xoves, 2 de febreiro de 2017

¿Reconoces los signos del síndrome del trabajo a turnos?

TERRY CRALLE
http://scrubsmag.com/


Image: © Veer Incorporated


¿Estás entre el 30 por ciento de enfermeras que trabaja en el turno de noche? Sí así es, ¿te sientes cansada frecuentemente? ¿tienes que luchar a menudo contra la falta de sueño? ¿te cuesta dormirte o permanecer dormida? ¿afectan los problemas de sueño a tu vida social, familiar o laboral? ¿llevas al menos un mes experimentando estas dificultades para conciliar el sueño?

Si has contestado sí a cualquiera de estas preguntas, sigue leyendo porque puede que sufras el síndrome del trabajo a turnos, un tipo de desorden del sueño que afecta al ritmo circadiano y que puede tener un impacto negativo no solo en tu rendimiento laboral sino también en tu calidad de vida e incluso en tu longevidad. La buena noticia es que simplemente siguiendo unas sencillas recomendaciones, puedes mejorar tu salud y bienestar y encarrilar tu vida de nuevo.

¿Qué es el síndrome del trabajo a turnos?

El cuerpo humano sigue de manera natural un ritmo circadiano, un periodo de aproximadamente 24 horas de vigilia y sueño, con deseo más fuerte de dormir entre la medianoche y las 6 de la mañana y entre las 14:00 y las 16:00.Tu ritmo circadiano de sueño-vigilia, que enlaza con los ciclos naturales de luz y oscuridad, está regulado por un reloj biológico interno ubicado en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo. El trastorno del sueño y sus consecuencias se producen cuando intentas permanecer despierta cuando tu reloj biológico interno te dice que duermas, o cuando intentas dormir cuando tu reloj biológico interno quiere que estés despierta.

¿Cuáles son los síntomas principales del síndrome del trabajo a turnos?

No resulta sorprendente que durante el turno de noche, cuando tu reloj interno está diciendo que deberías dormir, te sientas excesivamente cansada, agotada y menos alerta. También debería resultar fácil entender por qué tienes dificultades para dormirte y permanecer dormida cuando el ritmo sueño-vigilia de tu cuerpo te manda estar despierta. Por eso, los principales síntomas del síndrome del trabajo a turnos son la hipersomnia, o somnolencia excesiva, y el insomnio.

¿Cuáles son las consecuencias del síndrome del trabajo a turnos?

  • El síndrome del trabajo a turnos normalmente lleva a una disminución de una a cuatro horas de las horas totales de sueño y a un sueño no reparador o con una calidad “insatisfactoria”.
  • La somnolencia excesiva, como consecuencia de la acumulación de horas de sueño perdidas y la disminución de la alerta circadiana, puede llevar a tener dificultades para estar alerta, concentrarse, recordar cosas y tomar decisiones. Además de problemas de coordinación vista-mano, dolores de cabeza, disminución del periodo de atención y aumento del tiempo de reacción.
  • Según un estudio del sueño del personal de enfermería, realizado por Kenshu Suzuki y varios de sus colegas, en el año 2005, los individuos que durante su turno de noche estaban excesivamente somnolientos, tenían más posibilidades de cometer errores en la administración de fármacos, clavarse accidentalmente agujas y manejar incorrectamente los equipos—errores que repercuten tanto en el personal de enfermería como en sus pacientes. Encuestas realizadas a los trabajadores sanitarios han demostrado que un 41 por ciento admite cometer errores debido a la fatiga. Un 19 por ciento informó que sus errores habían empeorado la condición del paciente. Estos resultados son consistentes con estudios que demuestran que solo dos horas de pérdida de sueño tienen el mismo efecto en el desempeño de una actividad que tomarse tres bebidas alcohólicas.
  • Los individuos con el síndrome del trabajo a turnos tienen mayor absentismo laboral, problemas gastrointestinales y digestivos, como acidez e indigestión, problemas cardíacos, incluyendo aumento del riesgo de infarto e hipertensión, carcinoma de pecho, útero y colon, ciclo menstrual irregular, resfriados y gripe y aumento de peso.
  • Los trabajadores a turnos tienen más accidentes de automóvil, especialmente conduciendo hacia y desde el trabajo, probablemente porque suelen conducir con fatiga y tienen el doble de posibilidades de quedarse dormidos al volante. De hecho, dos tercios de los trabajares a turnos dicen conducir adormilados después de su turno. Además, la irritabilidad, la impaciencia y los cambios de humor, como ansiedad y depresión, asociados a este trastorno, pueden arruinar relaciones laborales y familiares y las actividades sociales.
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De dónde son, a dónde van y cómo viajan los turistas que inundan España

