sábado, 1 de febreiro de 2014

Londres, 1980: el vuelo clandestino de Teresa

Me martirizaba, me sentía culpable, mala hija, mala mujer

Teresa no se llama Teresa. No se atreve a revelar su identidad. Tiene miedo, aunque menos del que tenía hace 34 años, cuando fue a Londres a interrumpir un embarazo no decidido. Toda su vida eran veinte indefensos años, una carrera de Magisterio sin terminar, una familia conservadora, sueños por salir del entorno provinciano donde había crecido y una hermana mayor que le proporcionó la ayuda necesaria para acudir a una clínica londinense a abortar en 1980.

Londres para Teresa no es Londres. Es el lugar que le recuerda la “violencia política” ejercida contra las mujeres durante un tiempo al que el ministro Gallardón está dispuesto a regresar. “¿Cómo se atreverán?”, se pregunta indignada. Aún tiene la esperanza de que el anteproyecto de ley sea una “mala pesadilla”. Que el Tren de la Libertad que llegará este sábado a Madrid engulla para siempre su vuelo clandestino.

Teresa se enteró de que estaba embarazada un veintiocho de diciembre -“Pensé que era una inocentada”- cuando su novio, que fue a recoger la prueba de orina a la farmacia, le comunicó la noticia. “Se me cayó el mundo encima”, confiesa. Por pensar, pensó que si su madre se enteraba sufriría un proceso depresivo agudo que se uniría a otro “gran disgusto”: una hermana de Teresa, la que le prestó a fondo perdido el dinero necesario para ir a Londres, era una conocida militante del Partido Comunista en una familia donde tener una hija comunista era una bofetada a los valores heredados.


La madre de Teresa no se enteró del viaje a Londres de su hija, mucho menos su padre. Ni los tres hermanos restantes. Ni los dos hijos que tuvo años después del primer embarazo no decidido y que rondan los veinte años. El viaje a Londres de Teresa es un secreto solamente compartido con su hermana y Alicia, una amiga feminista de su hermana que estaba en contacto con los grupos de planificación familiar y que le facilitó toda la información necesaria para acudir a Londres.

La madre de Teresa murió sin saber que su hija se subió a un vuelo chárter con 20 años para, cabizbaja, sola, llena de miedo, en silencio y sin saber nada de inglés, poner fin a un embarazo de dos meses de gestación que escondía vestida en un mono que le hizo los días y las noches interminables.

Su hermana, que le prestó el dinero, era una conocida militante del Partido Comunista en una familia donde tener una hija comunista era una bofetada a los valores heredados
El vuelo chárter iba repleto de jóvenes, alguna madre de familia y pocos hombres acompañando a sus parejas. Teresa recuerda que, entre las chicas que iban solas, “se creaba mucha complicidad”. Aunque ninguna complicidad es suficiente para templar los nervios y el miedo de llegar a una gran urbe, montarse en un autobús en dirección a un hotel y,  a la mañana siguiente, del hotel a la clínica abortiva.

Durante las veinticuatro horas que Teresa permaneció en la clínica estuvo “más sola que la una”. La soledad le hacía muchas preguntas y reproches. “Me martirizaba, me sentía culpable, mala hija, mala mujer”, rememora. “Para mí, la experiencia fue muy dura pero no me arrepiento”, afirma rotunda esta mujer andaluza que tenía muy claro que “no quería tener un hijo hasta que no tuviera trabajo y terminara de estudiar”.

DE IDA Y VUELTA
De haber seguido adelante con el embarazo, Teresa cree que se tendría que haber quedado a vivir “en un ambiente conservador que no deseaba” para ella. En el viaje de vuelta, el avión regresó con las mismas pasajeras que hicieron el viaje de ida. Ahora, tocaba ser discreta para no dar demasiada información. El anonimato era vital para sobrevivir en un ambiente moral hipócrita y cruel que toleraba que los hombres tuvieran relaciones sexuales antes del matrimonio porque “el problema lo tiene la mujer, no el hombre”.

Teresa se bajó del avión. Sin su mono “ancho y holgado” que tantísima seguridad le aportó para esconder lo que solamente ella sentía. Años después, Teresa volvió a Londres a pasar unos días. Y no disfrutó, mentalmente volvió a recorrer los pasillos inhóspitos de la clínica donde abortó y a dar vueltas por las esquinas de la minúscula habitación del hostal donde pasó las noches de antes y después de la interrupción del embarazo.

El anonimato era vital para sobrevivir en un ambiente moral hipócrita y cruel que toleraba que solo los hombres tuvieran relaciones sexuales antes del matrimonio
Ahora siente rabia, “mucha rabia”, y más todavía cuando mira a su hija y piensa que le podría ocurrir lo mismo que a ella 34 años después. “¿De qué sirve la experiencia si mi hija tendrá que volver a andar el mismo camino que su madre?”, espeta. “Nos quieren poner el burka”.

