xoves, 21 de agosto de 2014
La cultura de la violación. Guía para el caballero.
Del original A Gentleman’s Guide to Rape Culture de Zaron Burnett III.
Si eres un hombre, formas parte de la cultura de la violación. Y sí, ya sé que suena duro; no eres necesariamente un violador, pero perpetúas comportamientos a los que comúnmente nos referimos como cultura de la violación.
Seguramente estarás pensando «Para quieto ahora mismo, Zaron, ¡ni siquiera me conoces, colega! Como se te ocurra insinuar que me molan las violaciones… No, yo no soy de esos, tío».
Sé cómo te sientes, tuve la misma respuesta cuando me dijeron a mí que formaba parte de la cultura de la violación. Suena fatal, pero imagínate andar por el mundo sin dejar de tener miedo a que te violen. Y todavía peor, la cultura de la violación es una mierda para todas las que estamos involucradas en ella. Pero no nos te obsesiones con la terminología, no te quedes pasmado en las palabras que te ofenden y dejes de lado lo que en realidad quieren decirte. La expresión «cultura de la violación» no es el problema; sí lo es la realidad que describe.
Los hombres somos los principales responsables y los máximos apoyos de la cultura de la violación.
No somos los hombres los únicos que violamos, como no son las mujeres las únicas víctimas. Hay hombres que violan a otros hombres y mujeres que violan a hombres, pero lo que nos convierte a los hombres en sus máximos responsables es que somos los que cometemos el 99% de las violaciones denunciadas.
¿Y cómo formas parte de la cultura de la violación? Bueno, mira que no me gusta nada decirlo, pero lo haces simplemente por ser un hombre.
Cuando me cruzo con una mujer en un aparcamiento por la noche y ella anda por delante de mí, hago todo lo que creo posible para que a) no la haga sobresaltarse b) tenga tiempo de sentirse segura o cómoda y c) en la medida de lo posible, pueda acercarme de manera amistosa para hacerla saber que no soy una amenaza. Y lo hago porque soy un hombre.
Básicamente, me hago cargo de que esa mujer que me encuentro por la calle, en el ascensor, en las escaleras o donde sea se sienta segura; intento que se sienta tan segura como si yo no estuviera allí. Tengo presente que toda mujer que coincide conmigo en un espacio público y no me conozca, me lee como hombre, un hombre que, en concreto, se encuentra repentinamente a su lado. Tengo que tener en cuenta su sentido de espacio y que mi presencia pueda hacerlea sentirse vulnerable. Y hemos aquí el factor clave, la vulnerabilidad.
No sé vosotros, pero yo no me paso la vida sintiéndome vulnerable. He tenido que aprender que las mujeres pasan la mayor parte de su vida social con constantes e inevitables sentimientos de vulnerabilidad. Paraos a pensarlo un momento. Imaginaos sentir una constante sensación de peligro, como que tuvierais la piel de cristal.
Como tipos modernos, lo que hacemos es buscar el peligro; elegimos vivir aventuras y practicamos deportes de riesgo para sentir como que estamos en peligro. En definitiva, bromeamos sobre nuestra vulnerabilidad. Así de diferente vemos el mundo los hombres (ojo, esto lo digo teniendo perfectamente en cuenta que existe una comunidad dinámica de deportistas femeninas de riesgo, que también ponen en peligro sus vidas a menudo. Sin embargo, ellas no tienen que ponerse en situaciones de adrenalina para sentirse en peligro).
Soy prácticamente abstemio y, podría decir, sólidamente, que llevo buenas pintas, lo que quiere decir que, andando solo por la noche, muy raramente temo por mi seguridad. Algunos sabréis lo que quiero decir con esto. Muchas mujeres no saben lo que es moverse libremente por el mundo a cualquier hora del día o la noche y sentir que no va a haber ningún problema; de hecho, lo que sienten estas mujeres es lo contrario.
Una mujer siempre tiene que pensar adónde va, a qué hora irá, a qué hora llegará, a qué hora volverá, qué día de la semana es, si se quedará sola en algún momento… y así sigue la cosa, porque hay más de las que creemos. Yo, honestamente, no tengo que pensar mucho sobre lo que tengo que hacer para estar a resguardo en cualquier momento de mi vida. Me deleito con la libertad de la que dispongo para levantarme e ir de aquí para allá de día, de noche, llueva o haga sol, a cualquier parte de la ciudad. Para entender la cultura de la violación, recordad que la mitad de la población no disfruta de esta libertad.
Estos son los motivos por los que intento usar una expresión corporal transparente y por los que trato de actuar de tal manera que los miedos y demás sensaciones que las mujeres puedan sentir al respecto se reduzcan. Os recomiendo encarecidamente que hagáis lo mismo. Os lo digo en serio, es lo mínimo que cualquier hombre podemos hacer en espacios públicos para que las mujeres se sientan más cómodas en este mundo que compartimos. Basta con que las tengáis en cuenta tanto a ella como a su espacio personal.
Pensaréis que es injusto que paguemos justos por pecadores, que tengamos que cambiar nuestros hábitos por el comportamiento de otros tipos, pero, ¿sabéis qué? Tenéis razón, es injusto, ¿pero es culpa de las mujeres? ¿O es más bien culpa de aquellos tipos que actúan de manera infame y nos hacen quedar mal a los demás? Si te preocupa la justicia, descarga tu rabia sobre los tipos que hacen que tanto tú como tu forma de actuar sea cuestionable.
En el momento en que un hombre es sometido a evaluación; es decir cuando se trata de determinar de lo que es capaz de hacer, una mujer presupondrá lo que tú eres bien capaz de hacer. Desafortunadamente, esto implica que a los hombres se nos juzgará a partir de nuestro peor ejemplo. Ah, y si piensas que este uso de estereotipos es un asco, ¿cómo reaccionarías tú al encontrarte a una serpiente en el campo, eh?
¿No la tratarías como a una serpiente? Esto no es estereotipar, es juzgar a un animal por lo que es capaz de hacer y por el daño que es capaz de infligir. La ley de la jungla, tronco; eres un hombres , y las mujeres te tratarán como tal.
Es tu responsabilidad tuya ese miedo, razonable y comprensible, que se tiene de los hombres. Es verdad que no lo creaste, como tampoco creaste tú las autovías. Algunas cosas que heredamos de la sociedad molan, otras son cultura de la violación.
Como ninguna mujer puede juzgar de manera acertada tus intenciones a primera vista, presupondrá que eres como los demás tipos. En el 73 por ciento de las violaciones, las víctimas conocían a su agresor, así que, si ni siquiera pueden fiarse ni juzgar acertadamente las intenciones de hombres a los que ya conocen, ¿cómo esperas que vayan a hacerlo contigo, un completo desconocido? La prevención de las violaciones no pasa porque las mujeres se eduquen en cómo evitarlas, sino en que los hombres no las cometan.
Para prevenir las violaciones, un hombre debe entender que un «no» nunca es un «sí», que cuando una mujer se encuentra bajo los efectos del alcohol o de alguna droga y se ve incapaz de articular palabra no es un «sí», que estar en una relación no implica un «sí» automático. Dejemos de concentrarnos en cómo las mujeres pueden evitar ser violadas o cómo la cultura de la violación hace sospechosos a hombres inocentes, ciñámonos a lo que, como hombres, podemos hacer para evitar que se cometan violaciones, desmantelar las estructuras que las permiten y modificar las actitudes que las toleran.
Ya que formas parte de ella, tienes el deber de saber lo que es la cultura de la violación.
Extraído de la página de Marshall University’s Women’s Center:
La cultura de la violación es el entorno en el cual la violación ostenta una posición preponderante y en la cual la violencia sexual infligida contra la mujer se naturaliza y encuentra justificación tanto en los medios de comunicación como en la cultura popular. La cultura de la violación se perpetúa mediante el uso de lenguaje misógino, la despersonalización del cuerpo de la mujer y el embellecimiento de la violencia sexual, dando lugar a una sociedad despreocupada por los derechos y la seguridad de la mujer.
La primera vez que una mujer me dijo que formaba parte de la cultura de la violación, me posicioné en contra por motivos evidentes. Como muchos de vosotros, quise decir «Eh, a mí no me metas», pero, en vez de eso, la escuché. Más tarde, fui a ver a una escritora a la que admiro y la pedí que escribiera un artículo conmigo en el cual explicara la cultura de la violación específicamente para mí y para lectores hombres. Dejó de contestarme a los correos.