La llegada de extranjeros bate el récord histórico y alcanza los 75,6 millones de visitantes


Resultado de imaxes para turistas


Yolanda Clemente, Hugo Gutiérrez,

http://elpais.com/

La llegada de turistas extranjeros a España es imparable y vuelve a batir su récord histórico. En el 2016, séptimo año consecutivo de subidas, ha alcanzado los 75,6 millones de visitantes internacionales, esto es un 10,3% más que hace un año, según los datos publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El turismo en España ha aumentado en 7,5 millones de turistas en un año. Se ha visto beneficiada por la caída de visitas en Turquía y Egipto, entre otros, dada la inseguridad en la zona. La forma de llegada ha sido fundamentalmente en avión, un medio de transporte que aumenta el 11,7%.


¿De dónde llegan los turistas?

Por origen, el mayor caladero de visitantes de España sigue siendo Reino Unido. En total han sido 17,8 millones de turistas británicos los que han viajado a tierras españolas. Es decir, algo más de dos de cada diez (23,6%) viajeros internacionales que fueron a España eran británicos, pese a la caída este año del valor de la libra esterlina a causa del 'Brexit'. Las mayores subidas de visitas hacia España las experimentan Canadá (40,93% más), Argentina (subida del 40,2%) e Irlanda (22,99% más). En el lado opuesto, la gran decepción ha sido China y Japón, dos mercados a los que se pretende atraer con el impulso del turismo de compras. A pesar de los intentos, los visitantes chinos han bajado en un 11,25%, mientras que los nipones han decrecido un 24,78%.


¿Qué comunidades visitaron?

Por regiones, de las 17 comunidades autónomas de España las llegadas han crecido con respecto al año anterior 13 de ellas. Cataluña sigue siendo la que más turistas recibe. Las únicas regiones que han experimentado una bajada son Extremadura (31,80% menos), Galicia (bajada del 17,46%), País Vasco (12,54% menos) y Cantabria (decrecimiento del 8,92%). Las mayores subidas se han dado en La Rioja, con un aumento del 86,59%; y Aragón, con un incremento del 55,56%.

«¿Cuántos niños ves por la calle paseando carritos de bebés?»

 «Máis aló do azul e do rosa» profundiza en los estereotipos de género que se les inculca a los más pequeños

Ana Torres Jack presenta hoy su libro en A Coruña.
ANA TORRES JACK PRESENTA HOY SU LIBRO EN A CORUÑA
LAURA G. DEL VALLE
http://www.lavozdegalicia.es/
«Seica non vivimos nunha sociedade igual para mulleres e homes?» Con esta pregunta se plantea la psicóloga Ana Torres Jack en Máis aló do azul e do rosa. Cómo previr a desigualdade de xénero e a violencia machista desde a familia por qué, si vivimos bajo el manto de la igualdad de sexos, por qué a nuestro alrededor solo hay estereotipos que confirman que «el micromachismo sigue estando aceptado, y no se puede minimizar esta situación». En su libro, que presenta hoy en A Coruña, Torres ayuda a padres y madres a evitar que las nuevas generaciones perpetúen los comportamientos sexistas que tanto tiempo llevan anclados en la sociedad y que cada vez se manifiestan con mayor precocidad.
«No hace falta acudir a la hemeroteca para ver casos de violencia machista. En los centros educativos también hay un tipo de violencia que, aunque menos evidente, es igual de preocupante. Se trata sobre todo de un control, de un abuso más sutil que incluso se ve aceptable, y en muchos casos es el reflejo de que este problema no se ha atajado desde la raíz. Y la raíz es la familia». Torres Jack, que trabaja como orientadora en un instituto de Bergondo (A Coruña), explica que desde el momento en el que una mujer está embarazada y descubre el sexo de su hijo empiezan los clichés. «En muchos casos los padres intentan hacerlo bien, pero claro, tu familia, si es una niña, te regala unos pendientes, si es un niño, una camiseta del Dépor... Es más complicado de lo que parece», puntualiza Torres.
La coeducación, según esta experta, es un punto fundamental para que los más pequeños crezcan en un contexto de igualdad. Y que se imparta desde casa. «En las escuelas se tiene más cuidado con este tema. Ahora en Galicia, por ejemplo, hay una asignatura optativa sobre igualdad de género. El problema es que los coles tienen menos influencia que lo que se ve en los padres, en la publicidad, en los videojuegos...», afirma la psicóloga. Así, en su libro, Torres ofrece doce claves para que se deje de educar a las niñas «en la dulzura, la coquetería o en la maternidad y a los niños en juegos de acción o deportes determinados. Piensa una cosa: ¿cuántos niños ves paseando carritos de bebés?».
A razón de estas categorizaciones tiene lugar el nombre de este libro. Aunque eso de que se vista a las niñas de rosa y a los niños de azul no siempre ha sido así. De hecho, las tornas cambiaron a partir de la Segunda Guerra Mundial y, sin embargo, muchos son los padres que ponen el grito en el cielo si ven a su hijo vestido con un pantalón rosa. Otros, en cambio, no tienen ningún problema en que su hijo lleve un atuendo u otro. No obstante, hay un punto común en la mayoría de ´las familias y contra el que esta autora se rebela: la permisividad que se da a los menores con el uso de Internet, «donde el machismo campa a sus anchas. Pero como los vemos tranquilitos, sin molestar...», comenta Torres, que recomienda a todos los padres «que se atrincheren contra el sexismo». Su libro da las pautas para conseguirlo.
La orientadora Ana Torres Jack presenta hoy a las siete y media de la tarde, en la librería de A Coruña Moito Conto, su libro Máis aló do azul e do rosa. Cómo previr a desigualdade de xénero e a violencia machista desde a familia