Teresa no se llama Teresa pero sí vive y trabaja en Granada. “¿Por qué lugar de la ciudad has meditado alguna vez la experiencia de ir a abortar a Londres?”, le pregunta la fotógrafa, para decidir en qué lugar hacer las fotografías para ilustrar su viaje clandestino a Londres. “Por el Paseo de los Tristes”, señala esta mujer que espera que “se vayan” los que quieren volver a privatizar el cuerpo de las mujeres. Tristeza es lo que siente Teresa por no poder decir que no se llama Teresa casi cuarenta años después de la muerte del dictador.


 Nunha comida de amigas naceu a maior protesta contra a reforma

Daniel Raventós: "Una renta básica para la ciudadanía acabaría con la pobreza y nos sacaría de la crisis"


JORGE OTERO entrevista a DANIEL RAVENTÓS en Publico.es


Este profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, y uno de los mayores expertos en renta básica que hay en España, es uno de los organizadores del XIII Simposio de la renta básica que se celebra en Donosti, donde economistas y sociólogos reflexionan sobre la necesidad de asignar a cada ciudadano, por el mero hecho de serlo, una cantidad de dinero al mes.
Daniel Raventós (Barcelona, 1858), profesor de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, es uno de los mayores expertos en renta básica que hay en España. Como presidente de la asociación Red Renta Básica hace años que defiende la idea de que cualquier ciudadano, sólo por serlo, tiene todo el derecho del mundo a percibir un sueldo —"una asignación monetaria incondicional", lo llama él— . De entrada la idea puede parecer descabellada, pero Raventós cree que que esta retribución es perfectamente posible. Lo cree y lo lleva defendiendo desde hace más de 13 años, tantos como los que se lleva celebrando el Simposio de la Renta Básica, un encuentro anual en el que economistas, sociólogos y politólogos reflexionan sobre la viabilidad de este concepto
Daniel Raventós EFE