En primer lugar, me molesté. Más tarde, cuando quedó claro que de ninguna manera iba a obtener respuesta, terminé por cabrearme. Por suerte, sé evitar responder en caliente, los truenos impresionan pero es la lluvia la que en realidad nutre la vida, así que dejé que amainara la tormenta y me paré un momento a pensar. Di un paseo, uno de esos que hacen que se me encienda la bombilla.
A manzanas de mi casa, enfrente de un lavadero de coches, se me ocurrió. Si tanto me importaba la cultura de la violación, necesitaba salir a descubrirla yo mismo. Ninguna mujer me está en deuda conmigo por el hecho de que quiera saber algo que ella ya inherentemente comprende. Ninguna mujer debe verse en la obligación de explicarme la cultura de la violación solo porque quiera saber lo que es. Ninguna mujer me debe una mierda. He vivido cómo me recorría profundamente el deseo de que una mujer me satisficiera. Incluso mi curiosidad, una de las cualidades de las que me enorgullecía, estaba contaminada de esa presunción androcéntrica omnipresente en la cultura de la violación. Lo que esperaba era que me satisficieran, y esa actitud es un problema. Así que empecé a leer y seguí hasta que entendí la cultura de la violación y mi lugar en ella.
Adjunto aquí una enumeración de ejemplos de cultura de la violación.
- Echar la culpa a la víctima («lo iba buscando»).
- Dulcificar las agresiones sexuales («Estos hombres…»).
- Hacer chistes sexualmente explícitos.
- Tolerar el acoso sexual.
- Inflar las cifras de denuncias de violación falsas.
- Hacer un estudio público sobre los hábitos de vestimenta, salud psíquica, motivaciones e historial de la víctima.
- Violencia de género gratuita en películas y televisión.
- Definir la «masculinidad» como dominante y sexualmente agresiva.
- Definir la «feminidad» como sumisa y sexualmente pasiva.
- Presionar a los hombres para que «consigan sus metas».
- Presionar a las mujeres para que «estén alegres».
- Presuponer que solo violan a mujeres promiscuas.
- Presuponer que no hay hombres violados y que los que hay son «débiles».
- No tomarse en serio las acusaciones de violación.
- Enseñar a las mujeres cómo no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar.
Ahora que ya sabes lo que es, ¿cómo puedes actuar dentro de esta cultura?
- Evita el uso de lenguaje que despersonalice o degrade a las mujeres.
- Alza tu voz si oyes a alguien contar un chiste ofensivo o que dulcifica la violación.
- Si una amiga te dice que la han violado, tómala en serio y apóyala.
- Mantén un pensamiento crítico con los mensajes que te llegan de los medios de comunicación sobre mujeres, hombres, relaciones y violencia.
- Respeta el espacio ajeno incluso en situaciones distendidas.
- Mantén comunicación constante con tus parejas sexuales, no presupongas el consentimiento.
- Define tu propio concepto de masculinidad o femineidad. No dejes que los estereotipos guíen tus actos.
¿Qué otras cosas puedes hacer en relación a la cultura de la violación cuando la experimentas en la vida real?
- Enfrentarte a otros hombres
No hablo de violencia, más bien eso es lo que tenemos que intentar evitar. Sin embargo, en ocasiones un hombre tiene que enfrentarse a otro hombre, por separado o en grupo, en determinadas situaciones. Cuando estoy en un espacio público y veo a otro hombre acosar a una mujer, me paro y me aseguro de que la mujer en cuestión me ve. Busco que se dé cuenta de que soy perfectamente consciente de la situación y espero que me de una señal explícita de ayuda. A veces, la pareja continúa peleando como que fuera invisible, pero en otras ocasiones, la mujer me hace ver que necesita apoyo e intervengo. Nunca he tenido que ponerme violento; en ocasiones mi sola presencia hace que el tipo se vaya si es desconocido o se explique si ya nos conocemos de antes y la dinámica cambia. Por esto me detengo cuando veo que otro tipo molesta a una mujer en público. Por alguna razón, me aseguro de que cualquier mujer, en lo que podría convertirse en una situación violenta, una situación que pueda estar juzgando como tal correctamente o no, encuentre la oportunidad para hacerme notar que necesita ayuda. Tengo una hermana pequeña, esa respuesta es prácticamente instintiva.
Sin embargo, no solo hago esto con las mujeres. También he actuado así en una discusión afectiva entre dos hombres. Siempre que contemples una situación que parece salirse de control, y especialmente si están atacando a alguien o ese alguien pide ayuda, debes inmiscuirte. No significa entrar como un elefante en una cacharrería, sino hacerte partícipe, involucrarte, tomar nota de información pertinente, alertar a las autoridades, llamar a la policía, etc. Hacer algo, vaya.
- Corregir a otros hombres
Si otro tipo empieza a farfullar atropelladamente cosas ofensivas delante de ti, puedes actuar incluso si no hay nadie de la comunidad cerca sobre la que recae la ofensa. También vale para cuando alguien usa lenguaje misógino: levanta la voz, dile a tu amigo o a tu compañero de trabajo que los chistes de violaciones son basura y que no los vas a aguantar.
Hazme caso, no vas a perder tu «carnet de hombre». Si eres mayor de diecinueve y todavía te preocupa el carnet de hombre, tampoco es que tengas ni idea de lo que va la masculinidad respetable, de todas maneras. No tiene nada que ver con la aprobación intelectualoide ajena, tiene que ver con que seas «tu propio modelo de hombre» y hagas las cosas bien. Te sorprenderá la cantidad de hombres que te guardarán respeto por hacer aquello que ellos no se atrevieron a hacer, lo he escuchado miles de veces. No soy la Liga de la Justicia, pero he discutido, discuto y seguiré discutiendo con manadas y manadas de tipos. Más tarde, algunos de esos tipos se me acercarán y me dirán el respeto que les infunde lo que hice. Siempre les respondo que, cuantas más veces repitas, cada vez es más fácil levantar la voz. Lo prometo, es cierto.
No quiero decir con esto que hay que haya que ir haciendo marcaje a todo el mundo. No intento hacer que todo el mundo viva según mi criterio, nadie necesita que le digas lo que piensas sobre cada cosa que dicen y si es acorde a tu criterio de conciencia social. Sin embargo, cuando otro tipo dice alguna gilipollez y sabes que lo es ―esos chistes están a la orden del día―puedes hacerle notar que ni su chiste de violaciones ni su siempre sabia analogía del «todas putas» pasan la prueba.
- Hacer reflexionar a otros hombres
Pongámoslo así: estás en un grupo de hombres y uno de ellos empieza a chillarle a una chica. Muy sencillo, dile que deje de hacer el gilipollas. No te conviertes en un macarra si alzas la voz por la mujer, siempre y cuando no trates de conseguir puntos ante ella por defenderla, claro; si evitas eso, no estarás actuando como el caballero de brillante armadura. No, estarás haciendo lo correcto. Ninguna mujer necesita que la chille un payaso sexista solo porque el pobre tipo no dé para más. El piropeo es una de las peores exhibiciones de la sexualidad masculina que existen, y esos imbéciles nos hacen quedar como simples espantapájaros. ¿Lo pilláis, no? Hay que ponerle fin a estas soplapolladas.
Mediante construcción personal fue como conseguí levantar la voz ante un grupo de hombres. Tienes que hacerlo, más que nada por respeto a ti mismo. De otra manera, no eres más que otro tipo patético que permite que otro hombre maltrate a una mujer delante de ti. Cuando un menda piropea y no lo haces notar, lo que acaba de pasar es que él la ha tratado como un objeto sexual barato para su propia satisfacción y a la vez te ha convertido en ese macarra que está deseando que ocurra otra situación de maltrato en tu presencia para que la ratifiques mientras no dices una palabra.
¿Qué pensaría tu abuelo si te viera en esa situación? ¿Estaría orgulloso? ¿Estás orgulloso de ti mismo? El orgullo masculino solo vale para una cosa: para mejorar personalmente. No seas ese macarra silencioso que se mimetiza con la masa para llevarse bien con la masa. Levanta la voz cuando alguien piropee a una mujer enfrente de ti, dile que se calle la puta boca. Como hombre, tienes poder, úsalo, los hombres respetamos la convicción.