luns, 30 de xaneiro de 2017

¿Cuánto deja de recaudar al año el Estado de las grandes empresas?

Desde 2007 ha existido una considerable brecha fiscal entre las grandes empresas y las pequeñas.

http://www.nuevatribuna.es/



Esta semana el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, aseguraba públicamente que las grandes empresas y corporaciones tienen que pagar más impuestos para contribuir a la cohesión social en España. Es decir, aplicar eso del que más tiene, más debe ‘arrimar el hombro’, algo que nuestro sistema tributario ya incluye en el principio constitucional de progresividad, pero que lamentablemente se ha deteriorado en los últimos años.
Y, concretamente, en el Impuesto sobre Sociedades viene sucediendo desde hace años al contrario, a pesar de contar con tipos impositivos fijos. De hecho, desde 2007 ha existido una considerable brecha fiscal entre las grandes empresas y las pequeñas. En ese año, las pymes tributaban al 22,6% de su resultado contable positivo, es decir, de sus beneficios, mientras que las grandes lo hacían al 9,9%. En 2014, último año del que hay datos disponibles, las pymes tributaban a un 13,9% de su resultado contable, mientras que las multinacionales y grupos empresariales lo hacían al 6,2%.
¿Y en qué se traducen esas diferencias? En una cantidad que se va hasta los 77.000 millones de euros en el periodo entre 2007 y 2014 si la carga fiscal de los grupos empresariales fuera igual a la de las pymes, lo que significa que en promedio se registra una pérdida recaudatoria anual de 9.600 millones de euros procedentes de las grandes empresas, y que en tiempos de crisis como los pasados podrían haber suavizado los recortes en educación o sanidad, entre otras partidas sociales, o las subidas fiscales para todos los contribuyentes.
En el nuevo Plan de Control Tributario para 2017, la Agencia Tributaria (AEAT) dice que quiere estrechar el cerco sobre estas grandes compañías y fortunas. Ahora bien, los Técnicos de Hacienda creemos que ese mayor control de estos contribuyentes de altos ingresos es un objetivo meramente declarativo que difícilmente pueda llevarse a la práctica si no se hace una reestructuración integral de la AEAT. Esto supone dotar de más personal a la Agencia y de más competencias a los efectivos actuales para que puedan perseguir el gran fraude.
Por el contrario, todo indica que no se alterará la situación actual en la que el 80% de los efectivos de la AEAT se dedica a investigar el fraude cometido por pymes, autónomos y trabajadores, lo que deja poco margen para luchar contra el fraude sofisticado de las grandes fortunas y multinacionales, que es el que está haciendo el agujero más grande a las arcas públicas. Y todo ello con Bruselas vigilante para que España cumpla el objetivo de déficit de este año, del 3,1% del PIB, mostrando su escepticismo de que puedan recaudarse 2.000 millones adicionales por las medidas contra el fraude incluidas en el plan presupuestario actualizado para 2017.