Este año el XIII Simposio se celebra en San Sebastián. La asociación Red Renta Básica, organizadora del evento, presenta como principales novedades un estudio práctico para financiar una renta básica en Guipúzcoa y una versión actualizada de otro caso práctico que ya presentó sobre Catalunya. Ambos estudios demuestran que esa renta básica, a pesar de que como reconoce Raventós "no está muy extendida entre la ciudadanía", es una opción a tener muy en cuenta en el futuro como alternativa a las actuales políticas neoliberales que nos han conducido a la crisis.
¿Qué es la renta Básica?
La renta básica es una asignación monetaria incondicional. Eso quiere decir que a diferencia de los subsidios más o menos generalizados en el Estado de bienestar no hay que cumplir una condición previa como ser pobre o estar en el paro para percibirla: en un Estado con renta básica una persona no necesitaría ninguna condición más allá que la de ser ciudadano o residente acreditado, independientemente de que trabaje o no.
¿Emilio Botín, presidente del Banco Santander, también recibiría la renta básica? 
Desde el punto de vista contable no hay ningún tipo de duda. Pero Botín debería pagar mucho más de lo que paga ahora en impuestos para que la renta básica pudiera financiarse.
¿Cómo se podría financiar? ¿Es viable económicamente?
Lo es. En la asociación Red Renta Básica hemos elaborado estudios prácticos que así lo demuestran. De entrada, la gente tiende a pensar que si la cobra todo el mundo, el rico y el pobre, la renta básica no se podría pagar. La gente hace el cálculo, bien intencionado pero erróneo, de multiplicar la renta básica por el número de habitantes de un país. Pero no es así. Nosotros hicimos una simulación con datos fiscales de Catalunya y según nuestros cálculos, a través de una profunda reforma del IRPF y la supresión de todas las subvenciones y subsidios públicos cuyo montante fuera inferior, se podría financiar una renta básica en Catalunya para todos los adultos de 7.968 euros anuales y de 1.593 al año para los menores de 18 años.
¿Cómo calcularon esa cifra?
Desde la Asociación Red Renta Básica, accedimos a más de 200.000 declaraciones del IRPF del año 2010 en Catalunya, es decir en plena crisis. Utilizamos  un programa de microsimulación ynos basamos casi exclusivamente en una reforma del IRPF que implicara un aumento de la recaudación. También hemos cogido alguna idea del sindicato de los Técnicos de Haciena (Gestha). La reforma fiscal sería imprescindible para tener una renta básica.
¿Una renta básica universal no favorecería a los más ricos?
No, para nada. Una de las cosas que más nos interesaba del estudio en Catalunya era saber quién ganaba y quién perdía con la renta básica. Bueno, pues el 70% de la población, empezando por el más pobre y subiendo en la escala de renta, salía ganando, es decir ganaba más dinero. Un 10% de la población, la más rica, salía perdiendo, y entre un 15% y un 20% se quedaba igual. El que ganaría completamente es aquel que no tiene ingresos: pasaría de percibir cero a ingresar 7.968 euros al año. Pongamos ejemplos prácticos: una persona recibe una pensión de 500 euros al mes. La renta básica que hemos calculado para Catalunya serían 664 euros al mes. ¿Quiere decir esto que esa persona va a recibir los 500 euros de la pensión más los 664 euros de la renta básica? No, sólo va a recibir 150 euros más porque las cantidades no se acumulan: los 500 euros quedan completamente suprimidos al ser una cantidad inferior a la renta básica. Ahora es al contrario, en vez de 500 euros, una persona recibe 800 euros de pensión, una cantidad superior. ¿Qué ocurriría? Pues se quedaría igual.
Insisto, ¿es justo que la perciban también los ricos?
Le pongo otro ejemplo: yo soy profesor titular de la Universidad de Barcelona y percibo un salario público. Para percibir la renta básica debería pagar más impuestos a partir del primer euro que ganara. Tendrían que descontarme más en el IRPF de lo que me descuentan ahora, pero también percibiría la renta básica. El que gana 100.000 euros también tendría que pagar más en su IRPF y quizá ingresase menos al cabo del año incluso contando con la renta básica.
Hay muchas críticas contra la renta básica, la más extendida es que sólo serviría para mantener a vagos.
Hay gente que crítica el subsidio de desempleo porque dicen que desincentiva a la hora de buscar trabajo, pero esa crítica no sirve para una renta básica precisamente por su carácter de incondicionalidad. Imagínese un subsidio de desempleo indefinido que fuera incompatible con tener un trabajo. Seguramente el perceptor de dicho subsidio no estaría muy motivado a la hora de buscar trabajo: sería uno a cambio del otro. Pero con la renta básica no pasaría eso, porque una renta básica por definición es acumulable, con muchos de los matices que hemos dicho de más impuestos, pero es acumulable a otras rentas. Con una renta básica, por ejemplo, la gente tendría más libertad para buscar otro trabajo que fuera más acorde con su formación y sus gustos, ymuchos jóvenes no se verían obligados a aceptar condiciones de trabajo de miseria como ocurre ahora. Eso entronca con la idea que algunos defensores de la renta básica apoyamos desde hace tiempo: que no solamente se trata de una medida que podría acabar casi de un plumazo con la pobreza, si no que incrementaría la libertad de buena parte de la ciudadanía. 
Otra crítica muy recurrente es que la renta básica haría que muchas mujeres dejaran de trabajar.
En un principio hubo algunas feministas que alertaron de ese riesgo. Pero la renta básica es un instrumento de emancipación que otorga mayor autonomía a las mujeres: es capaz de garantizar la existencia material de muchas mujeres que ahora dependen de su marido o amante.  Incluso algunas feministas entran en la idea de que bueno, estar en el hogar de forma voluntaria y dejar un mercado laboral que en muchos casos maltrata a las mujeres tampoco es un paso atrás en la liberación de la mujer.
¿Qué efectos positivos tendría en la sociedad la implantación de la renta básica?
De entrada, reduciría muchísimo la desigualdad. Lo hemos cuantificado. Según nuestro estudio, Catalunya pasaría de tener uno de los mayores índices de desigualdad de Europa a ponerse al nivel de Noruega, el país más avanzado de Europa en esa materia. El índice de Gini, que mide la desigualdad, se reduciría en 4,5 puntos. Pero hay otro efecto muy importante, que ya he apuntado antes: si tú pones una renta básica igual al umbral de la pobreza, acabas con la pobreza.
¿Con la renta básica se saldría de la crisis?
Por supuesto. Habría que añadir la reforma fiscal que implicaría la renta básica y una lucha implacable contra el fraude fiscal. Habría que tener también un control efectivo de la banca y que una parte importante de la misma fuera pública, sin olvidar la coordinación y control de los paraísos fiscales. Pero bueno, esto parece la carta a los Reyes Magos (risas).
¿Cree que algún día se podrá implantar una renta básica en España?
La renta básica requiere un amplio consenso social. La primera condición es, por tanto, que sea conocida. Ahora no lo es. Es necesario el apoyo de gente suficientemente significativa desde un punto de vista social. Hay otro requisito: que la idea de la renta básica esté muy bien fundamentada y muy bien explicada. Una de las grandes dificultades que tiene la renta básica es que si no se profundiza un poquito es muy fácil de ridiculizar.
Suiza va a convocar un referéndum para establecer una renta básica de 2.000 euros al mes a todos sus ciudadanos.
Así es. Yo no sé si la iniciativa triunfará, pero lo que demuestra esta convocatoria es que la renta básica es perfectamente factible. No estamos hablando de un país raro, estamos hablando de Suiza, un país normal. No he querido decirlo antes porque despista a la gente, pero la renta básica existe desde hace 26 o 27 años en Alaska (Estados Unidos). Está financiada de una forma no pública, muy particular, en fin, pero en un país tan individualista como Estados Unidos sus consecuencias han sido tan positivas que nadie, ni la mismísima Sarah Palin cuando fue gobernadora de Alaska se atrevió a suprimirla. Luego hay experiencias parciales: en Ciudad de México, la ciudad más poblada del mundo, existe una pensión básica universal para todos los mayores de 68 años y los resultados después de 10 años han sido tan positivos que nadie, ni la derecha que estaba en contra en un principio, quiere suprimirla.
¿Por qué una medida tan progresista no está más presente en los medios?
Esto es como preguntar por qué no se hace otro tipo de política económica. Por las razones que he mencionado antes, la política económica que se practica desde hace muchos años, y especialmente con la crisis, benefica al grupo más rico de la población. La renta básica sería una medida que formaría parte de otra política que simplemente tuviera como prioridad beneficiar a la inmensa mayoría de la población y no estrictamente a los ricos. Aunque lo está más que hace siete u ocho años, la renta básica es un concepto que aún no está muy extendido entre los ciudadanos. Y no se trata de voluntad, simplemente se está en contra de esta política porque se está practicando otra que beneficia a los poderosos.
¿Qué novedades podemos esperar del simposio en San Sebastián?
Lo que de verdad es novedoso es el estudio de la renta básica para Guipúzcoa. La diputación foral nos pasó los datos y hemos podido hacer la simulación. También se va a discutir cosas relacionadas con el feminismo: cómo podría ayudar la renta básica a incrementar la libertad de la mujer. También los efectos de la crisis sobre la salud pública y el papel que tendría una renta básica en esta situación. Presentaremos también una versión actualizada del informe de Catalunya y un estudio sobre la reducción de jornada laboral.