- Es nuestro trabajo establecer normas para nosotros mismos y, de esta manera, para los hombres en general.
Pensarás «Zaron, tío, espabila, tronco. El piropeo no es para tanto, ¿no estamos haciendo una montaña de ello? A algunas mujeres les gusta.» Igual tienes razón, igual a algunas les gusta, pero eso no importa, a mí me gusta conducir a toda hostia, a mi sobrino le gusta fumar hierba por la calle, pero ninguno de los dos estamos habilitados para hacerlo. Así funciona el pertenecer a esta sociedad: si encuentras a una mujer que le guste que la piropeen, ve y hazlo, pero de puertas para adentro, no en público; ahí, respeta el espacio físico y psíquico de las demás.
No te limites a ser un hombre, sé un ser humano, una persona con integridad y honor.
Cuando eventos como #YesAllWomen surgen en nuestros debates culturales y las mujeres de todo el mundo comienzan a compartir sus experiencias, sus traumas, sus historias y sus puntos de vista personales, como hombres, no debemos inmiscuirnos en ese debate. Ahí, lo que tenemos que hacer es escuchar y reflexionar, que sus palabras cambien nuestra forma de ver el mundo. Nuestro trabajo ahí está en preguntarnos cómo podemos hacer mejor las cosas.
Para ver contenido diario, podéis seguirme también por Facebook en Demonio Blanco y por Twitter (@DemonioblancoTT).
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mércores, 20 de agosto de 2014
Lucha contra la inmigración irregular
RUBEN ANDERSSON
elpais.com/elpais/opinion.html
La creación en 2004 de Frontex, la agencia europea de fronteras, es un experimento fallido. Alrededor de la entrada de sin papeles en el continente se ha desarrollado una sórdida “industria de la ilegalidad"
No será la fotografía más trágica de las fronteras de Europa, pero sí la más absurda. La imagen tomada el 1 de mayo de 2014 muestra a decenas de subsaharianos balanceándose en lo alto de la valla de Melilla. Abajo se ven aparcadas las furgonetas de la Guardia Civil; al otro lado de la barrera espera la policía marroquí, preparada para arrastrar y alejar a los inmigrantes una vez que se cansen. En primer plano, un inmigrante se agarra a lo alto de un poste; allí, por encima de los guardias, vigila en soledad las puertas fortificadas de la nueva Europa.
La foto es sólo una entre las miles de imágenes que dan testimonio del caos y la miseria en la frontera sur de la Unión Europea. En España pasan pocas semanas sin “asaltos” o “avalanchas”; en Grecia, los refugiados protagonizan desesperadas huelgas de hambre en campos desbordado, y en los alrededores de Malta e Italia empieza la macabra temporada veraniega. Uno tras otro llegan barcos repletos de refugiados, cada vez es más alto el número de muertos y ahogados, a pesar de los avanzados controles fronterizos. Los políticos reclaman más dinero, nuevas tecnologías, que se desplieguen patrullas. Pero, ¿cuánto más hace falta para parar la migración?
En la última década, desde la creación de la agencia europea Frontex, en 2004, la frontera sur de Europa se ha convertido en un experimento fallido. Allí ha crecido una industria alrededor de la “lucha contra la inmigración ilegal” constituida por un creciente número de sectores: fuerzas de Estados europeos y africanos, empresas de defensa y de seguridad, organizaciones internacionales y humanitarias, institutos de investigación y medios de comunicación. Con cada nueva tragedia, cada barco hundido, crece el negocio. Pero esta “industria de la ilegalidad” no es una solución; es más bien una parte fundamental del problema.
Una rápida ojeada a la tendencia de los últimos años muestra cómo los esfuerzos oficiales se están quedando cortos. Hasta la fecha, 100.000 refugiados e inmigrantes han llegado a las costas italianas, más que en todo el año pasado, y tres veces más que en la crisis de los cayucos en Canarias en 2006. El Gobierno de Italia pide más fondos de Bruselas, pero ¿con qué fin? Su costosa operación marítima, Mare Nostrum, habrá salvado la credibilidad de las fuerzas italianas tras las tragedias de Lampedusa de 2013, pero no puede parar a los barcos. El nuevo sistema de vigilancia fronteriza de Europa, Eurosur, tampoco ha tenido gran efecto desde su inauguración oficial, en diciembre pasado. Mientras tanto, la cooperación con Libia, que ha existido en varias formas durante muchos años, sólo fue eficaz durante la época más autoritaria de Gadafi, a un precio político y humano elevado —nunca mejor ilustrado que cuando el líder pidió 5.000 millones de euros por año para impedir que Europa fuera “negra”—. Se han probado todas las herramientas de la caja. Invertir en instrumentos todavía más caros es una estrategia inútil.
Gadafi pidió 5.000 millones de euros por año para impedir que Europa fuera “negra”
Los controles no sólo son insuficientes; son contraproducentes. En España, durante la última década, nuevos sistemas de vigilancia marítima y más patrullas han empujado a los inmigrantes hacia rutas cada vez más largas y peligrosas —primero, vía Canarias, a 1.500 kilómetros de Senegal, y luego, a través del Sáhara—. En el Mediterráneo, como se ha visto en las llegadas de la semana pasada, muchos inmigrantes utilizan pequeños barcos inflables con la esperanza de no ser descubiertos por los radares del sistema SIVE. Otros viajan sin capitán a bordo a causa de las penas elevadas a las que se enfrentan los supuestos patrones en Europa. En Marruecos, mientras tanto, la intensificación de la cooperación policial no sólo ha convertido la inmigración en un punto de presión excelente en las relaciones con España y la UE, sino que también ha fortalecido a las redes de traficantes ante la creciente dificultad de cruzar sin ayuda profesional. De este modo, la “industria de la ilegalidad” ha contribuido a crear el problema contra el cual, supuestamente, está luchando.
Pero a pesar de los fracasos sigue el negocio. Los drones se añaden a la ya extensa gama de tecnologías de vigilancia marítima. Se discuten nuevos acuerdos de colaboración con Estados africanos y se propone, desde la Comisión Europea, patrullas a lo largo de todo el Mediterráneo siguiendo el modelo de las “operaciones conjuntas” que ya llevan casi 10 años en marcha.
Una rápida ojeada a la tendencia de los últimos años muestra cómo los esfuerzos oficiales se están quedando cortos. Hasta la fecha, 100.000 refugiados e inmigrantes han llegado a las costas italianas, más que en todo el año pasado, y tres veces más que en la crisis de los cayucos en Canarias en 2006. El Gobierno de Italia pide más fondos de Bruselas, pero ¿con qué fin? Su costosa operación marítima, Mare Nostrum, habrá salvado la credibilidad de las fuerzas italianas tras las tragedias de Lampedusa de 2013, pero no puede parar a los barcos. El nuevo sistema de vigilancia fronteriza de Europa, Eurosur, tampoco ha tenido gran efecto desde su inauguración oficial, en diciembre pasado. Mientras tanto, la cooperación con Libia, que ha existido en varias formas durante muchos años, sólo fue eficaz durante la época más autoritaria de Gadafi, a un precio político y humano elevado —nunca mejor ilustrado que cuando el líder pidió 5.000 millones de euros por año para impedir que Europa fuera “negra”—. Se han probado todas las herramientas de la caja. Invertir en instrumentos todavía más caros es una estrategia inútil.
Gadafi pidió 5.000 millones de euros por año para impedir que Europa fuera “negra”
Los controles no sólo son insuficientes; son contraproducentes. En España, durante la última década, nuevos sistemas de vigilancia marítima y más patrullas han empujado a los inmigrantes hacia rutas cada vez más largas y peligrosas —primero, vía Canarias, a 1.500 kilómetros de Senegal, y luego, a través del Sáhara—. En el Mediterráneo, como se ha visto en las llegadas de la semana pasada, muchos inmigrantes utilizan pequeños barcos inflables con la esperanza de no ser descubiertos por los radares del sistema SIVE. Otros viajan sin capitán a bordo a causa de las penas elevadas a las que se enfrentan los supuestos patrones en Europa. En Marruecos, mientras tanto, la intensificación de la cooperación policial no sólo ha convertido la inmigración en un punto de presión excelente en las relaciones con España y la UE, sino que también ha fortalecido a las redes de traficantes ante la creciente dificultad de cruzar sin ayuda profesional. De este modo, la “industria de la ilegalidad” ha contribuido a crear el problema contra el cual, supuestamente, está luchando.