De cabeza al desastre

El mundo no puede permitirse que EEUU deje el acuerdo sobre el cambio climático

Editorial EL PAÍS 29/01/17
http://elpais.com/


Formaciones de hielo en la Antártida.  AFP


La escalada de decisiones unilaterales y de marcado signo aislacionista que han caracterizado los primeros días del mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos hace temer lo peor en uno de los ámbitos en los que todos nos jugamos el futuro: el del cambio climático. Si Trump decide finalmente abandonar el acuerdo de París para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y frenar el calentamiento global, los objetivos trabajosamente acordados tras años de presión científica y ciudadana estarán en grave peligro.
Aunque formalmente Estados Unidos no puede abandonar el acuerdo por lo menos hasta 2019, la decisión de retractarse puede resultar un escollo insuperable. El gran éxito de la cumbre de París fue lograr que los dos mayores contaminantes del planeta, China y Estados Unidos, que no habían suscrito el acuerdo de Kioto, se sumaran al nuevo consenso adoptado por 195 países. El acuerdo pretende garantizar que el aumento de las temperatura media del planeta no supera los 2ºC a final de siglo, pero para ello se ha negociar en estos próximos años una nueva vuelta de tuerca en los compromisos de reducción de emisiones alcanzados hasta ahora, pues son insuficientes. Antes de 2018 se ha de materializar además el fondo de 100.000 millones acordado para compensar a los países en desarrollo. Nada de ello será posible si Trump actúa de la forma unilateral que hasta ahora le ha caracterizado.Los primeros signos no son alentadores. El nombramiento de un conocido negacionista del cambio climático al frente de la agencia norteamericana de Protección del Medio Ambiente es un pésimo augurio, reforzado por una serie de decisiones que en lugar de reducir, estimularán el uso de combustibles fósiles. Entre ellas figuran el desbloqueo de un gran acueducto de 4.000 kilómetros entre Alberta y el Golfo de México; el levantamiento de restricciones a las emisiones y la supresión de los estudios de impacto ambiental como requisito para aprobar infraestructuras e industrias.
El mundo consciente de este peligro contiene la respiración mientras emergen nuevos datos que corroboran la inminencia del desastre. Durante varios meses de 2016 la superficie de hielo marino del Ártico ha alcanzado un nuevo mínimo histórico, el mayor retroceso desde que se hacen mediciones. De seguir a este ritmo, en veinte o treinta años estará sin hielo la mayor parte del año. El Ártico se calienta además a un ritmo dos veces más rápido que el resto del planeta, lo que constituye a su vez en un factor de aceleración del cambio climático. Las consecuencias del deshielo en corrientes marinas y de aire provocan alteraciones climáticas y fenómenos extremos muy lejos de la zona helada.
Las alteraciones del cambio climático han causado desde 1980 pérdidas económicas por valor de más de 400.000 millones de euros, según la Agencia Europea del Medio Ambiente, y van en aumento. El mundo no puede permitirse que los acuerdos de París queden embarrancados por la retirada de Estados Unidos. No puede permitir que la ignorancia y el egoísmo comprometan algo tan vital para todos. Los demás países firmantes tienen que poner cuantos medios diplomáticos y de presión sean necesarios para evitarlo.

Leer es un acto revolucionario

DAVID TORRES
http://www.publico.es/

París:

No hay críticos literarios tan perspicaces como la gente que no lee, es un hecho. Hace unos días la pasajera de un avión procedente de Turquía iba leyendo un libro sobre cultura siria (Syria speaks: Art and Culture from the Frontline) y terminó en un despacho del aeropuerto de Doncaster rodeada por varios policías que le preguntaban sin rodeos qué diablos estaba leyendo. A una azafata el título le dio repelús y avisó al piloto quien a su vez avisó a las autoridades en tierra. Faizah Shasheen, psicoterapeuta de ojos almendrados, confesó casi en seguida la verdad: estaba leyendo un libro. Ya que el libro no era el Corán y que llevaba en su título las palabras “arte” y “cultura”, las posibilidades de que trabajase para el ISIS se reducían mucho, pero aun así la policía no se quedó tranquila y prosiguió el interrogatorio durante quince minutos.
No se equivocaban, sin embargo, en la sospecha de que los libros son peligrosos y la lectura una actividad subversiva. Está comprobado históricamente que las prohibiciones o la censura no valen de nada contra ella. Basta quemar un libro o retirarlo de la circulación para que empiece a florecer en manuscritos y fotocopias que van pasando de mano en mano. Por eso el neoliberalismo, tan liberal él, ha decidido cambiar de táctica y luchar contra el vicio de leer mediante el sencillo procedimiento de enterrar entre toneladas de papelería un solo gramo de literatura valiosa. Por una novela que vale la pena, por un ensayo que dice algo importante, por un poema de verdad, se publican (y se publicitan) millares de libros de mierda, con presentadores televisivos recauchutados en novelistas playeros, famosos catódicos metidos a filósofos de piscina y poetas repentinos que escriben endecasílabos con alevosía y sin premeditación. No hay ningún peligro de que ninguno de estos productos caducifolios dañe su corazón, golpee su cabeza o desgarre sus más íntimas convicciones: valen menos que la tinta y el papel en que están escritos. Son inodoros, incoloros e insípidos; como dice mi amigo, el poeta Jesús Urceloy, son “libros Ariel”: entras blanco y sales blanquísimo.
El cómico Bill Hicks contaba que una noche que estaba cenando en una hamburguesería y hacía tiempo leyendo una novela, se le acercó una camarera mascando chicle y le preguntó: “¿Para qué estás leyendo?” Hicks se quedó bastante sorprendido porque era la primera vez que alguien quería saber para qué: normalmente la pregunta se refería a qué diablos hacía leyendo. “Bueno” respondió Hicks, “supongo que leo para no terminar de camarera en un hamburguesería, creo que eso está bastante alto en mi escala de valores”. Hicks se equivocaba de cabo a rabo: con un currículum similar podría terminar de presidente del gobierno.
Dentro del amplio sector de los no lectores, los aduaneros son los críticos literarios más despiadados con mucha diferencia. En cualquiera de mis viajes, sea al país que sea, jamás se me ocurriría rellenar la casilla referente a profesión con el título de “escritor”, “periodista” o “columnista” (lo de “novelista” equivaldría directamente al suicidio). La cultura siempre es una actividad subversiva, como bien sabe mi amigo Javier Blanco Urgoiti a quien un día, cuando estaba en Eslovaquia con unos amigos, se le ocurrió ir a Uzghorod, en Ucrania, para poner una estampilla más en el pasaporte. De paso, aprovecharon para visitar una iglesia ortodoxa y disfrutar un buen rato con el misterio de la liturgia. De regreso, a los guardias de la aduana les pareció muy extraño que hubiesen permanecido apenas un día en el país únicamente para ver Uzghorod, una ciudad donde no hay nada que ver. Los interrogaron incansablemente durante varias horas, hasta que al final, cuando ya estaban pensando en desmontar el coche, entró un oficial de alto rango que hablaba castellano. “Decid la verdad” dijo sonriendo. “Habéis ido de putas, ¿a que sí?”. A Javier se le iluminó la cara. Claro, de putas, cómo no se le había ocurrido antes. Los aduaneros estallaron en risotadas cuando lo tradujo. El oficial le dio un codazo mientras les devolvían los pasaportes. “Están buenas nuestras mujeres, ¿eh? Haberlo dicho antes, hombre”
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La intención en lo que se dice (a propósito de Strawberry y una barra de mortadela)