xoves, 30 de xaneiro de 2014

Humor









Yo contra el fútbol

David Torres
La primera vez que entré en un campo de fútbol me acojoné. Me acojoné mucho. Yo tendría unos ocho años y el Vicente Calderón rebosaba de himnos y banderas. Era un vocerío, un océano de cabezas, bufandas y brazos que restallaba en una versión rojiblanca del Coliseo Romano, una mezcla entre El triunfo de la voluntad, una tasca de pueblo con Canal Plus incorporado y una parada del Caudillo en el Valle de los Caídos. Ver no vi gran cosa pero a los veinte minutos de rugidos todo el estadio se levantó como una sola erección y un señor que estaba sentado tres asientos más allá berreó por encima del estruendo: “¡Árbitro! ¡Habría que matarte! ¡Matarte es poco! ¡Matarte y fusilarte!” Varios aficionados a su alrededor apoyaron la moción con entusiasmo. Desde entonces he desconfiado instintivamente de las multitudes.
El fútbol no me gustaba y yo no le gustaba al fútbol: eso era un hecho. Un hecho incontrovertible que condenó mi niñez al exilio de los tebeos de Mortadelo y a la soledad de las novelas de kiosco. Ni siquiera se me daban bien los partidos de chapas que jugábamos los chavales del barrio. Cuando tocaba fútbol de verdad y los capitanes echaban a suerte para elegir a los mejores jugadores, yo me quedaba siempre de los últimos, en el pelotón de los gordos, los gafotas, los cojos y los enfermos. Era una sensación lúgubre ésa de irse quedando al fondo de la caja, como la morralla abandonada sobre el hielo de la pescadería. “Si te quedas con Javi, a cambio tienes que llevarte tres de ésos”. Nosotros no éramos jugadores propiamente dichos: éramos el lastre, el hándicap del equipo. Una vez que les falló el portero me usaron de recambio y detuve unos cuantos balonazos por puro azar, varios de ellos mediante el procedimiento de hacerme un gurruño y taparme la cara con las manos. Cada vez que un delantero rival se acercaba a la portería, los de mi equipo se ponían a cantar a Los Calchakis: “Pum, pum, ¿quién es? Cierra la muralla”. Me escoció bastante pero a partir de ahí descubrí cierta simpatía por el guardameta de fútbol, el Gary Cooper del campo, y años después me atrajo de inmediato aquel sombrío título de Peter Handke, El miedo del portero al penalty.
En aquellos tiempos en que los chavales vivíamos a pie de calle, no era nada fácil construirse una identidad masculina fuera del fútbol. Más de una vez me cuestioné mi virilidad mientras leía a Neruda o escuchaba a Puccini. Más tarde comprendí que vivía en un país extraño donde la discusión política, más allá de la izquierda o la derecha, de la monarquía o la república, se resumía en si uno era del Barca o del Madrid, del Sevilla o del Betis. Un país que se indigna con el trato de favor a la infanta Cristina pero disculpa las deudas millonarias de los grandes equipos mientras contempla el fraude fiscal de Leo Messi como si fuera un regate. Un pueblo capaz de echarse a la calle si su equipo baja a segunda, pero que mira para otro lado al enterarse de que el Ayuntamiento de Madrid le echa todas las manos que hagan falta a Florentino Pérez o de que en el fichaje de Neymar hubo un pufo de más de treinta millones. Nadie ha definido tan bien esa pasión visceral e intransitiva como Eduardo Mendoza en una novela en que su detective bipolar va caminando por las calles de una ciudad completamente desierta a las seis de la tarde (creo que era Albacete) y al final entra en un bar y descubre a una muchedumbre agolpada frente al misterio del televisor. “¿Quién juega?” pregunta el muy ingenuo. Le responde un bramido unánime: “¡España contra unos cabrones!”