Pero a pesar de los fracasos sigue el negocio. Los drones se añaden a la ya extensa gama de tecnologías de vigilancia marítima. Se discuten nuevos acuerdos de colaboración con Estados africanos y se propone, desde la Comisión Europea, patrullas a lo largo de todo el Mediterráneo siguiendo el modelo de las “operaciones conjuntas” que ya llevan casi 10 años en marcha.
¿Cómo puede ser que la industria siga creciendo, a pesar de sus repetidos fracasos? En parte porque permite una transferencia de responsabilidad: desde países del norte de Europa hacia los del sur; desde el sur de Europa hacia el norte de África, y desde guardias nacionales de fronteras a Frontex, y viceversa. Pero, más allá de esta gama de reproches, el porqué del perplejo crecimiento de la industria está en parte en su propia dinámica; es decir, en los incentivos que ahora existen para los sectores que viven de la inmigración.
Para muchos cuerpos y fuerzas de seguridad la migración constituye una fuente de ingresos y una razón de ser en tiempos caracterizados por fronteras “abiertas” y por la falta de amenazas militares tradicionales. Para la industria de Defensa, apoyada por fondos de investigación de la UE, la migración constituye, asimismo, una potencial mina de oro. Además, cuando los inmigrantes permanecen hacinados y detenidos por periodos cada vez más largos, empresas multinacionales de seguridad pueden obtener grandes beneficios, como en menor medida hacen las organizaciones humanitarias, que han sido progresivamente incorporados en la nueva economía de la frontera.
La Unión Europea propone nuevos acuerdos de colaboración con Estados africanos y más patrullas en el mar
Melilla ilustra cómo el fracaso de los controles ha creado un mercado para que haya todavía más controles. Cuando los primeros inmigrantes subsaharianos llegaron a la ciudad autónoma en los años noventa, simplemente cruzaron a pie como todos los demás. Entonces se erigió la primera barrera, y con esa pronto surgió una “amenaza”. Llegaron corriendo en una multitud incontrolable, la única manera de entrar. Cuando España extendió la colaboración con Marruecos, las crecientes redadas hicieron que los inmigrantes, cada vez más desesperados, vieran las vallas de Melilla y Ceuta como su última salida. Con la ayuda de fondos europeos se reforzaron las verjas, y eso “funcionó” durante unos años. Hasta que miles de subsaharianos empezaron a saltarlas en 2013 y 2014. En febrero, al menos 15 inmigrantes murieron en aguas de Ceuta mientras las balas de goma caían a su alrededor. Pero, a pesar de la violencia, siguen llegando; y, a pesar del caos, la industria sigue su rumbo. El Gobierno ha pedido más dinero a Bruselas, ha fortalecido la frontera y extendido la cooperación con Marruecos, embarcada en la construcción de una nueva barrera para Melilla.
¿Qué hacer? Es necesario un “desarme” de las fronteras para disminuir los incentivos absurdos que se han ido creando. Si la gestión migratoria pierde peso en el diálogo con los Gobiernos africanos, dejará de ser un punto de presión eficaz. Los países del norte de África podrán así volver a ser lo que han sido durante mucho tiempo —destino, no simple tránsito— para los subsaharianos. Si al mismo tiempo las “soluciones” propuestas por expertos de seguridad y fronteras son recortadas o desmanteladas, los inmigrantes y sus pasadores no tendrán que utilizar las rutas más peligrosas para esquivar controles. Esto, a su vez, facilitará los rescates, una tendencia que será reforzada si se crean incentivos para que los barcos comerciales ayuden a las pateras en peligro.
Un cambio de rumbo será difícil para la industria, igual de difícil que para los inmigrantes subidos a la valla de Melilla. Más allá de los incentivos económicos, la barrera más importante para el cambio es una cuestión política: el discurso distorsionado de una “invasión” creada por gobernantes y medios de comunicación.
En Melilla, los inmigrantes están cansados tras permanecer varias horas en la verja. Cuando son entregados a las fuerzas marroquíes son alejados a la fuerza y detenidos por poco tiempo. Sus nuevos y cada vez más desesperados intentos de cruzar la frontera justificarán todavía más inversiones en la industria. El círculo vicioso se cierra de nuevo. ¿Quién tendrá la valentía de romperla?
Para muchos cuerpos y fuerzas de seguridad la migración constituye una fuente de ingresos y una razón de ser en tiempos caracterizados por fronteras “abiertas” y por la falta de amenazas militares tradicionales. Para la industria de Defensa, apoyada por fondos de investigación de la UE, la migración constituye, asimismo, una potencial mina de oro. Además, cuando los inmigrantes permanecen hacinados y detenidos por periodos cada vez más largos, empresas multinacionales de seguridad pueden obtener grandes beneficios, como en menor medida hacen las organizaciones humanitarias, que han sido progresivamente incorporados en la nueva economía de la frontera.
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Melilla ilustra cómo el fracaso de los controles ha creado un mercado para que haya todavía más controles. Cuando los primeros inmigrantes subsaharianos llegaron a la ciudad autónoma en los años noventa, simplemente cruzaron a pie como todos los demás. Entonces se erigió la primera barrera, y con esa pronto surgió una “amenaza”. Llegaron corriendo en una multitud incontrolable, la única manera de entrar. Cuando España extendió la colaboración con Marruecos, las crecientes redadas hicieron que los inmigrantes, cada vez más desesperados, vieran las vallas de Melilla y Ceuta como su última salida. Con la ayuda de fondos europeos se reforzaron las verjas, y eso “funcionó” durante unos años. Hasta que miles de subsaharianos empezaron a saltarlas en 2013 y 2014. En febrero, al menos 15 inmigrantes murieron en aguas de Ceuta mientras las balas de goma caían a su alrededor. Pero, a pesar de la violencia, siguen llegando; y, a pesar del caos, la industria sigue su rumbo. El Gobierno ha pedido más dinero a Bruselas, ha fortalecido la frontera y extendido la cooperación con Marruecos, embarcada en la construcción de una nueva barrera para Melilla.
¿Qué hacer? Es necesario un “desarme” de las fronteras para disminuir los incentivos absurdos que se han ido creando. Si la gestión migratoria pierde peso en el diálogo con los Gobiernos africanos, dejará de ser un punto de presión eficaz. Los países del norte de África podrán así volver a ser lo que han sido durante mucho tiempo —destino, no simple tránsito— para los subsaharianos. Si al mismo tiempo las “soluciones” propuestas por expertos de seguridad y fronteras son recortadas o desmanteladas, los inmigrantes y sus pasadores no tendrán que utilizar las rutas más peligrosas para esquivar controles. Esto, a su vez, facilitará los rescates, una tendencia que será reforzada si se crean incentivos para que los barcos comerciales ayuden a las pateras en peligro.
Un cambio de rumbo será difícil para la industria, igual de difícil que para los inmigrantes subidos a la valla de Melilla. Más allá de los incentivos económicos, la barrera más importante para el cambio es una cuestión política: el discurso distorsionado de una “invasión” creada por gobernantes y medios de comunicación.
En Melilla, los inmigrantes están cansados tras permanecer varias horas en la verja. Cuando son entregados a las fuerzas marroquíes son alejados a la fuerza y detenidos por poco tiempo. Sus nuevos y cada vez más desesperados intentos de cruzar la frontera justificarán todavía más inversiones en la industria. El círculo vicioso se cierra de nuevo. ¿Quién tendrá la valentía de romperla?
Ruben Andersson es antropólogo en la London School of Economics y autor del libro Illegality, Inc.
El escandaloso comportamiento de la industria farmacéutica
Vicenç Navarro
www.publico.es
España se gasta muchísimo en el capítulo de farmacia, un dato que es incluso más notorio y visible porque el gasto público sanitario es muy bajo. En realidad, nos encontramos con la situación paradójica de que España es uno de los países que se gasta menos en sanidad pública (mucho menos de lo que debería por su nivel de riqueza) y, a la vez, es uno de los que se gasta más en farmacia. El argumento que se utiliza con mayor frecuencia para explicar el elevado gasto en farmacia es que los pacientes, al no tener que pagar el coste de producir el fármaco, abusan del sistema, adquiriendo muchas más medicinas de las que en realidad necesitan.