Miguel Pasquau Liaño
http://ctxt.es/

La sentencia del Tribunal Supremo por la que se condena a César Strawberry hace un esfuerzo argumentativo interesante para justificar una decisión que notoriamente iba a resultar llamativa, y para inscribirla en una trayectoria jurisprudencial constante. La he leído con atención y lo que me he encontrado es un criterio jurídico muy claramente expuesto, del que disiento, como disiente, con no menos claridad expositiva, el voto particular del magistrado Perfecto Andrés Ibáñez. Voy a intentar exponer fielmente cuál es ese criterio sostenido por la sentencia y cuáles son los motivos no sólo de mi disentimiento como jurista, sino también de mi preocupación como ciudadano.
¿Por qué el Tribunal Supremo ha condenado a César Strawberry?
Recordemos que la Audiencia Nacional había absuelto al ahora condenado. En su declaración de hechos probados la Audiencia incluyó la siguiente afirmación: "No se ha acreditado que César [Strawberry]  con estos mensajes buscase defender los postulados de una organización terrorista, ni tampoco despreciar o humillar a sus víctimas". Esta afirmación no ha sido corregida por el Tribunal Supremo, entre otras cosas, porque no habría podido, dado el ya asentado criterio jurisprudencial (de alcance constitucional) según el cual el tribunal que conoce de un recurso no puede modificar los hechos (particularmente los de carácter subjetivo o intencionales) en contra del reo sin practicar prueba personal (como mínimo la declaración del acusado), prueba que no es posible en el recurso de casación.
En consecuencia, el Tribunal Supremo asume la premisa de que el acusado no pretendía defender los postulados del terrorismo, ni humillar a las víctimas a las que aludía en sus mensajes. Es decir, pretendía "otra cosa". Sea cual fuere.
ESTE DELITO, DEFIENDE EL SUPREMO, NO EXIGE UNA DETERMINADA INTENCIÓN DE ENALTECER, JUSTIFICAR, O HUMILLAR. SIMPLEMENTE QUE LOS ACTOS SE REALICEN CON CONCIENCIA DE SU CONTENIDO SEMÁNTICAMENTE ENALTECEDOR O HUMILLANTE
Pero el Tribunal Supremo sostiene que el delito por el que se acusaba, es decir, el artículo  578 del Código Penal (que castiga con pena de entre uno a dos años el "enaltecimiento o la justificación públicos" de los delitos de terrorismo, y la  "la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares") no exige un dolo específico o redoblado, sino sólo el dolo común. Dicho para no juristas, no exige una determinada intención de enaltecer, justificar, o humillar, sino simplemente que los actos (o mensajes) se realicen con conciencia de su contenido semánticamente enaltecedor o humillante. Y como ese dolo común (es decir, que escribió los mensajes queriendo "escribirlos" y conociendo su contenido, y que no fue "sin querer") sí resulta acreditado en la sentencia de la Audiencia Provincial, basta con constatar que objetivamente las proposiciones lingüísticas (el texto en su literalidad) suponen una aprobación, añoranza o deseo de métodos terroristas para resolver conflictos, o un agravio humillante a víctimas concretas, para entender que el delito se ha cometido.
Así, la condena se basa no en una distinta percepción de los hechos (que estaría vedado al Tribunal Supremo por las razones que se han dicho antes) sino en un criterio jurídico diferente: para la Audiencia Nacional la intención con que se escribieron sí importa, y sólo hay delito si de verdad se quiere enaltecer o humillar. Para el Tribunal Supremo, máximo intérprete del artículo 578 CP, la intención no importa, pues basta con que semánticamente en las expresiones se encuentre un enaltecimiento o una humillación. Da igual que se trate de una hipérbole, de un chiste o de "una manera de hablar". Lo que importa es lo que se dice (y se lee o se oye), siempre que uno sea dueño de sus palabras. Y desde ese punto de vista, si se dice "A Ortega Lara habría que secuestrarlo ahora", se está expresando "el deseo de un nuevo secuestro" del mismo. Y si se escribe que "el fascismo sin complejos de Esperanza Aguirre me hacen añorar hasta el GRAPO", se está "legitimando el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos sociales". Un año de prisión.
¿La intención no importa?
CONTRA LO QUE ALGUNOS PIENSAN, CREO QUE LA EXISTENCIA DE ESE DELITO PREVISTO EN EL ARTÍCULO 578 TIENE JUSTIFICACIÓN Y NO VULNERA POR SÍ MISMA EL DERECHO FUNDAMENTAL A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
De  entrada debo decir que, contra lo que algunos piensan, creo que la existencia de ese delito previsto en el artículo 578 tiene justificación y no vulnera por sí misma el derecho fundamental a la libertad de expresión. Piensen si no merece reproche penal la conducta de un tipo que aborda a la viuda de un ciudadano asesinado por un grupo terrorista y le espeta en su cara un "jódete", o un "se merecía eso y mucho más". O piensen en quienes lanzan en público soflamas reclamando la vuelta a la lucha armada de ETA. Cuando se procura humillar y redoblar el dolor de una víctima de un atentado terrorista, o cuando se alienta o propugna en serio la violencia terrorista, se está cometiendo un delito relacionado con el terrorismo. No me cuenten, pues, entre las almas angélicas que creen que terrorismo es sólo apretar el gatillo.