POR QUE NON VOU ACUDIR

Míchel Escauriaza

O vindeiro 1 de febreiro, a iniciativa da Xerencia da Xestión Integrada dos Servizos Sanitarios de Ourense, vaise a celebrar un acto de homenaxe aos traballadores xubilados no 2013; un total de 148 persoas dos distintos estamentos, que se distribúen en: 42 da Atención Primaria, 3 do Hospital do Barco, 3 do de Verín e 100 do CHUO. De todos eles, ao menos 23 facultativos de diversas especialidades médicas.

Nos últimos 35-40 anos, co esforzo persoal de tódolos traballadores, logramos modernizar a asistencia do noso hospital con moito estudo, moitas sesións de posta ao día, coa asistencia a outros hospitais da nosa comunidade autónoma así como nacionais e internacionais e coa esixencia de actualización tecnolóxica dos medios diagnósticos e terapéuticos. Deste xeito logramos niveis de excelencia, levando ao complexo hospitalario dunha medicina empirista a unha medicina moderna, avalada por protocolos internacionais, seguindo criterios de medicina baseada na evidencia. Todo o dito pódese afirmar tamén da medicina do primeiro nivel e mesmo da privada ourensá, nutrida de médicos da pública, suplindo as súas eivas e complementando as necesidades da mesma.

Pola contra, nos derradeiros tempos, estamos a contemplar un progresivo e sibilino deterioro de tódolos logros acadados, cun predeterminado programa privatizador, que rompe coa universalidade e gratuidade da sanidade, para a súa entrega a grandes emporios financeiros.

Este programa privatizador iniciouse co copago de fármacos, incluíndo aos pensionistas; coa restrición da asistencia aos emigrantes, parados e nacionais que tras tres meses de procura de emprego no estranxeiro regresan e continúan sen traballo; contémplase o copago de próteses, dietoterapia, transporte sanitario, fármacos de dispensación hospitalaria, etc. A maiores, afunden entidades sen ánimo de lucro, que prestaban servizos sociais e de dependencia, para entregalos a empresas privadas.

Doutra banda se precarizan as condicións laborais, baixando as retribucións en gardas, en substitucións. Recortan as plantillas coas xubilacións forzosas a partir dos 65 anos, por decreto, sen apenas reposición, só un 10% das mesmas mediante contratos-lixo por horas, por gardas, por días, por meses.

Pero, o máis evidente é a entrega masiva a compañías privadas de servizos como mantemento, limpeza, informática, aparcadoiros, cociña e hostalería, lavandería, esterilización, telecomunicacións, tecnoloxía diagnóstica e terapéutica, material de radioloxía, medicina nuclear e radioterapia, xestión de historias clínicas (con toda a impunidade vai ser xestionada por un fondo de capital risco americano), a eliminación do 112, etc. Ou o desmantelamento de servizos que estiman non rendibles, como o da Cirurxía Pediátrica. E o máis sutil é a posta en marcha das Áreas de Xestión Clínica, que veñen a arruinar o sentido e a función dos Servizos Médicos das especialidades, para transformalos en pequenas empresas privadas, dentro do hospital. Estas áreas van ser comandadas por un “capataz” nomeado a dedo, sen concurso nin oposición; coa capacidade de contratar persoal segundo necesidades, e para organizar os horarios, as gardas, os desprazamentos, mesmo os emolumentos, a adquisición de material, etc. Serán incentivados en función do aforro, non da calidade asistencial.