Además de errar en este diagnóstico –pues la mayoría de la ciudadanía española tiene que pagar por los fármacos–, el hecho es que dicha explicación del elevado consumo farmacéutico ignora que el acceso a los fármacos no es tan fácil como se cree, pues aunque los precios de los productos farmacéuticos son inferiores a los de otros países, se olvida que el nivel de los salarios y/o transferencias públicas a las familias, ancianos y grupos sociales vulnerables es mucho más bajo que el que existe en la mayoría de países de la UE-15, el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico al español.
Pero las consideraciones más importantes deberían hacerse sobre el comportamiento de la industria farmacéutica, una de las industrias con mayores beneficios en la economía, fenómeno que es generalizado en la mayoría de países desarrollados a los dos lados del Atlántico Norte. En EEUU, los beneficios empresariales de este sector económico –el farmacéutico– son de los más elevados de aquel país. Las diez empresas más importantes del sector tienen una tasa de beneficios (el porcentaje que representan sobre el total de ventas) del 17%, que es muchísimo mayor que el promedio (5%) de las 500 empresas más grandes de aquel país.
Estos enormes beneficios (que ocurren también en España) se basan en la protección que les ofrece el Estado, permitiéndoles dictar el precio de los productos farmacéuticos al nivel que deseen, a través de las patentes. Estas patentes son una manera de saltarse el mercado, asegurando a las empresas farmacéuticas el poder de controlar la producción y distribución, con un comportamiento claramente monopolístico. El caso más claro es el precio de un nuevo tratamiento para la hepatitis C, que cuesta nada menos que la friolera cantidad de 25.000 euros por paciente. En EEUU es 84.000 dólares (unos 63.000 euros) por paciente. Esta situación, por cierto, ha creado un problema enorme en el sistema penitenciario estadounidense. Paradójicamente, en un país donde el Estado no garantiza la accesibilidad a los servicios sanitarios por parte de la población, sí que lo hace en el caso de los prisioneros en las cárceles estatales (1,3 millones de presos) y federales (200.000 presos). Estos sí que tienen el derecho a recibir los servicios sanitarios gratuitos, situación que, repito, no existe para la mayoría de la población estadounidense. Y un 17% de toda la población en prisión está infectada por el virus que causa la hepatitis C, que se transmite al compartir las jeringuillas entre los drogadictos. En realidad, un tercio de todas las personas infectadas con el virus está en prisión. El tratamiento de estos pacientes está suponiendo una crisis enorme del sistema penal de aquel país (ver Margot Sanger-Katz, “Why the Hepatitis Cure Sovaldi Is a Budgetary Disaster for Prisons”, The New York Times, 07.08.14).
Cuando analizamos la causa de que el precio del Sovaldi sea tan elevado, vemos que tanto el Estado federal de EEUU como el Estado español garantizan que el laboratorio que lo produce defina el precio de la medicina, impidiendo por varios años que otros laboratorios produzcan el mismo fármaco o uno de semejante. El mercado no funciona en el sector farmacéutico cuando las patentes son las que rigen el precio de los productos. La justificación para que el Estado garantice tal beneficio al productor es que la empresa farmacéutica tiene que recuperar los costes de haber inventado y producido la medicina. Es lo que se llama coste de la investigación y desarrollo de un fármaco. Ahora bien, dicho argumento debe cuestionarse en base a la mucha evidencia ignorada en este argumento. Una es que el coste en investigación y desarrollo del fármaco es mucho más bajo de lo que indica la propia industria. La evidencia de ello es robusta. En realidad, Egipto produce el mismo fármaco genérico por 900 dólares (unos 675 euros) y la India va a sacar un producto idéntico por 200 dólares (unos 150 euros). ¿Por qué el Estado español se gasta tanto dinero por paciente cuando puede adquirirlo por muchísimo menos?
Se me dirá que la Comisión Europea (teóricamente el máximo exponente de las teorías neoliberales promotoras del mercado) no lo permite. Le sorprenderá al lector conocer que la Comisión Europea, a pesar de su discurso neoliberal, en la práctica se ve a sí misma como la defensora de la industria farmacéutica europea. Pero debería saberse que para el Estado español sería más barato pagarle al paciente español para que se fuera a comprar el fármaco a Egipto o a la India (viaje y hotel incluido), que no comprarlo en España. Esto es lo que precisamente Dean Baker, uno de los economistas más interesantes de EEUU, aconseja al Estado de California que haga: que las autoridades públicas de aquel Estado les paguen a los pacientes de hepatitis C el viaje a Egipto (familiares incluidos). Con ello, dichas autoridades gastarían 7.000 millones de dólares menos de los que se gasta solo el Estado de California en comprar el producto al fabricante actual en EEUU (ver Dean Baker, “Who’s Afraid of Trade? Expensive Drugs and Medicaid”, Counterpunch, 06.08.14).
Pero más económico que todo ello sería incluso que el Estado fuese el que investigara y desarrollara el producto. En realidad, el Estado ya financia la gran mayoría de la investigación básica que determina el descubrimiento de nuevos fármacos. En EEUU, los famosos centros de investigación médica (NIH) son los mayores centros de investigación básica. Lo que hace la industria farmacéutica es aplicar este conocimiento básico a su investigación aplicada, mercantilizándola. Si el Estado financiara también la aplicada (lo que le significaría doblar la cantidad de dinero en investigación), se ahorraría muchísimo dinero, pues el precio del producto sería muchísimo menor. El hecho de que ello no se esté considerando se debe única y exclusivamente al enorme poder de la industria farmacéutica, uno de los grupos económicos más poderosos e influyentes sobre el Estado tanto en EEUU como en España.
martes, 19 de agosto de 2014
'The Expose Project': as fotografías que amosan ás mulleres que non saen nos anuncios
-A fotógrafa Liora K e a blogueira Jes Baker xúntanse para crear un proxecto
que persigue amosar as mulleres tal e como son, sen retoques nin filtros.
-96 mulleres de toda raza, complexión i idade de Tucson, Arizona, prestáronse
a posar espidas para esta experiencia artística.
-Unha das creadoras di que "o que
eu quería é amosar cós corpos merecen ser vistos e que non son nin bos nin
malos".
A fotógrafa Liora K e a blogueira e activista Jes Baker crearon o proxecto Expose: arroxando luz sobre a beleza
colectiva, un traballo fotográfico e artístico que ten como obxectivo amosar
o corpo da muller sen retoques nin filtros. Para levar a cabo ol proxecto,
Liora K e Jes Baker contactaron con 96 mulleres de tódalas razas, complexión ou
idade da cidade de Tucson, en Arizona, que a súa vez presentáronse a posar espidas
para a iniciativa. As dúas artífices do proxecto tamén participaron nel. O obxectivo,
segundo Liora K, é demostrar que esas mulleres "son importantes, cós corpos merecen ser vistos, que o que elas
perciben como defectos son simplemente elas, e que non son bos nin malos. Que amosar
seus corpos non fai dano. Cós seus peitos non prexudicarán ós que están no arredor,
nin seus ventres nin as súas coxas". Cá súa nudez, aínda que as fai
vulnerables, non é mala". E por último, "cós seus corpos son os seus vehículos a través da vida e teñen que
tratarse con amabilidade". Pola súa parte, Jes Baker explica que "todos sabemos có que vemos nos medios
de comunicación non é toda a realidade. Non é representativo de todas nos. E polo
que vemos (o máis ben polo que non vemos), empezamos a crer que somos as únicas
coas nosas estrías. Cos nosos peitos desiguais. Coas nosas pernas cheas de
cicatrices. Cas nosos mamilas asimétricas. Co noso ventre con forma. Co noso
vello corporal. Co noso o-que-sexa-que-non-vemos-en-ningún-outro-sitio. Rara
vez vemos a nosa bela e complexa combinación de partes do corpo que nos fan
magníficas".
The Expose Project http://www.theexposeproject.com/
Contra la violación, lo mejor (no) es esconderse
¿El Ministerio del Interior prefiere hacer lo que han hecho siempre las instituciones patriarcales para evitar las violaciones, esto es, recomendar a las mujeres que se queden en casa, que no se hagan visibles, que no vayan solas, que no vistan de aquella manera?