Pero dicho esto, no puedo compartir el argumento fundamental del Tribunal Supremo, según el cual, "la intención es irrelevante", por lo que no es preciso acreditar con qué finalidad se escribieron los tuits de César Strawberry para considerarlo culpable de un delito de terrorismo. Esta interpretación del artículo 578 se aparta de la finalidad de la norma e impone de manera desproporcionada e injustificada limitaciones a la libertad de expresión, que. como es sabido, incluye la exageración retórica como recurso argumentativo, la parodia, la provocación (en función de lo que se quiera provocar), e incluso la estupidez. La única humillación que puede ser calificada de terrorista es aquella que se alinea de manera inequívoca con la acción terrorista y que abunda deliberadamente en el dolor causado por éste. Pero no debería poder condenarse por ese delito cuando, desde una lectura objetiva y razonable de los mensajes, haya de deducirse sin equívocos que "no está hablando en serio", es decir, que está transmitiendo algo diferente a lo que literalmente dice la frase. Y esto es finalidad.
Para no ponérnoslo fácil, analicemos el tuit que me parece más despreciable: "A Ortega Lara habría que secuestrarle -sic- ahora". Fíjense en que no se trata de un chiste, porque tal y como está formulado está claro que lo que pretende provocar no es la risa.  En su expresión literal, el tuit parece emitir una opinión, según la cual es deseable o incluso obligado ("habría") secuestrar a quien pasó centenares de días en un zulo infame. Parece obvio que lo que se dice no sólo no puede ser del agrado de Ortega, sino que además banaliza algo inimaginablemente traumático en su vida, por lo que no es arriesgado pensar que le produzca indignación o incluso dolor. Pero, ¿no es relevante la intención con la que se dijo? ¿Y si la frase la pronuncia como modo de reprochar a Ortega Lara una opinión o una actitud, como miembro de un partido político (de cuyo nombre no me acuerdo) que le parezcan despreciables? ¿Nunca han dicho ustedes, ante un disparate de alguien, que es "p’a matarlo"? ¿De verdad, en tal caso, están emitiendo una opinión sobre la conveniencia de dispararle un tiro? Pues, con arreglo al criterio sentado por esta sentencia del Tribunal Supremo, sepan que si esa persona ha sido víctima del terrorismo, no hay más que hablar: como la intención es irrelevante, da igual que lo que se esté despreciando sea una opinión o conducta de alguien que tiene la condición de víctima del terrorismo, y no el hecho mismo de ser víctima. Da igual que usted se desgañite diciendo que "por favor, era una manera de hablar", una hipérbole, o un exabrupto. No: al decir "es p’a matarlo", usted ha dicho que merece la muerte, se adhiere a la órbita y métodos del terrorismo.
DA IGUAL QUE EL ACUSADO DIGA "PERO HOMBRE, ES UNA MANERA DE HABLAR": NO, HAS DICHO QUE AÑORAS “HASTA AL GRAPO”, Y AÑORAR ES AÑORAR
Vamos a otro: "El fascismo sin complejos de Aguirre, me hacen añorar hasta el GRAPO". Este twit, desde luego, no puede ser calificado como delito de humillación de las víctimas del terrorismo, porque Esperanza Aguirre, por fortuna, no tiene esa condición de víctima. Sería, por tanto, el delito hermano de "enaltecimiento del terrorismo". La expresión "añorar", en su sentido semántico (el único que debe considerarse según el Tribunal Supremo), comporta deseo y aprecio de algo que hubo y que ya no hay, además de una justificación del terrorismo como "fórmula de solución de los conflictos sociales". Es decir, se está defendiendo en público que ante personas como Esperanza Aguirre está justificada y es deseable la existencia de una organización terrorista que acabara con ella. Da igual que el acusado diga "pero hombre, es una manera de hablar": no, has dicho que añoras “hasta al GRAPO”, y añorar es añorar.
Así que tengan cuidado. No digan nunca más eso de que "a los políticos habría que cortarles el cuello a todos", porque aunque no lo digan en serio, se trata de enaltecimiento del terrorismo. Ni digan en una red social que a los etarras habría que fusilarlos por la mañana temprano, porque eso no es una forma de hablar políticamente incorrecta, sino "legitimar el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos". Como dice esta sentencia, la "provocación, la ironía o el sarcasmo" no sirven de excusa: usted ha dicho lo que ha dicho, así que déjese de contextos. Es el texto, estúpido.
Pero la intención sí importa, claro que importa, cuando se trata de saber qué es lo que "en realidad" se está diciendo.  Pocas cosas hay más claras en el ámbito de la lingüística que la de considerar la intención y el contexto como imprescindibles para entender el significado correcto y el valor que hay que dar al texto. No se está diciendo lo mismo cuando palabras idénticas se dicen en broma o en serio, para llamar la atención o para enfatizar lo que verdaderamente se está queriendo decir, que obviamente puede ser diferente de lo que se está literalmente diciendo. Supongo que no hace falta poner ejemplos.