Todas estas privatizacións que non garanten niveis de calidade aceptables van resultar máis caras, máis inoperantes e con maior risco para a saúde e para a privacidade, como se ten demostrado nas experiencias inglesas ou no Hospital de Alzira.
Ante este panorama de deconstrución, desmantelamento e regresión a unha asistencia sanitaria dos anos 60-70 do século pasado, e dado que a convocatoria non ben dos traballadores ou das súas representación sindicais ou colexiais, non estou por facer a onda, nin botar foguetes, nin aplaudir a esta Administración responsable dun futuro-próximo de deterioro das prestacións sanitarias, unha Administración merecedora da nosa censura e crítica por esas políticas destrutoras. Por todo isto, eu non vou acudir a ese acto.




La mujer es un ser inferior e incapaz

Esta ley es peor que la legislación franquista que prohibía todo tipo de aborto con penas de 4 a 12 años de cárcel tanto para médicos como para las mujeres

Josep Lluis Carbonell Esteve

Esa es la conclusión a la que se llega después de leer detenidamente el anteproyecto de ley aborto sobre el aborto aprobado sibilinamente en Navidades pensando que generaría menos polémica social igual que las leyes que se aprueban en agosto cuando la sociedad esta de vacaciones.
Esta ley es peor que la legislación franquista que prohibía todo tipo de aborto con penas de 4 a 12 años de cárcel tanto para médicos como para las mujeres.
El 95% de los abortos que se realizan cada año en España no podrán hacerse, ya que esta ley exige: 1) dos dictámenes de psiquiatras diferentes que no pueden estar vinculados a la clínica o centro hospitalario que lo realice; 2) un certificado o dictamen social que garantice que se le han explicado a la mujer todos sus derechos y “deberes” de ser madre le guste o no (está por ver qué centros son los autorizados para emitir este certificado, probablemente la red de centros “Madre” dirigida por los grupos antielección y los llamo así porque los provida somos nosotros: la sociedad democrática y los que hacemos los abortos; 3) después de estos tres trámites la mujer debe reflexionar durante siete días en lugar de los tres actuales (como si no hubiera reflexionado ya antes de tomar su decisión). Y esto siempre aceptando que la mujer es un ser inferior e incapaz de regirse por sí misma a la hora de tomar decisiones que afectan vitalmente su vida y su futuro, por ello un psiquiatra debe darle permiso para abortar o no. Ya que ella es incapaz de tomar tales decisiones.
Este es el mensaje que subyace y que rezuma toda la futura ley del aborto. Es decir, una carrera de obstáculos para impedir que el mismo se realice o cuando menos se retrase de uno a dos meses. Ya que tramitar todos estos dictámenes, particularmente en la sanidad pública, no llevará menos tiempo. Recordemos que los embarazos no se detienen con los lentos y burocráticos trámites administrativos.
Impedir que los centros acreditados para la IVE (interrupción voluntaria del embarazo) puedan informar a la mujer de los ámbitos donde puede encontrar asesoramiento, apoyo o simplemente información práctica de la ubicación geográfica de dichos centros, es simplemente impedir que la mujer tenga otras vías de información distintas a las oficialmente establecidas por el Ejecutivo, de acorde a su ideología. Es reducir a estos centros a una suerte de semiclandestinidad, estigmatizar a sus profesionales y señalar a las mujeres que podrían acudir a ellos.
Y para colofón se prohíbe el aborto en caso de malformación. El señor Gallardón debe tener una malformación cerebral o cardiaca en su corazón sentimental para haber sido capaz de engendrar una ley tan cruel y monstruosa como esta, que relega a la mujer a la categoría de un animal o ser, no pensante ni sintiente: prohibiendo el aborto en caso de malformaciones. Tan es así que incluso no se la considera capaz de ser condenada porque al ser un ser inferior no es consciente de sus decisiones y por tanto no puede ser condenada.
Esto, además, le quita presión social a este anteproyecto porque se excluye a la mujer de ir a la cárcel. Pero sí a los que garantizamos en este país el derecho al aborto, los médicos y profesionales que realizamos más de 100.000 abortos al año, en clínicas y hospitales. En realidad, esta ley está específicamente diseñada para meternos en prisión a todos los que realizamos abortos y así eliminar de un plumazo este derecho tan importante para la sociedad. Esta nueva ley nos retrotrae a la época más negra del franquismo.