Beatriz Gimeno
www.eldiario.es/zonacritica/
El Ministerio del Interior ofrece en su web unos consejos antiviolación a las mujeres que deben parecerse mucho a los que se daban a los posibles blancos de ETA para evitar que les mataran: "Cambie de itinerario cada cierto tiempo; cierre las ventanillas de su casa; no pasee de noche por calles solitarias, ni sola ni acompañada; antes de aparcar su coche mire alrededor por si ve personas sospechas..." . Aquel que recomendaba a concejales o políticos vascos que miraran los bajos de su coche antes de subirse al mismo, se parece mucho a este otro: "Antes de subir a su vehículo observe su interior. Podría encontrarse algún intruso agazapado en la parte trasera". La enorme diferencia entre aquellos consejos y estos es que en el caso de las personas amenazadas por el terrorismo todo el mundo percibía la situación como lo que era y el Ministerio del Interior, además de consejos, perseguía con todos los medios a su alcance al grupo terrorista. Era una amenaza cierta, real, y para salvar la vida las personas amenazadas tenían que renunciar a una parte muy importante de su libertad. Pero, además de estos consejos, todas las instituciones del Estado estaban volcadas en la lucha contra ETA.
Pero, ¿qué grupo terrorista nos amenaza a las mujeres para que no podamos aparcar nuestro coche sin mirar alrededor? ¿Los hombres en general? ¿Hay una plaga de violadores? ¿Han aumentado las violaciones tanto como para que ninguna mujer pueda ir a su trabajo si no es siguiendo una logística antiatentados? ¿O quizá el Ministerio del Interior prefiere hacer lo que han hecho siempre las instituciones patriarcales para evitar las violaciones, esto es, recomendar a las mujeres que se queden en casa, que no se hagan visibles, que no vayan solas, que no vistan de aquella manera? Esta vieja estrategia patriarcal no pretende evitar las violaciones, sino que pretende atemorizar a las mujeres para que no se adueñen del espacio público en la misma medida que los hombres, para que no se sientan seguras; en última instancia es una estrategia para que si al final en todo caso la violación se produce siempre se pueda culpar a la mujer por haber hecho lo que no debía e incluso –si hacemos caso al Ministerio del Interior– por no haber hecho lo que debía, es decir, renunciar a su libertad.
Violar está muy mal sí, pero nosotras siempre habremos hecho algo mal, algo que habrá hecho que la vida del violador esté echada a perder, como demuestra el twit enviado por la Unión Federal de Policías equiparando a víctima y violadores. ¿Alguien se imagina esto mismo en cualquier otro delito?
Los intentos para responsabilizar a las mujeres de sus violaciones son muchos y son muy antiguos. La violación es un instrumento usado por unos cuantos contra unas cuantas desde siempre, pero que sirve para aterrorizar a todas, para que se comporten, para que renuncien a ser libres e iguales. Es lo que siempre puede pasar si usas tu libertad, si ocupas el espacio, si sales de noche… Lo que siempre puede pasar y de lo que tú tendrás parte de culpa. Tu vida quedará marcada y, de paso, la de los pobres chicos.
Naturalmente que hay violaciones y abusos sexuales y todas sabemos lo que hay que hacer para protegernos, es de las primeras cosas que se le dice a una chica en realidad. Una chica escucha esa amenaza desde que pone un pie sola en la calle siendo una adolescente. Qué riesgo quiere asumir, a qué libertad renunciar, es algo que todas tendremos que manejar a lo largo de nuestra vida. Por eso, como esa amenaza pende siempre sobre nuestras vidas y es un signo de desigualdad al mismo tiempo que una herramienta para perpetuarla, las instituciones que de verdad quieran combatir las violaciones lo que tienen que hacer es combatir radicalmente y en todas las instancias la desigualdad, empoderar a las chicas para que no tengan miedo y sepan defenderse; contribuir a que la sociedad entera considere a los violadores como delincuentes peligrosos a los que toda la sociedad tiene que combatir.
Es posible, por último, que sí, que estemos asistiendo a un repunte de la violencia machista. Este repunte se manifiesta en los delitos relacionados con el género, pero también en una mayor visibilidad y en una mayor impunidad social de los comportamientos y de las opiniones machistas. De este repunte, qué duda cabe, tienen la culpa los propios machistas, pero desde luego también tienen cierta responsabilidad estas instituciones que han renunciado a denunciarlo y a luchar contra la desigualdad. Nuestras instituciones, no sólo las políticas, son culpables de inacción en la lucha contra el maltrato, de la renuncia a la educación en igualdad, del no combate contra los comportamientos machistas de los personajes públicos o de la permisividad ante la glorificación mediática de la violencia sexual, incluida la violación.
Contra la violación castigo penal a los violadores, castigo social a todos los que los amparan, combate en todos los órdenes contra el machismo y apuesta absoluta y decidida por la igualdad. Y ninguna renuncia más por nuestra parte: ni a la libertad, ni a la noche, ni a la ocupación del espacio público, ni a la diversión… a nada, a nada más. El miedo no protege de nada, al contrario, el miedo nos hará más vulnerables.
Ministerio Interior:
domingo, 17 de agosto de 2014
"Los servicios sociales peligran por los neoliberales, no por los inmigrantes"
José María Perceval, historiador y doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, asegura que Europa puede acoger más inmigrantes y propone que se nombre un comisario específico en la UE

Durante el pasado 11 y 12 de agosto, las costas gaditanas recibieron a casi 1.100 inmigrantes procedentes de 78 embarcaciones interceptadas por la Guardia Civil y Salvamento Marítimo en el Estrecho. Con ellos, ya son unos 1.400 los inmigrantes registrados en lo que va de año.
Las condiciones climatológicas propias del periodo estival, junto al refuerzo de la valla de Melilla, la ausencia de vigilancia marroquí y el aumento del control en los pasos fronterizos, son algunas de las causas de este nuevo flujo migratorio por vía marítima.
La inmigración se ha convertido en uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años en España, posicionándolo como uno de los 10 países con mayor índice de inmigrantes en 2013.
En el marco de la conferencia Control de las migraciones: pateras, mafias y valla de Melilla, organizada por la Universitat Internacional de la Pau, José María Perceval, historiador y doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, ahonda en las causas de la inmigración y analiza la situación desde una perspectiva optimista.
¿España tiene un problema de inmigración?
Siempre que me plantean el problema de la inmigración me pregunto qué es un problema. Un problema es un asunto del que se espera una solución, pero, ¿cuál es el problema, las personas o las vallas que hay delante de esas personas?
El problema no es la migración, ni los migrantes, el problema lo plantean las sociedades emisoras, es decir, expulsoras de personas, y las sociedades receptoras. La problemática, evidentemente, la afrontan los migrantes, pero ellos no tienen un problema, sino que se les plantea un problema al trasladarse. Un problema que no existe para ciertos migrantes.
Entonces, ¿cuál es el problema?
La migración se origina a partir de la Revolución Industrial. En los últimos 200 años, el 85% de la población mundial ha sido migrante. Nos encontramos, por tanto, ante un fenómeno general que se ha producido de forma constante durante las últimas décadas.
Sin embargo, el problema de migración, como tal, se determina a partir de la globalización y el neoliberalismo. Estos movimientos instauran la idea generalizada de que todo debe circular para que no haya competencia. El capital, por supuesto, debe circular para obtener rentabilidad, pero las personas no.
Nos encontramos ante una contradicción que propone la movilidad del capital e impide, al mismo tiempo, la movilidad de personas afectadas por ese flujo de capital. Es entonces cuando se plantea el problema.
Un problema para esas personas, trabajadores, que están amarrados a tierra, y que deben asumir las consecuencias de la movilidad del capital. Consecuencias como las que está viviendo España, ya sea el paro, la reducción de salario o la precariedad.
En este punto se plantea un problema más, un enfrentamiento. Un problema fomentado por políticos, e incluso, sindicatos, que anuncian a su población, a sus trabajadores, amarrados también a tierra, la llegada de otras personas, inmigrantes, que vienen a quitarles el trabajo.
A lo largo de los últimos años, España ha sido uno de los países que más inmigrantes ha recibido.
La situación general, en 2010, posicionaba a EEUU como el país con más migrantes, con 42 millones. Por debajo se encuentra Rusia, posiblemente ocasionado por la división de la antigua Unión Soviética, seguida de Alemania y Arabia Saudí.
Estos datos ponen de manifiesto, una vez más, que el problema de migración no sólo se da en Europa. Es más, dentro de Europa, los datos registrados de migración, comparados con los anteriores, son mínimos.