COMO DICE ESTA SENTENCIA, LA "PROVOCACIÓN, LA IRONÍA O EL SARCASMO" NO SIRVEN DE EXCUSA: USTED HA DICHO LO QUE HA DICHO, ASÍ QUE DÉJESE DE CONTEXTOS. ES EL TEXTO, ESTÚPIDO
El Tribunal Supremo reprocha a la Audiencia Nacional que confunda el "dolo" (querer decir lo que se dice) con el "móvil" (lo que se pretende subjetivamente conseguir con lo que se dice). Pero, en mi opinión, el Tribunal Supremo confunde el móvil con la intención. Una cosa es "para qué estoy escribiendo un tuit" (para que me quieran, para conseguir más seguidores, para vender más discos o para alentar a las masas a favor de la violencia) y otra cosa es "qué estoy queriendo decir con lo que digo". Esto no es móvil, sino intención, y forma parte imprescindible (un lingüista no lo pondría en duda) del mensaje, particularmente cuando, como en el caso de los tuits de César Strawberry, es fácilmente perceptible por un destinatario normal (no rebuscado ni inquisidor). Así lo entendió la Audiencia Nacional, y concluyó que ninguno de los mensajes comportaban enaltecimiento ni humillación, porque era perceptible (obviamente por el contexto) que no se estaba queriendo enaltecer ni humillar. A Ortega Lara no puede gustarle obviamente que le digan que deberían secuestrarlo ahora (¡y no antes, cuando los terroristas lo secuestraron!), pero seguramente si no le gusta no será por miedo a sufrir un nuevo secuestro, sino por el desprecio que eso supone, no a su condición de víctima, sino a sus opiniones políticas actuales, que son tan respetables (y por tanto tan susceptibles de escarnio) como cualesquiera otras. Eso es lo que César Strawberry pretendía, y eso es lo que realmente hizo: no postular un nuevo secuestro, ni reírse burlescamente de su secuestro, sino ridiculizar una ideología con un recurso retórico que puede resultar deleznable, pero que de ninguna manera puede desencadenar un año de cárcel por un delito de terrorismo.
No me resisto a contar una anécdota sobre la intención y la literalidad de lo que se dice. Dos amigos míos convivían, cuando eran universitarios, en un piso. Uno era religioso y el otro muy mal hablado, cada dos o tres se estaba "cagando en dios". El religioso habló con él para pedirle que por favor intentara evitar esa expresión, porque le resultaba hiriente. El mal hablado le explicó que por supuesto no quería "cagarse en dios", sino que era simplemente un exabrupto de desagrado; con todo, le prometió cuidar su lenguaje. Durante una semana no profirió esa frase, pero una tarde, a la hora de merendar, no lograban extraer la mortadela ‘Mina’ (¿la recuerdan?) de la lata en que estaba envasada. Tenían hambre. La agitaron, y la barra de mortadela se estrelló contra el suelo y rodó, llenándose de suciedad. El mal hablado se mordió la lengua, y al cabo de uno segundos, le dijo al religioso: "A ver... ¡dime si esto no es para cagarse en dios". Pues eso, menuda blasfemia. Con dolo...
El voto particular
SI LOS JUECES NO RESERVAN ESTE TIPO DE DELITOS DE EXPRESIÓN A LAS CONDUCTAS MÁS GRAVES QUE INEQUÍVOCAMENTE DENOTEN UN "VERDADERO" ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO O HUMILLACIÓN DE SUS VÍCTIMAS, MUCHO ESTÁ TARDANDO EL LEGISLADOR EN IMPEDIRLO
Si los jueces no reservan este tipo de delitos de expresión a las conductas más graves que inequívocamente denoten un "verdadero" (y no semántico) enaltecimiento del terrorismo o humillación de sus víctimas, incidiendo en su herida para que sufran más o despreciándolos en su condición misma de víctimas, entonces mucho está tardando el legislador en impedirlo. Urgente es una iniciativa parlamentaria para la modificación del texto legal, a fin de describir el delito de manera que no permita el castigo penal por expresiones que, como dice el voto particular del magistrado Perfecto Andrés Ibáñez, "no tienen ninguna consistencia discursiva" y "se agotan en sí mismas, sin mayor recorrido", como un exabrupto que quiere deliberadamente ser políticamente incorrecto y disruptivo ("en el plano del lenguaje", es decir en la forma de expresarse), pero nada más.
Este voto particular añade algo importantísimo sobre lo que habríamos de reflexionar: "ningún derecho penal de inspiración constitucional y democrática puede ser potestativamente [es decir, según el criterio de cada juez] expansivo". Y, uf, fíjense en lo que dice a continuación: "Y que cuando ya las propias disposiciones legales acusan este grave defecto -presente de forma paradigmática en legislaciones como la antiterrorista, denunciada, no sin fundamento, como una suerte de derecho penal de excepción-, es función del intérprete-aplicador, el judicial sobre todo, contener tal recusable desbordamiento de la que, por su virtud, deja de ser la última o extrema ratio".
Me declaro preocupado de que estos argumentos no hayan sido capaces de inclinar la balanza hacia una sentencia confirmatoria de la absolución acordada por la Audiencia Nacional.