Resulta de una crueldad absoluta que una mujer que deseaba su embarazo y que ha dejado de desearlo ante la patología fetal grave que sufre el feto tenga que demostrar ante un psiquiatra que ese revés vital le afecta emocionalmente.
¿Quiénes somos para juzgar, para sopesar lo que una mujer, su compañero, su familia es capaz de soportar vitalmente? ¿Quiénes somos para establecer el grado de sufrimiento que una mujer puede sobrellevar frente a la discapacidad grave de su hijo o hija enfermo/a?
Bueno, pues parece que el Gobierno quiere medir ese grado de sufrimiento, asegurarse de que la mujer está realmente hundida, como si esa circunstancia no fuese una presunción lógica, de sentido común; y para ello ha decidido que la mujer tenga que demostrar, mediante un informe psiquiátrico y dictamen preceptivo relativo a la patología fetal, que la malformación que padece su hijo o hija le provoca tal desequilibrio en su salud psíquica que por ello desea interrumpir su embarazo.
¿Existirá crueldad mayor que obligar a una mujer a parir un hijo que se morirá en los siguientes días o vivirá en condiciones infrahumanas sufriendo él y sus progenitores de verlo así? ¿Es justo eso? Ya que han reducido casi a la nada las ayudas a la dependencia ¿es que el señor Gallardón piensa organizar una especie de “Cotolengo” u orfanato con los gastos pagados para todos los niños malformados que sean donados en adopción por sus madres? Sin comentarios. Se nota que el señor Gallardón y que muchos miembros del PP son del Opus Dei y afines. Afortunadamente son casi legión los que protestan en el PP por este anteproyecto. Por fin empieza a despuntar una derecha algo europea en este tema. Esto era impensable hace unos años.
Como siempre que se prohíbe el aborto lo que desgraciadamente ocurrirá es que la mortalidad y morbilidad por aborto clandestino realizado en condiciones inseguras e infrahumanas se disparará, ya que el dinero para abortar en el extranjero aunque sea en la vecina Portugal lo tendrán muy pocas. Ni las mujeres de los seis millones de parados ni las de los más de 15 millones de mileuristas que hay en España, podrán reunir los 1.500-2.500 euros necesarios para ir a Holanda o Inglaterra. Hay que tener en cuenta que no solo hay que pagar el coste de la intervención, sino también los viajes y hoteles.

En realidad esto no es una ley sobre el aborto sino una ley de gestación obligatoria. Por esto cuando una ley es tan injusta como esta y va en contra de los intereses de la mayoría no queda otra opción que rebelarse contra ella y hacer desobediencia civil. Por ello, seguiré practicando abortos a todas las mujeres que me lo soliciten y crearé una red de grupos operativos de apoyo en cada provincia conjuntamente con otras organizaciones y grupos feministas que dé salida a la problemática de los miles de mujeres que no podrán viajar al extranjero. Cuando una mujer ha decidido abortar no existe ley ni represión que le obligue a cambiar de criterio y lo hará aun a costa de arriesgar su vida. Esto es lo que he aprendido después de 30 años realizando abortos.
Afortunadamente hoy en día contamos con un revolucionario método para abortar que es el aborto farmacológico con pastillas en el que no son necesarios ni quirófanos ni médicos. Y las pastillas se pueden enviar por correo, mensajería, amigos etc. y eso es justamente lo que también haremos (ya lo hace la ONG holandesa Women On Waves, mujeres sobre las olas). Y si es necesario para ayudar a nuestras conciudadanas fondearemos un barco de esa ONG de forma permanente en cada puerto español de forma que entre y salga de territorio español cada día para que las españolas puedan seguir abortando en aguas internacionales bajo la ley holandesa y decidiendo por sí mismas.
Quiero aclarar que aunque soy miembro de ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo) esta no es la posición oficial de la misma y las propuesta y opiniones anteriormente expuestas lo son solo a título personal, aunque estoy seguro que no estaré solo cuando se lleven a cabo, en el caso de que entre en vigor esta nueva ley.
Josep Lluis Carbonell Esteve es ginecólogo y director médico de la Clínica Mediterránea Médica de Valencia y Castellón

Non marchedes sen loitar antes

Suso de Toro

Este Goberno e o seu ministro de Xustiza din estar moi preocupados polos non nados, pero é mentira, despois de que naceron e creceron até facerse mozos perséguenos ("Non nados", se existides, case mellor non veñades mentres goberne esta xente).

A altísima taxa de desemprego xuvenil, que alcanza nestes momentos o 60%, non é un dato estatístico máis, é o levantamento de acta dunha catástrofe. Unha catástrofe económica, demográfica e persoal de millóns de persoas

A altísima taxa de desemprego xuvenil, que alcanza nestes momentos o 60%, non é un dato estatístico máis, é o levantamento de acta dunha catástrofe. Unha catástrofe económica, demográfica e persoal de millóns de persoas. É unha destrución comparable aos efectos dunha guerra, non hai dúbida de que en España se está vivindo unha situación histórica como a que non viviran practicamente as xeracións vivas.