Con respecto a la población del país de recepción, los migrantes registrados en Europa rondan el 10% de media, una cantidad casi inapreciable.
En España, la migración es un fenómeno minoritario, que no sería importante si los gobernantes no le quisieran dar una enorme importancia.
A pesar de que sea una cifra minoritaria con respecto a otros países, es cierto que España se ha convertido en un punto de destino para los inmigrantes, ¿a qué se debe este flujo de personas?
Los migrantes que llegan a España proceden de distintos lugares, por lo que cada uno puede moverse por uno u otro motivo. Generalmente, las personas que emigran a España lo hacen buscando unas mejores condiciones económicas, aunque también se registra un gran número de inmigrantes que huyen de conflictos militares.
La búsqueda de mejores condiciones económicas no es un sueldo más alto, y mucho menos la Seguridad Social, principalmente porque no tienen ni idea de qué es la Seguridad Social, para qué sirve ni cómo usarla. En la mayoría de los casos se trata de la búsqueda de la supervivencia.
Y esta búsqueda tiene unos factores causantes, que nunca se exponen, porque sólo oímos las consecuencias, no las causas.
¿Cuáles son las principales causas de la inmigración?
Actualmente nos encontramos con realidades muy diferentes. La inmigración se debe, en parte, a la huida de conflictos militares como los que tienen lugar ahora mismo en las fronteras europeas, en Siria, en Palestina o en el Sahel. Esos conflictos, a su vez, también tienen causas, y causantes, porque Francia no ha dejado de tener guerras ni de vender armas en el Sahel, y la intervención Sarkozy dejó a Libia destrozada, por ejemplo.
La economía, o la supervivencia, como decía antes, es otra de las causas. Nigeria y Senegal son dos de los países que más gente está expulsando ahora mismo. En estos casos es muy común oír hablar de piratería y de gente que se lanza al mar en pateras, cayucos o lanchas de juguete, como ahora, pero no se explica el robo absoluto de pescado que China y otros países llevan a cabo en las costas africanas.
¿De dónde provienen los inmigrantes que llegan a las costas españolas?
Las personas que llegan a las costas españolas lo hacen por distintas rutas del Mediterráneo. Según los últimos datos de Frontex, relativos al año 2013, la Ruta Oeste del Mediterráneo, donde se encuentra la valla de Melilla, alberga a 6.838 inmigrantes procedentes de Mali, de Nigeria y de Argelia, principalmente, además del Sahara del Sur.
La Ruta Central del Mediterráneo cuenta con un índice mayor, 40.304 personas, procedentes de Siria, Somalia y Sudán del Sur, donde tiene un importante peso la guerra de Eritrea.
¿Qué papel juegan las mafias?
La acción de las mafias en la inmigración es relativamente reciente, de los años 90, y poco relevante en sus inicios. Una encuesta oficial publicada entre el año 2006 y 2008 mostró que las mafias tenían poco que ver con el flujo de personas que llegaban a las costas españolas en cayucos.
Ahora la situación ha cambiado, y su papel en la inmigración se ha convertido en algo casi fundamental.
Las mafias podrían definirse como organizaciones clientelistas, que se crean en zonas marginales y degradadas en las que proliferan grupos migrantes, y que organizan o gestionan el traslado de esas personas mediante distintas rutas, como las del Mediterráneo.
Por definición, una mafia es una agrupación que surge para organizar las comunidades en las áreas donde el estado no gestiona las necesidades básicas. Esto quiere decir que una mafia es inevitable allá donde el estado no actúa.
¿Europa puede acoger a más inmigrantes?
Claro que puede. No es cierto que Europa no pueda acoger a más personas, principalmente porque tenemos una importante caída demográfica.
El problema es que no hay una línea de actuación que asegure la integración de esas personas. Lo ideal sería crear una política de migración y educación que se aplicara a esa gente que viene, y que garantizara la formación de esas personas para que puedan hallar un puesto de trabajo y resulten rentables para el país, como el resto.
¿La inmigración supone una amenaza?
No es una amenaza, ni un fenómeno preocupante. Yo apuesto por una visión positiva, optimista. La migración es un fenómeno social y político que puede aportar mucho a las sociedades, y que se puede aprovechar
¿Por qué entonces existe el rechazo y el miedo a los inmigrantes?
Porque el miedo tiene una rentabilidad política estupenda. Marine Le Pen y muchos otros generan discursos ‘malistas' y populistas, que fomentan estos sentimientos, pero la única forma de combatir ese miedo es perder el miedo a analizar sus discursos, a comparar las cifras y a verificar la auténtica gravedad del asunto.
Nuestros servicios sociales están en peligro, dicen. No están en peligro por los inmigrantes, los servicios sociales peligran porque los neoliberales nos los quieren quitar. Pero si enlazas ese discurso con los inmigrantes, encuentras un resultado estupendo que oculta el motivo y desvía la mirada hacia otro foco de atención.
La disminución de vigilancia por parte de Marruecos se apunta como una de las causas de las últimas llegadas de inmigrantes por el Estrecho.
Marruecos utiliza y ha utilizado siempre la migración como método de presión a España. Ceuta y Melilla no es que sea de mucho agrado para el país, entre otras cosas, y posiblemente si estas zonas pertenecieran a Marruecos, la situación sería distinta.
Aun así, Marruecos tiene una gran política de actuación relativa a migración, y se está convirtiendo en un país fuerte que está recibiendo a muchos migrantes, desarrollando además una labor de filtro que contiene o regula el paso hacia España.
Es posible que ahora Marruecos tome el control de nuevo y las cifras vuelvan a reducirse, pero para ello habrá que desarrollar una buena política de exteriores con ellos.
¿Existe una política de inmigración que gestione el flujo de personas?
Ese es el problema, que Europa no tiene una política de migración, sino que cada país hace y dice una cosa. Europa tiene Comisión Barroso, que reparte en cinco comisarías las competencias relativas a migración. Dichas competencias están depositadas en la Comisaría de Justicia, de Ciudadanía, de Cooperación Internacional, de Unión Aduanera y de Interior.
Esta división y falta de unidad hace que cada país instaure ciertas medidas y normas respecto a un mismo tema, que son intencionales, independientes y, en ocasiones, contradictorias con la política que siguen los otros países de la Unión Europea.
Esta situación pone de manifiesto la absoluta necesidad de crear un Consejero Europeo de Migración que unifique las políticas migratorias por las que deben regirse el resto de países.
Mientras sigamos sin Comisario, mientras sigamos sin desmontar los argumentos que plantean aquellos que hablan de los inmigrantes como amenaza y magnifican las cifras para ganar votos populares, como Marine Le Pen, será imposible evitar lo sucedido en las vallas y solucionar que estas personas estén aumentando.
LOLA MURUBE
www.publico.es
Durante el pasado 11 y 12 de agosto, las costas gaditanas recibieron a casi 1.100 inmigrantes procedentes de 78 embarcaciones interceptadas por la Guardia Civil y Salvamento Marítimo en el Estrecho. Con ellos, ya son unos 1.400 los inmigrantes registrados en lo que va de año.
Las condiciones climatológicas propias del periodo estival, junto al refuerzo de la valla de Melilla, la ausencia de vigilancia marroquí y el aumento del control en los pasos fronterizos, son algunas de las causas de este nuevo flujo migratorio por vía marítima.
La inmigración se ha convertido en uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años en España, posicionándolo como uno de los 10 países con mayor índice de inmigrantes en 2013.
En el marco de la conferencia Control de las migraciones: pateras, mafias y valla de Melilla, organizada por la Universitat Internacional de la Pau, José María Perceval, historiador y doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, ahonda en las causas de la inmigración y analiza la situación desde una perspectiva optimista.
¿España tiene un problema de inmigración?
Siempre que me plantean el problema de la inmigración me pregunto qué es un problema. Un problema es un asunto del que se espera una solución, pero, ¿cuál es el problema, las personas o las vallas que hay delante de esas personas?
El problema no es la migración, ni los migrantes, el problema lo plantean las sociedades emisoras, es decir, expulsoras de personas, y las sociedades receptoras. La problemática, evidentemente, la afrontan los migrantes, pero ellos no tienen un problema, sino que se les plantea un problema al trasladarse. Un problema que no existe para ciertos migrantes.
Entonces, ¿cuál es el problema?
