “as crises económicas se resolvían basicamente a base de emigración”. Falamos dun país cun “hábitat disperso moi marcado”. “De feito, ao redor da metade das entidades de poboación de España están en Galicia, e iso que a súa poboación só representa un 6% do total estatal”, salienta o investigador.
“Pois ben, reconverter un modelo tradicional equilibrado a un desequilibrado, no que as cidades do Eixo Atlántico concentran a maior parte da poboación, levou a unha serie de problemas territoriais sempre vixentes, debidos a un modelo de desenvolvemento insustentable do territorio e que se manifestan nunha forte presión en certas áreas e un abandono doutras”, clarifica o autor principal do estudo.
Isto é o que explicaría, por exemplo, “a ausencia de servizos públicos en determinadas áreas, a presión e sobreexplotación de recursos noutras, a aparición e propagación dos incendios forestais, etc”, explica o experto.
PRINCIPIO DE COHESIÓN TERRITORIAL
En relación con todo isto, Balsa Barreiro recorda que “existe un principio moi repetido e que está no centro do debate social, económico e político actual: o principio de cohesión territorial”. “Fálase dos problemas de concentración de poboación en Madrid e Barcelona, pero tamén entra o debate do despoboamento, aludíndose á chamada ‘España baleirada’. Por tanto, todos estes problemas, tanto por exceso como por defecto, son parte dun mesmo sistema”, argúe.
O investigador apela á Constitución Española, na que se establece que “calquera persoa debe ter as mesmas oportunidades independentemente do lugar onde resida”, algo que na súa opinión pode ser “medido mediante a accesibilidade física”, de xeito que “unha maior accesibilidade implica tempos de viaxe máis reducidos e unha maior conectividade entre nodos, a cal favorece a diversidade e xera máis oportunidades e riqueza”.
Este traballo sobre a análise dos niveis de cohesión territorial en función da accesibilidade en Galicia vén de ser publicado nun artigo publicado na revista científica IEEE Access co título 'Mapping Time-Varying Accessibility and Territorial Cohesion With Time-Distorted Maps'. Anteriormente, os investigadores presentaran tres estudos similares –e máis simples– sobre esta mesma temática, tanto aplicados á rede de Galicia (17th Swiss Transport Research Conference e 97th Transportation Research Board Annual Meeting) como á de Suíza (Congreso da AGE).