Unha situación así pediría que a política económica e social virase en torno desa catástrofe e as súas consecuencias, pero non é así en absoluto. O Goberno pasa no bico dos pés sobre o problema, confórmase con constatar as estatísticas de paro, e a súa linguaxe loxicamente é clara e brutal: a ministra supostamente encargada desa área practicamente celebra a emigración de toda unha xeración sen traballo, referíndose a ela como "mobilidade exterior" nada do "espírito aventureiro" dos "emprendedores", ou sexa, os parados. Non é unha burla, é unha inútil e absurda coartada ante ese grandísimo problema, na práctica a súa política resulta unha verdadeira persecución dos mozos, ese problema molesto que aumenta a cifra do paro.

Se os parados novos, os "emprendedores con espírito aventureiro" emigran, ou sexa mobilízanse exteriormente", deixan de ser un problema noso e do Goberno, pasan a ser un problema particular de cada un. Ou sexa, son expulsados e abandonados logo para que desaparezan. Fisicamente seguen existindo, alí onde estean e onde só saiban deles os seus familiares, pero polo menos conseguen facelos desaparecer das estatísticas e, xa postos, da Seguridade Social. A última medida que priva de cobertura a quen estean tres meses ausentes, precisamente porque foron expulsados, resúmeo todo.

Se os parados novos, os "emprendedores con espírito aventureiro" emigran, ou sexa mobilízanse exteriormente", deixan de ser un problema noso e do Goberno, pasan a ser un problema particular de cada un

Como é algo inesperado, a sociedade española non imaxinara que volvería afrontar opcións persoais e como sociedade que xa se consideraban superadas, non hai tempo para comprender as consecuencias da emigración. Non é o caso de Galicia, onde a emigración coas súas consecuencias é un trazo social e nacional e que orixinou unha extensa reflexión sobre os aspectos positivos e negativos da emigración. A emigración ten un aspecto de triunfo e un aspecto de derrota. Emigrar pode ser unha solución particular para os naturais dun país con tan graves problemas que non é capaz de alimentar os seus fillos, pero sempre é un desastre para esa sociedade que con iso incrementa gravemente os seus problemas ao perder xeracións de mozos. Ao ser inesperada esta onda emigratoria non se comprende a súa gravidade, non só marchan os que teñen máis enerxías senón tamén os fillos que non poderán ter ou que terán noutro lugar.


Pero nesta ocasión non se trata soamente da perda incuantificable que a emigración supón para unha sociedade, nin unicamente das rupturas persoais e contratempos que padecen quen emigran senón de algo novo: a diferenza das xeracións anteriores que emigraron para mellorar a súa situación agora emigran coa conciencia de que vivirán peor. Antes emigraban cunha esperanza, agora non. Os que marchan levan un sentimento de ser traizoados, non era iso o prometido e, o que é peor, de impotencia. Vense inermes e vencidos. Se non cambia a situación e non hai unha reacción serán unha xeración amargada e triste.

Antes emigraban cunha esperanza, agora non. Os que marchan levan un sentimento de ser traizoados, non era iso o prometido e, o que é peor, de impotencia

E é natural, pois unha xeración non é unha clase social, están a emigrar de diversas procedencias sociais, e porque toda xeración é transitoria non teñen organizacións propias que lles permitan defender os seus intereses comúns. Esa falta de organización fai que cada un se vexa só e destinado a resolver o seu problema dun modo exclusivamente particular. Probablemente quen xa marcharon e quen se están vendo abocados a iso non atopen traballo no seu país nos próximos tempos, pero cada xeración debe deixar o seu sinal no seu país, ten unha tarefa, e se non a leva a cabo non só a sociedade, tamén cada individuo pagará un prezo. Esta xeración está a verse como expulsada, pero se así vai ser que polo menos non o sexa sen loita. A loita por gañarmos a existencia é o que nos dá dignidade persoal.

Pacífica e democraticamente, pero tamén coa convicción de que ten razón e de que debe esixir o seu, esta xeración ten a tarefa de loitar pola súa supervivencia, aínda sabendo que pode perder

Mozos, mozas, poida que vos venzan pero se non loitades quitaranvos moito máis que o dereito a vivir no voso propio país, algo máis profundo e que afecta á autoconfianza e a integridade. Se marchades, que sexa sentíndovos donos de vós e libres.


Pacífica e democraticamente, pero tamén coa convicción de que ten razón e de que debe esixir o seu, esta xeración ten a tarefa de loitar pola súa supervivencia, aínda sabendo que pode perder. Pero aínda que perda non será unha xeración perdida para si mesma.