La migración se origina a partir de la Revolución Industrial. En los últimos 200 años, el 85% de la población mundial ha sido migrante. Nos encontramos, por tanto, ante un fenómeno general que se ha producido de forma constante durante las últimas décadas.
Sin embargo, el problema de migración, como tal, se determina a partir de la globalización y el neoliberalismo. Estos movimientos instauran la idea generalizada de que todo debe circular para que no haya competencia. El capital, por supuesto, debe circular para obtener rentabilidad, pero las personas no.
Nos encontramos ante una contradicción que propone la movilidad del capital e impide, al mismo tiempo, la movilidad de personas afectadas por ese flujo de capital. Es entonces cuando se plantea el problema.
Un problema para esas personas, trabajadores, que están amarrados a tierra, y que deben asumir las consecuencias de la movilidad del capital. Consecuencias como las que está viviendo España, ya sea el paro, la reducción de salario o la precariedad.
En este punto se plantea un problema más, un enfrentamiento. Un problema fomentado por políticos, e incluso, sindicatos, que anuncian a su población, a sus trabajadores, amarrados también a tierra, la llegada de otras personas, inmigrantes, que vienen a quitarles el trabajo.
A lo largo de los últimos años, España ha sido uno de los países que más inmigrantes ha recibido.
La situación general, en 2010, posicionaba a EEUU como el país con más migrantes, con 42 millones. Por debajo se encuentra Rusia, posiblemente ocasionado por la división de la antigua Unión Soviética, seguida de Alemania y Arabia Saudí.
Estos datos ponen de manifiesto, una vez más, que el problema de migración no sólo se da en Europa. Es más, dentro de Europa, los datos registrados de migración, comparados con los anteriores, son mínimos.
Con respecto a la población del país de recepción, los migrantes registrados en Europa rondan el 10% de media, una cantidad casi inapreciable.
En España, la migración es un fenómeno minoritario, que no sería importante si los gobernantes no le quisieran dar una enorme importancia.
A pesar de que sea una cifra minoritaria con respecto a otros países, es cierto que España se ha convertido en un punto de destino para los inmigrantes, ¿a qué se debe este flujo de personas?
Los migrantes que llegan a España proceden de distintos lugares, por lo que cada uno puede moverse por uno u otro motivo. Generalmente, las personas que emigran a España lo hacen buscando unas mejores condiciones económicas, aunque también se registra un gran número de inmigrantes que huyen de conflictos militares.
La búsqueda de mejores condiciones económicas no es un sueldo más alto, y mucho menos la Seguridad Social, principalmente porque no tienen ni idea de qué es la Seguridad Social, para qué sirve ni cómo usarla. En la mayoría de los casos se trata de la búsqueda de la supervivencia.
Y esta búsqueda tiene unos factores causantes, que nunca se exponen, porque sólo oímos las consecuencias, no las causas.
¿Cuáles son las principales causas de la inmigración?
Actualmente nos encontramos con realidades muy diferentes. La inmigración se debe, en parte, a la huida de conflictos militares como los que tienen lugar ahora mismo en las fronteras europeas, en Siria, en Palestina o en el Sahel. Esos conflictos, a su vez, también tienen causas, y causantes, porque Francia no ha dejado de tener guerras ni de vender armas en el Sahel, y la intervención Sarkozy dejó a Libia destrozada, por ejemplo.
La economía, o la supervivencia, como decía antes, es otra de las causas. Nigeria y Senegal son dos de los países que más gente está expulsando ahora mismo. En estos casos es muy común oír hablar de piratería y de gente que se lanza al mar en pateras, cayucos o lanchas de juguete, como ahora, pero no se explica el robo absoluto de pescado que China y otros países llevan a cabo en las costas africanas.
¿De dónde provienen los inmigrantes que llegan a las costas españolas?
Las personas que llegan a las costas españolas lo hacen por distintas rutas del Mediterráneo. Según los últimos datos de Frontex, relativos al año 2013, la Ruta Oeste del Mediterráneo, donde se encuentra la valla de Melilla, alberga a 6.838 inmigrantes procedentes de Mali, de Nigeria y de Argelia, principalmente, además del Sahara del Sur.
La Ruta Central del Mediterráneo cuenta con un índice mayor, 40.304 personas, procedentes de Siria, Somalia y Sudán del Sur, donde tiene un importante peso la guerra de Eritrea.
¿Qué papel juegan las mafias?
La acción de las mafias en la inmigración es relativamente reciente, de los años 90, y poco relevante en sus inicios. Una encuesta oficial publicada entre el año 2006 y 2008 mostró que las mafias tenían poco que ver con el flujo de personas que llegaban a las costas españolas en cayucos.
Ahora la situación ha cambiado, y su papel en la inmigración se ha convertido en algo casi fundamental.
Las mafias podrían definirse como organizaciones clientelistas, que se crean en zonas marginales y degradadas en las que proliferan grupos migrantes, y que organizan o gestionan el traslado de esas personas mediante distintas rutas, como las del Mediterráneo.
Por definición, una mafia es una agrupación que surge para organizar las comunidades en las áreas donde el estado no gestiona las necesidades básicas. Esto quiere decir que una mafia es inevitable allá donde el estado no actúa.
¿Europa puede acoger a más inmigrantes?
Claro que puede. No es cierto que Europa no pueda acoger a más personas, principalmente porque tenemos una importante caída demográfica.
El problema es que no hay una línea de actuación que asegure la integración de esas personas. Lo ideal sería crear una política de migración y educación que se aplicara a esa gente que viene, y que garantizara la formación de esas personas para que puedan hallar un puesto de trabajo y resulten rentables para el país, como el resto.
¿La inmigración supone una amenaza?
No es una amenaza, ni un fenómeno preocupante. Yo apuesto por una visión positiva, optimista. La migración es un fenómeno social y político que puede aportar mucho a las sociedades, y que se puede aprovechar
¿Por qué entonces existe el rechazo y el miedo a los inmigrantes?
Porque el miedo tiene una rentabilidad política estupenda. Marine Le Pen y muchos otros generan discursos ‘malistas' y populistas, que fomentan estos sentimientos, pero la única forma de combatir ese miedo es perder el miedo a analizar sus discursos, a comparar las cifras y a verificar la auténtica gravedad del asunto.
Nuestros servicios sociales están en peligro, dicen. No están en peligro por los inmigrantes, los servicios sociales peligran porque los neoliberales nos los quieren quitar. Pero si enlazas ese discurso con los inmigrantes, encuentras un resultado estupendo que oculta el motivo y desvía la mirada hacia otro foco de atención.
La disminución de vigilancia por parte de Marruecos se apunta como una de las causas de las últimas llegadas de inmigrantes por el Estrecho.
Marruecos utiliza y ha utilizado siempre la migración como método de presión a España. Ceuta y Melilla no es que sea de mucho agrado para el país, entre otras cosas, y posiblemente si estas zonas pertenecieran a Marruecos, la situación sería distinta.
Aun así, Marruecos tiene una gran política de actuación relativa a migración, y se está convirtiendo en un país fuerte que está recibiendo a muchos migrantes, desarrollando además una labor de filtro que contiene o regula el paso hacia España.
Es posible que ahora Marruecos tome el control de nuevo y las cifras vuelvan a reducirse, pero para ello habrá que desarrollar una buena política de exteriores con ellos.
¿Existe una política de inmigración que gestione el flujo de personas?
Ese es el problema, que Europa no tiene una política de migración, sino que cada país hace y dice una cosa. Europa tiene Comisión Barroso, que reparte en cinco comisarías las competencias relativas a migración. Dichas competencias están depositadas en la Comisaría de Justicia, de Ciudadanía, de Cooperación Internacional, de Unión Aduanera y de Interior.
Esta división y falta de unidad hace que cada país instaure ciertas medidas y normas respecto a un mismo tema, que son intencionales, independientes y, en ocasiones, contradictorias con la política que siguen los otros países de la Unión Europea.
Esta situación pone de manifiesto la absoluta necesidad de crear un Consejero Europeo de Migración que unifique las políticas migratorias por las que deben regirse el resto de países.
Mientras sigamos sin Comisario, mientras sigamos sin desmontar los argumentos que plantean aquellos que hablan de los inmigrantes como amenaza y magnifican las cifras para ganar votos populares, como Marine Le Pen, será imposible evitar lo sucedido en las vallas y solucionar que estas personas estén aumentando.
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